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OPINIÓN: Trump puede detestar a SNL, pero no dejará de verlo

Es probable que el mandatario estadounidense esté desconsolado de que sus viejos amigos en "Saturday Night Live" persistan en atacarlo; a otros programas ni siquiera los nombra, considera Bill Carter.

Nota del editor: Bill Carter, analista de medios de CNN, cubrió durante 25 años la industria de la televisión para The New York Times y ha escrito cuatro libros sobre el sector, entre ellos The Late Shift y The War for Late Night. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente suyas.

(CNN) – El presidente Donald Trump tuvo algo de tiempo libre en Mar-A-Lago durante el fin de semana y sintonizó uno de sus otrora programas de televisión favoritos, solo para decepcionarse nuevamente.

Sí, "Saturday Night Live" (SNL) lo hizo otra vez, parodió el anuncio de "emergencia nacional" del presidente y arruinó su noche tras jugar al golf.

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¿Qué presidente anterior ha sido objeto de tan crueles burlas por parte de los comediantes? ¿Todos ellos? (Vale, Obama no tanto). Sin embargo, éste es el primero en pedir una "represalia" contra "SNL" y contra otros programas de la cadena que él considera que confunden lo gracioso con lo cruel.

Como lo dijo Trump en un tuit del 17 de febrero:

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"¡No hay nada gracioso sobre el manido Saturday Night Live en la cadena de noticias falsas NBC! La pregunta es, ¿cómo las cadenas se salen con la suya con estos ataques a los republicanos sin represalias? ¿Cómo se salen con la suya muchos otros programas? Muy injusto y debe investigarse. ¡Esta es la verdadera Colusión!" (@realDonaldTrump)

La forma que podría tomar esta represalia no fue explicada, aparte de decir que "debe investigarse". Pero la palabra represalia (retribution, en el tuit original) se define como “respuesta de castigo o venganza", algo que suena bastante serio.

Alec Baldwin, quien parodia a Trump en "SNL", se lo tomó lo suficientemente en serio como para preguntarse en un tuit el lunes 18 de febrero si las palabras del presidente podrían constituir una amenaza para la seguridad del actor. Después de todo, el año pasado un partidario de Trump fue acusado de intentar enviar artefactos explosivos a las oficinas de CNN y a varias figuras públicas que Trump había criticado en el pasado, entre ellas George Soros, Hillary Clinton y el presidente Obama.

Lee: Alec Baldwin teme por su seguridad tras tuit de Donald Trump

“Me pregunto si un presidente en ejercicio que arenga a sus seguidores que mi papel en una comedia televisiva me califica como enemigo del pueblo constituye una amenaza para mi seguridad y la de mi familia. (@ABFalecbaldwin)

Sin embargo, esta diatriba del titular de la Casa Blanca provocó la misma reacción que las anteriores explosiones de Trump en Twitter: solo más ruido.

Es muy probable que Trump no actúe ni haya consecuencias. En el pasado, el mandatario ha hecho imprecisas amenazas contra las licencias de transmisión de estaciones propiedad de la cadena NBC. Imprecisas, porque mencionó la palabra "licencia" de NBC en singular, y las cadenas no tienen licencias. Las estaciones que ésta posee sí tienen licencias, y de hecho están reguladas por el gobierno federal, pero el presidente no puede ordenar a la Comisión Federal de Comunicaciones qué hacer.

Eso no impidió que Richard Nixon intentara intimidar a titulares de licencias para estaciones como CBS y The Washington Post durante los días de Watergate. Se supo que al menos logró que CBS dijera que reduciría el "análisis de noticias" después de los discursos presidenciales (aunque CBS siempre dijo que no cumplió con esa promesa).

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Las licencias para estaciones son menos valiosas en esta época cuando la hegemonía de tres cadenas es un recuerdo lejano; así que las tácticas de intimidación probablemente no funcionarían de todos modos. Tampoco es probable que funcione la persuasión abierta. Hasta ahora no ha habido informes de que el presidente haya llamado al productor de "SNL" Lorne Michaels o a los ejecutivos de NBC para silenciar las burlas.

Solo un presidente ha hecho eso. Lyndon Johnson llamó en 1968 a William Paley, el fundador de CBS, para pedirle que CBS amordazara la burla irreverente que le aplicaba el exitoso programa de la cadena "The Smothers Brothers Comedy Hour".

En estos días, si Trump quisiera eso, tendría que hacer muchísimas llamadas. Prácticamente todos los programas nocturnos de comedia ridiculizan a Trump. Solo por esa razón, "SNL" no merece ser señalado.

Las apariciones de Baldwin como Trump también han disminuido un poco esta temporada. Los sketches sobre Trump se han convertido cada vez más en recreaciones exageradas de las apariciones de Trump, basadas en sus propias palabras, no en una elaborada visión satírica de él. (Ver al gran Phil Hartman en su clásica imitación de Reagan en 1986).

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Baldwin tampoco intenta hacer una imitación perfecta, inclinándose en cambio hacia una caricatura, unos pocos gestos, los labios fruncidos y la voz.

Pero "SNL" significa mucho para Donald Trump. Él cree que tiene una relación con el programa. Fue su anfitrión dos veces, lo que le dio el tipo de legitimidad que siempre ha buscado como una celebridad de primer nivel, y estuvo encantado de ser invitado en calidad de exanfitrión para sentarse con todas las celebridades que asistieron al especial del 40 aniversario del programa en 2015 (apenas cuatro meses antes de anunciar su candidatura).

Trump claramente respeta el significado y el lugar del programa en la historia de la televisión. (Y es probable que incluso esté un poco conflictuado con la elección de Baldwin para interpretarlo, porque el actor puede ser un abierto simpatizante de la izquierda, pero es, después de todo, un actor protagónico).

Por lo tanto, es probable que el presidente esté desconsolado de que sus viejos amigos en "SNL" persistan en atacarlo. A los otros programas ni siquiera los nombra. Y en realidad, las críticas en la mayoría de esos otros programas, como los de Stephen Colbert y Jimmy Kimmel, son mucho más penetrantes.

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Pero solo hay un "SNL", un programa que ha parodiado a los presidentes desde que Gerald Ford se cayó por primera vez. Muchas de las víctimas han llegado a apreciar la burla como una especie de honor. George H.W. Bush incluso invitó al actor Dana Carvey a la Casa Blanca para que lo imitara en una fiesta de Navidad para su personal.

Baldwin quizás no reciba una invitación similar. Pero si tenía alguna duda, quedó aclarada este último fin de semana: la prueba más importante de una parodia efectiva es que el sujeto parodiado, aunque lleno de rabia y echando chispas, nunca se pierde la oportunidad de ver el último sketch.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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