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Opinión: Capacidad de auto-disrupción, clave para el futuro empresarial

Los retos para las empresas son cada vez más complejos y tienen necesidades constantes de innovación tanto en procesos, como en productos y servicio, opina Mónica de Salazar.
Empresas y medio ambiente
Casos. La mejora continua en muchas empresas ha sido solamente la necesaria para adaptarse a los mercados, pero en limitadas ocasiones ha estado orientada a la disrupción e innovación.

Nota del editor: Mónica De Salazar es comunicadora con habilidades en diseño de estrategia y planeación, especializada en gestión de procesos para optimización de procesos para equipos de trabajo, exploración y análisis de datos para innovación y mejora de productos y servicios. Actualmente colabora como docente en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), así como en la Universidad del Medio Ambiente con talleres en la misma línea de contenido. Síguela en su red social. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad de la autora.

(Expansión) - Desde la perspectiva de la Optimización por Sustracción es posible mejorar de manera más ágil y asequible al hacer menos cosas mal en lugar de hacer más cosas bien. Incluso desde una dimensión enfocada al ahorro, podemos lograrlo si gastamos menos aún si ganamos lo mismo.

Hoy en día vemos a muchas empresas, organizaciones e instituciones con décadas de trayectoria, teniendo serios problemas para continuar o adaptarse al entorno actual. Muchas de ellas se ven fuertemente amenazadas no solo por sus competidores, sino simplemente por la evolución de los medios en los que se insertan.

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Luego del análisis sobre los principales retos que algunas de estas empresas, organizaciones e instituciones, consistentemente aparece un factor común: su original razón de existir no se ha adaptado en el tiempo. Dicho de otra manera, se les olvidó cuál era el reto que querían solucionar y solo se dedicaron a repetir sistemáticamente la solución material con la que definieron que podían resolverlo, fuera producto o servicio.

Entonces tenemos empresas de telecomunicaciones cuyo reto era hacer que las personas tuvieran soluciones técnicas para la comunicación, pero que olvidaron que en el fondo querían promover la comunicación. Tenemos organizaciones institucionales que buscaban revolucionar sociedades de manera formal y organizada, pero se les olvidó que para revolucionar sociedades primero hay que mantenerse vigente y con potencia orientada al cambio.

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Otro ejemplo son las empresas automotrices que originalmente trataban de ofrecer vehículos que llevaran a las personas más lejos y de manera más cómoda y segura a sus destinos, pero que han olvidado hacer lo mismo incluso hacia el interior de sus organizaciones y se dedican solamente a lanzar al mercado nuevos modelos de autos.

¿Dónde quedó entonces la inspiración de sus creadores? ¿Qué pasa con la visión que era la que alentaba a la misión de esos grupos de personas? Por desgracia, en muchos de los casos aparecen tres factores repetidos:

Enfoque exclusivo a la rentabilidad

Los fundadores ya no existen y las empresas, organizaciones e instituciones han quedado a manos de personas que las han convertido exclusivamente en negocios donde las utilidades e intereses de algunos tomadores de decisiones se convierten en la visión, dejando de lado la original razón de existir y el reto que se trataba de solventar.

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Fallos en gestión del cambio

Pocas cosas pueden ser tan dañinas tanto para personas como para organizaciones como la Zona de Confort. En este sentido, muchos de los casos mencionados se presentan por el simple hecho de que estuvieron cómodos haciendo lo mismo en términos generales por años y décadas.

En todos esos casos, la mejora continua ha sido solamente la necesaria para adaptarse a los mercados, pero en limitadas ocasiones ha estado orientada a la disrupción e innovación.

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Hoy los retos son cada vez más complejos y tienen necesidades constantes de innovación tanto en procesos, como en productos y servicios, así como en la manera en que se gestiona la relación con el medio contexto (sociedad y ambiente).

Enfoque individualista y pobreza en la visión socioambiental

Incluso a nivel personal, cuando vemos a alguien que solo funciona sin considerar a los demás tendemos a alejarnos de esas personas. A nivel de empresas, organizaciones e instituciones, cuando una de ellas ya no parece estar tomando en consideración su medio y solo responde desde lo que ha venido haciendo por décadas o de maneras que no son incluyentes, existe cada vez menor interés social.

Un enfoque socioambiental en esta dimensión significa la capacidad de considerar las necesidades y tendencias sociales para la creación de productos y servicios, pero también replantear procesos y maneras de trabajar a su interior. En el caso de lo ambiental, vivimos en un mundo donde cada vez la responsabilidad para el cuidado del planeta es de todos y la conciencia social a este respecto en contraste con determinadas prácticas empresariales también se convierte en un reto.

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Es momento de recalibrar volviendo a los preceptos básicos de las empresas, organizaciones e instituciones, recordando qué era lo que originalmente trataban de resolver. Más allá de los beneficios económicos para dueños, accionistas e inversionistas, virtualmente todas las organizaciones han nacido buscando ofrecer algo a la sociedad, ¿qué era eso o qué puede ser ahora con la experiencia conseguida a través del tiempo?

El ego y apego a maneras de hacer en la dimensión empresarial, organizacional e institucional es uno de los retos auto-infligidos que hoy están mermando el camino al futuro en muchos casos. La humildad y capacidad de auto-disrupción en torno al cambio es un puente que conecta la experiencia con la posibilidad de mantenerse relevantes en el presente y de cara al futuro.

No olvidemos una importante idea: Enamórate del reto y no de tu solución al reto.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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