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OPINIÓN: ¿Cómo fue que Pemex se convirtió en un desastre?

México corre el riesgo de convertirse en un país meramente importador de energéticos, dado que la producción en Pemex sigue en picada, comenta Jorge Sánchez Tello.

Nota del editor: Jorge Sánchez Tello es Director del Programa de Investigación Aplicada de la Fundación de Estudios Financieros-FUNDEF A.C. Centro de Investigación independiente con sede en el ITAM. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión)- Las agencias calificadoras ya dieron una primera señal de alerta sobre el futuro de Pemex. Aunque han tenido equivocaciones, como la que se vio en la crisis del 2008, actualmente muestran una verdad: la petrolera está en problemas.

Pemex tiene una grave crisis financiera por su baja productividad e incluso es posible afirmar que cumple con las características para considerarse en quiebra: los activos no alcanzan para cubrir sus pasivos, solamente el pago de pensiones de sus trabajadores (los pasivos) por un monto de casi un billón 700 mil millones de pesos, cifra equivalente al 10% del PIB nacional.

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De igual forma los volúmenes de producción son cada vez más alarmantes. En 2004 se alcanzó un pico de fabricación de 3.4 millones de barriles de petróleo diarios y en este 2018 apenas se superan los 1.8 millones de barriles diarios.

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Este desplome en la producción también ha impactado en el suministro de crudo a las seis refinerías en México, por lo que se han tenido que importar más productos refinados. La menor producción también ha llevado a la subutilización de algunas de sus instalaciones de refinación, situación que ha impactado en las finanzas de Pemex.

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La petrolera mexicana tiene un duro régimen fiscal, que ha sido determinante en el resultado de sus finanzas negativas. La carga fiscal fue utilizada como el principal generador de ingresos del país, una decisión equivocada porque dicho elemento se maneja por encima de sus ingresos reales; y aunque este régimen ha cambiado el impacto negativo en Pemex, todavía se ve un reflejo.

México corre el riesgo de convertirse en un país meramente importador de energéticos, dado que la producción en Pemex sigue en picada. Necesita modernizarse, profesionalizarse, invertir y fomentar importantes cambios en sus finanzas para combatir la corrupción. Además resulta indispensable fortalecer la participación privada en el sector energético.

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Pemex también registra un problema estructural en su esquema de pensiones y jubilaciones, factor que ha provocado el crecimiento de un pasivo laboral.

Sin mencionar que México cuenta con una preocupante dependencia hacia las importaciones de gas natural, ya que su volumen solo alcanza los 5,000 millones de pies cúbicos diarios. En realidad puede ser autosuficiente, pero no existe inversión.

Financieramente Pemex es un desastre y necesita profundos cambios que llevarán tiempo, aunque son necesarios por el bien del país.

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