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OPINIÓN: Los demócratas pueden aprender de la estrategia de Trump en 2016

Sin importar diferencias ideológicas entre candidatos, parece que la capacidad de derrotar a Trump será el criterio más importante para los demócratas a la hora de decidir, apunta Robert M. Alexander.

Nota del editor: Robert M. Alexander es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Norte de Ohio y escribió el libro Representation and the Electoral College. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Más de una docena de demócratas anunciaron que se postularán a la candidatura de su partido y otros más siguen pensando en hacerlo. La de 2020 será la lista de aspirantes demócratas más nutrida desde el ciclo electoral de 2008.

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Al igual que en 2008, no hay un heredero evidente y el partido pretende aprovechar su éxito en las elecciones intermedias pasadas. En 2006, los demócratas ganaron 31 escaños en la Cámara de Representantes y les fue todavía mejor en 2018, ya que obtuvieron 40 curules . Los índices bajos de aprobación de Donald Trump han animado a muchos demócratas y confían en que el partido está en una buena posición para quedarse con la presidencia en 2020.

Las encuestas de opinión y los mercados de apuestas indican que los principales contendientes son, en este momento, Bernie Sanders, Joe Biden, Kamala Harris y Beto O'Rourke. Lo interesante es que ni Biden ni O'Rourke han anunciado su candidatura. Entre los candidatos secundarios están Elizabeth Warren, Cory Booker, Amy Klobuchar, Julian Castro, Pete Buttigieg y Kirsten Gillibrand. Además, John Hickenlooper y Jay Inslee acaban de incorporarse a la contienda.

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Sin embargo, los candidatos demócratas que no están en primera fila en este momento no tienen de qué preocuparse… como tampoco tienen de qué preocuparse sus partidarios.

Se puede aprender algo de la carrera por la candidatura republicana en 2016. Los republicanos también tenían a muchos aspirantes. A estas alturas, pero en marzo de 2015, Jeb Bush y Scott Walker se habían separado del grupo , mientras que los electores republicanos apenas notaban a Donald Trump.

En una encuesta que Quinnipiac llevó a cabo a principios de marzo se determinó que la mayoría de los electores dijo que definitivamente no votaría por él y una cuarta parte de los electores indicó que probablemente no votaría por él. Por esto, uno de los encuestadores concluyó que "Donald Trump recibió un rotundo 'estás despedido' antes de siquiera declarar sus intenciones".

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La suerte de Trump cambiaría considerablemente una vez que anunció su candidatura en junio. Cobró impulso rápidamente y obtuvo el apoyo de al menos el 10% de los encuestados. Para finales de verano, Trump se había vuelto el favorito de alrededor de una cuarta parte de los encuestados republicanos. Pero antes de que anunciara su candidatura, en junio, rara vez recibía más del 5% de la aprobación en las encuestas.

Antes de las primeras asambleas electorales o de las primarias, las campañas presidenciales pasan por un proceso de "entresacado". Este proceso ocurre paralelamente al que los politólogos llaman "las primarias invisibles". Esta elección primaria consiste en recaudar dinero, obtener patrocinios, incrementar el prestigio y desarrollar una organización civil sólida. Se elimina a los candidatos que no lo logran y lo más probable es que ni siquiera lleguen a la asamblea electoral del partido, que se celebrará en Iowa en febrero próximo.

No sorprende que a los principales contendientes de esta carrera les esté yendo muy bien en las primarias invisibles. Sanders y Biden tienen gran reconocimiento y son muy buenos para recaudar fondos, como ocurre con O'Rourke y Harris. A Booker, Harris y Klobuchar les ha ido bien asegurando apoyos.

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Es inevitable que con tantos aspirantes, muchos estén intentando conquistar a los mismos electores. Sanders, Warren, Harris, O'Rourke, Castro, Buttigieg y Booker se inclinan hacia los asuntos progresistas que llaman la atención de los millennials y los afroestadounidenses. Biden, Klobuchar y Hickenlooper adoptaron un tono más moderado con la intención de atraer a los demócratas centristas y tal vez a los republicanos despechados. Dada la animadversión que Trump genera, esta estrategia podría funcionar si logran dar la impresión de que tienen muy buenas probabilidades de derrotarlo.

Jay Inslee está en una categoría aparte porque se propone como candidato de un solo tema. El gobernador de Washington declaró que promoverá intensamente el tema del cambio climático. En su sitio web, de hecho, se lo llama "el candidato del clima". Apoderarse de este espacio le dará una plataforma, pero es debatible si será suficiente para obtener el apoyo necesario para quedarse con la candidatura.

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Durante la campaña de 2016, la postura dura de Trump respecto a la inmigración, su situación de forastero, su voluntad de atacar a otros republicanos y la publicidad gratuita que recibió en consecuencia dificultaron mucho que otro candidato republicano ganara tracción. Estos factores en general le dieron su propio carril a Trump, mientras que los republicanos del Tea Party (Rand Paul, Walker, Ted Cruz), los republicanos empresarios (Bush, John Kasich, Chris Christie, Carly Fiorina), y los republicanos de la derecha religiosa (Mike Huckabee, Ben Carson, Rick Santorum, Rick Perry) se peleaban entre sí para conseguir su propio espacio entre tantos aspirantes. Aunque Trump iba a la cabeza, entre el 70 y el 80% de los encuestados siguió dividido entre los candidatos restantes a lo largo de las primeras asambleas electorales y las primarias de 2016.

Esto indica varias cosas: primero, que las encuestas de opinión que se llevan a cabo cuando falta tanto para las primarias pueden ser divertidas para los aficionados a la política, pero no sirven de mucho para predecir quién se quedará con la candidatura del partido. En segundo lugar, a un candidato le caería bien encontrar un carril con poca competencia mientras los demás se pelean entre sí. Esto podría significar que Inslee podría beneficiarse mucho al centrarse en el cambio climático. Se puede decir lo mismo de los demócratas más centristas. Pese a todo, la fama de Trump y la atención de los medios tuvieron mucho que ver con su capacidad de ganar tracción. El contexto de la carrera electoral de 2016 también benefició a Trump. Su condición de "forastero político" lo distinguió aún más en un entorno decididamente hostil a los políticos de carrera.

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Predecir quién será el candidato de los demócratas tan pronto es una pérdida de tiempo. Pero es lógico pronosticar las probabilidades. Lo más probable es que el candidato no sea la opción inicial de la mayoría de los miembros del partido. El desempeño de los candidatos durante la temporada de las primarias invisibles decididamente reducirá las opciones. Lo más probable es que, de entre los que queden, el candidato que pueda convencer de que puede derrotar a Donald Trump será el que se quede con la candidatura. Sin importar las diferencias ideológicas entre los candidatos, parece que la capacidad de derrotar a Trump será el criterio más importante para los demócratas a la hora de decidir.

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