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OPINIÓN: La llamada cuarta transformación arranca mal en medio ambiente

Toda política pública que no sea acelerar la transición energética para disminuir las emisiones de gases es inaceptable, apunta Juan Pablo Mayorga.

Nota del editor: Juan Mayorga es periodista especializado en asuntos ambientales, principalmente cambio climático, transición energética y desarrollo urbano sustentable. Es maestro en Public Management y GeoGovernance por la Universidad de Potsdam, Alemania, colaborador de medios nacionales e internacionales. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) - Con una apuesta colosal por los combustibles fósiles y sin explicar cuál será su contraparte en renovables, parece difícil imaginar una peor manera de empezar un nuevo gobierno en materia ambiental. Sin embargo, el caso es más complejo de lo que parece y encierra, irónicamente, oportunidades importantes. Vamos por partes.

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La parte más dramática del sector es la inversión desmedida en los fósiles: refinación de petróleo y plantas de carbón y gas. El 57% del presupuesto energético (que representa el 19% del total nacional para 2019) será para hidrocarburos a cargo de Pemex y CFE, según el Centro de Investigación Económica Presupuestaria (CIEP). Se trata no solo de una inversión poco lucrativa de los limitados recursos públicos, sino de un símbolo desesperanzador en la lucha contra el cambio climático, de la que México había sido un líder internacional.

Si consideramos que se necesitan “cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes” para detener el termómetro global en 1.5 grados (según indicó en octubre el Panel Intergubernamental de Cambio Climático) y que 2018 fue el cuarto año más caliente de manera consecutiva en el planeta, toda política pública que no sea acelerar la transición energética para disminuir las emisiones de gases es inaceptable bajo el simple e inexorable argumento de que compromete nuestro futuro como humanidad. Punto.

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A esto se podría alegar que México, como país en desarrollo, no tiene la obligación de contribuir al esfuerzo global de mitigación de gases en la misma medida que Estados Unidos o Europa Occidental, pero esto se vuelve irrelevante al considerar el relativamente alto riesgo de nuestro territorio ante el cambio climático (Climate Change Vulnerability Index 2017) y los efectos que ya se sienten en el país. Además de sequías e inundaciones, tuvimos el megahuracán Patricia, que en 2015 barrió todos los registros existentes y que milagrosamente se disolvió en algún punto no habitado de la Sierra Madre Occidental.

No obstantes estos hechos, la realidad de estos temas es un tanto esquizofrénica y nos obliga a considerar otros factores.

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Entendiendo la matriz energética mexicana –donde las renovables ocupan solo el 24%-, se puede entender la necesidad de fortalecer la seguridad energética empezando por los fósiles. En tiempos de turbulencia política global y eventos climáticos extremos, reducir la dependencia de gas y gasolina de Estados Unidos no es descabellado. No queremos averiguar si Trump es capaz de cerrarnos el suministro de combustibles vitales durante un berrinche. Es, toda proporción guardada, la misma lógica bajo la cual han actuado Alemania o Reino Unido para contrarrestar la dependencia del gas de Rusia.

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En cuanto a las energías renovables, suspender la cuarta subasta de largo plazo ciertamente supone un golpe a la confianza que había desarrollado el sistema de subastas abiertas, pero tampoco se puede condenar a priori que en el inicio de un nuevo gobierno se haga una pausa para analizar lo hecho hasta el momento.

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Esta cancelación, sumada a la de la línea de transmisión directa Ixtepec-Yautepec por parte de la CFE, puede de hecho ser la oportunidad para remover las plagas (falta de involucramiento social, consultas deficientes, manifestaciones de impacto a la medida y concentración del mercado) que han aquejado al sector de las renovables y que le ha impedido alcanzar todo su potencial.

En septiembre pasado tuve la oportunidad de revisar cartas enviadas por colectivos de organizaciones sociales en Oaxaca, Puebla, Yucatán y Baja California a los nuevos titulares de distintas dependencias federales (Sener, CFE, Semarnat y otras), solicitando la cancelación de estos instrumentos base de las energías renovables hasta que se revisara a profundidad su legalidad. Conociendo varios de estos casos, creo que la suspensión de las subastas y licitaciones podría deberse en buena medida a esto.

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Pese a todo lo que se pueda alegar en un sentido u otro, el principal error de esta administración es que, mientras ha anunciado y avanzado con prisas en una revitalización intensiva de los fósiles, no ha dicho qué pasará con las renovables, en un momento en que la energía eólica es la más barata en el país y el precio de la fotovoltaica cae a ritmo continuo.

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La ausencia de una retórica igual de fuerte –ya ni siquiera pidamos una estrategia, que parece algo incomprensible para este gobierno— a favor de las renovables es agravada por la acumulación de otras noticias agraviantes sobre los fósiles: el cuestionamiento a los órganos reguladores, el aplazamiento indefinido a la producción e importación de diésel de ultra bajo azufre y hasta la adjudicación directa de la modernización de 60 hidroeléctricas a la canadiense Hydro-Quebec. La lista se acumula.

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Uno de estos hechos lamentables en los que no se ha abundado es la actuación del senador Armando Guadiana Tijerina, “El Rey del Carbón”, como titular de la Comisión de Energía del Senado. El empresario minero abogó desde que llegó al Congreso, a fines de agosto pasado, por abastecer de carbón dos plantas de la CFE, sin detallar que él sería uno de los principales proveedores. Aquí y en China, eso es conflicto de interés, y no puede ser ignorado por un gobierno cuya principal bandera es el combate a la corrupción.

Con gobiernos anteriores, todos estos hechos ya se hubieran traducido en escándalos mediáticos, averiguaciones, dimisiones y pérdida de capital político. La llamada cuarta transformación solo ha podido hacer esto debido a la extraordinaria resiliencia desarrollada por AMLO, que convierte en fortaleza las críticas que se le viertan, sean destructivas o constructivas. Sin embargo, la luna de miel no durará para siempre y la llamada cuarta transformación podría lamentar por todo el sexenio el no haber tomado medidas ejemplares más temprano en el camino.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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