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OPINIÓN: ¿Qué dice la economía en los primeros 100 días de AMLO?

El punto más crítico de la agenda inmediata es Pemex y la dificultad de esta empresa para salir del problema de solvencia y de liquidez en el que se encuentra, comenta Iván Franco.
AMLO
Levantar a la economía mexicana en el primer año de un sexenio es siempre complicado, ya que el sector privado se mantiene incierto ante las acciones del nuevo gobierno con la política en la materia.

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) - En el pasado los primeros cien días de un nuevo gobierno ocurrían rápida y desapercibidamente para el público. El primer par de meses es un periodo de adaptación y planeación, de negociación entre fuerzas políticas y para conjuntar al equipo, incluso se toman pocas decisiones.

Es indispensable que se incorporen las expectativas en el sector privado para que fluya la requerida inversión que sostenga tasas de crecimiento económico mayores.
Iván Franco

La excepción a la regla es el nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador. En estos días han ocurrido múltiples decisiones de gobierno, aunque solo unas cuantas son trascendentes y las demás han sido más mediáticas y han servido como material de golpeo de los opositores en los medios.

La primera decisión importante de este gobierno fue el Presupuesto de Egresos de 2019; la segunda, el plan de política energética del sexenio; y la tercera aportación fue en materia de seguridad, con la aprobación de la Guardia Nacional. Aunque las tres fueron trascendentales no van a generar cambios estructurales (si coyunturales) en rumbo el país.

OPINIÓN: ¿Qué degrada la calificación de Pemex?

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El punto más crítico de la agenda inmediata es Pemex (más que toda la política energética) y la dificultad de esta empresa para salir del problema de solvencia y de liquidez en el que se encuentra. Una baja de calificación de deuda que llegó en un momento tardío e inadecuado y cuya reversión requerirá más que la inyección de recursos púbicos. Ni las calificadoras ni la banca de inversión han querido comprar el plan de ayuda para la empresa que lleva tres sexenios en declive financiero.

Sin duda, la petrolera será un dolor de cabeza en el sexenio, porque difícilmente podrá aclarar sus finanzas en un solo periodo presidencial. Resulta complejo incrementar su producción sin un fuerte componente de inversión privada, pero de esto a que la economía decaiga por la empresa estatal en crisis hay mucha distancia.

En este contexto la pregunta que debemos hacernos es si la visión de crecimiento económico que se tenía al inicio del sexenio se consolidó o se disipó durante estos primeros cien días.

OPINIÓN: El nuevo gobierno debe invertir en sistematizar todas sus operaciones

Levantar a la economía mexicana en el primer año de un sexenio es siempre complicado, ya que el sector privado se mantiene incierto ante las acciones del nuevo gobierno con la política en la materia. Los empresarios fuera de las cúpulas son clave en el crecimiento estructural por las inversiones en capital que realizan; sin embargo, el catastrofismo de algunos formadores de opinión sobre el nuevo gobierno ha hecho dudar a algunos empresarios en este inicio de periodo.

Durante el sexenio anterior, esta primera fase se calificó como excelente y las expectativas eran altas con las negociaciones cupulares que emanaron del llamado Pacto por México. Al final, todos conocemos el resultado: grandes expectativas, pero, mismos resultados. No olvidemos que el crecimiento económico del sexenio pasado fue promovido, en gran medida, por una inusual distensión de las condiciones monetarias. Había dinero en la economía.

Desde 2017 la economía mexicana entró en la fase de desaceleración típica de sexenio, coincidiendo con aumentos de la tasa de interés, una desaceleración del crédito bancario, la caída de la cantidad de dinero en la economía, así como reducción del gasto y del endeudamiento público y de la inversión.

Lee: Banxico se suma a débiles pronósticos de crecimiento económico retados por AMLO

Hace unos meses, cuando López Obrador todavía no entraba en funciones se esperaba el ejercicio de un gasto agresivo para sufragar todas sus promesas de campaña, utilizando al gasto público como palanca contra cíclica. Con el gasto público como motor emergente podríamos haber esperado que la economía mexicana rompiera el cerco de crecimiento limitado y superara 2% en 2019, producto de la rápida dispersión de recursos hacia programas públicos.

Sin embargo, la economía se desinfló en el último trimestre de 2018, totalizando un crecimiento económico de 2% en 2018 en términos reales. La condición para que la economía mexicana crezca un 2% adicional o más en 2019 es con un rebote en el primer trimestre, complicado por las huelgas y el problema de suministro de gasolina que impactó a la actividad en los primeros días del año.

Por ello, diversas instituciones ajustaron su expectativa de crecimiento para 2019 a la baja, inclinándose por el 1.5% que la Secretaría de Hacienda estableció como límite inferior para el año. El escenario de crecimiento bajo se está materializando, aunque de 1.5% a 2% la diferencia es muy poca.

Es indispensable que se incorporen las expectativas en el sector privado para que fluya la requerida inversión que sostenga tasas de crecimiento mayores. El gasto público, por muy bien focalizado que sea, no podrá generar el anhelado 4% necesario para vislumbrar mejores políticas de bienestar.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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