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OPINIÓN: Un minuto de silencio para conmemorar el #19s

Nos hace falta hablar de lo que pensamos y sentimos al vivir en esta ciudad, preguntarnos qué hacemos por ella, escucharla y dialogar con sus voces y sus silencios, reflexiona Roberto Vargas.

Nota del editor: Roberto Vargas Arreola es psicoanalista, docente y editor de psic.mx . Lo puedes seguir en Twitter como @robertovarar . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — A un año del 19S, sismo que dejó huella en la memoria colectiva de la Ciudad de México y otros estados de la República, el panorama que abraza la ciudad se torna gris, ha prevalecido un sentimiento de miedo, inseguridad, precariedad y vulnerabilidad en muchos mexicanos. No solo por haber sido testigos del sismo, sino por las consecuencias que trajo consigo y que recordó la impotencia del ser humano frente a la fuerza descomunal de la tierra.

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Sin embargo, aún estamos muy lejos de tomar conciencia sobre los actos que dañan al entorno. Dejamos fuera de nuestro alcance la posibilidad de crear lazos sociales que nos comprometan a la búsqueda de una ciudad más habitable y con más esperanza. Prevalece el color gris del concreto, del polvo, de los ojos sin brillo que día a día transitan por la ciudad en búsqueda de sustento, pero que asoman que en realidad lo que buscan es un horizonte más claro, una ciudad donde quepamos todos.

Desafortunadamente poco hacemos para que eso suceda. Nos hemos olvidado de las cosas que pueden ser importantes, el individualismo y la búsqueda de satisfactores inmediatos permean en cada avenida, en cada semáforo, en el transporte público, en las oficinas, en las casas, en un estado ya normalizado de ensimismamiento, de encierro narcisista donde los vínculos sociales se deterioran con fuerza. El hacinamiento, el atiborramiento, la prisa, la aceleración conllevan a actos de no-pensar, de no ser conscientes del impacto de nuestros actos, del resquebrajamiento del suelo que nos sostiene y que nos deja a un paso de la caída.

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¿Por qué tiene que suceder un acontecimiento que nos sacuda como mexicanos para tomar conciencia de nosotros y del otro? ¿Por qué la misma sociedad que levantamos y construimos día con día nos remite a la indiferencia? En la psicología clínica, los mecanismos de defensa son fuerzas que no pasan por la voluntad ni la conciencia de un individuo y que tienen como fin resguardarse de la angustia. Todos hacemos uso de mecanismos de defensa, es algo que necesitamos para no entrar en estados de pánico al estar frente a material del que no estamos preparados para afrontar.

Uno de los mecanismos de defensa típicos en un individuo es la negación, hacer que no pasa nada, no registrar lo preocupante, alarmante o doloroso de una situación porque hacerlo implica ser confrontado por una realidad convulsionada y herida.

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Una ciudad que vive en negación de los actos que la acompañan como la violencia generalizada, la delincuencia, los abusos de poder, los conflictos ideológicos, entre otros, tiende a cobrar muy caro las secuelas que trae consigo. A un año del 19S, podemos suponer que la negación o la minimización de la gravedad de nuestros actos ha sido el mecanismo que ha tenido dos objetivos. Por un lado, sobrevivir en una ciudad palpitante y enérgica sin ser devorado o apresado por el miedo; por otro lado, eludir la responsabilidad frente a lo que nuestros ojos ven, pero que dejamos de ver al voltear hacia otro lado.

Solo así, podemos entender por qué seguimos explotando el suelo y los recursos naturales, por qué no hemos desarrollado mayor conciencia ambiental, por qué no hemos disminuido el uso del auto, por qué siguen habiendo obras no supervisadas que han llegado al derrumbe o al desplome, por qué siguen habiendo tantas construcciones de edificios y centros comerciales, por qué se talan tantos árboles para estos propósitos, entre otros.

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OPINIÓN: ¿Qué hacer y dejar de hacer en torno al 19-S?

A un año del 19S, las autoridades capitalinas propusieron un minuto de silencio a las 13:14 horas, tiempo en que se efectuó el sismo, para dos minutos después, a las 13:16 horas, hacer el megasimulacro que conmemora este acontecimiento. Sin embargo, también se conmemoran 33 años del sismo del 19S de 1985, considerado el terremoto más mortífero y destructivo en el registro de la Ciudad de México.

Ante este escenario, las nuevas generaciones y las que precedieron tendremos oportunidad de detenernos a pensar, meditar, preguntarnos, ser más empáticos y más introspectivos. Nos hace falta mucho pensamiento porque pensar nos ayudaría a no actuar impulsivamente, sin conciencia y sin responsabilidad. Nos hace falta hablar de lo que pensamos y de lo que sentimos al vivir en esta ciudad, preguntarnos qué hacemos por ella, escucharla y dialogar con sus voces y sus silencios.

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Nos hace falta ver al otro, ser consciente del sufrimiento, dejar a un lado los modos cosificantes que adoptamos en nuestra vida cotidiana donde simulamos, actuamos o disfrazamos la realidad para hacerla más digerible y llevadera. Nos hace falta buscar manos para hacer equipo, darnos cuenta de nuestras flaquezas y considerar que la participación colectiva es la fuerza que necesitamos para poner en alto nuestro país, deseo de muchos mexicanos.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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