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Nuestras Historias

OPINIÓN: Réquiem por un Regulador: el ocaso de la Comisión Reguladora de Energía

Si el presidente se alardea de la honestidad que distinguen a él y a su gobierno, lo congruente sería darle los Santos Óleos a la CRE y a los mercados que pretendió regular, opina Miriam Grunstein.
Hidrocarburos y electricidad
Los estados peninsulares vivieron un largo apagón este fin de semana derivado de fallas en la red de transmisión eléctrica que conecta este región.

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad Panamericana. Es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) - Todo en la vida es cuestión de grado. No siempre en la CRE México ha tenido los comisionados ni más aptos ni más independientes. Como cualquier organización estatal, este regulador ha tenido más nombramientos políticos que técnicos. También ha tenido varios becarios quienes aprovechaban estos cinco años como una gran oportunidad para hacer turismo industrial y relaciones públicas. Otros comisionados se estrenaron algo verdes en sus cargos pero al menos tenían el deseo de zambullirse en los temas y la capacidad para entenderlos. Por la honestidad de algunos no me arriesgaría a poner las manos en el fuego.

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Pero nunca en la historia de la industria energética se había visto una serie de episodios dignos de la tragicomedia como las comparecencias recientes para el cargo de comisionado en la Comisión Reguladora de Energía. La interlocución entre senadores y candidatos fue tan lastimosa que por primera vez gente de todo tipo en México puso atención a este desconocido y aparentemente irrelevante órgano regulador.

La respuesta más célebre parece haber sido la que correspondía a la pregunta “¿Qué es un CEL?” a la cual el candidato respondió sacando su teléfono móvil. Si fue de broma o en serio da igual. En ambos casos, el desprecio al conocimiento y al encargo es ofensivo e inaceptable.

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Hace algunos años la aprobación del Senado a los nombramientos de comisionados era innecesaria. Bastaba con la sugerencia del Secretario de Energía al presidente de la República para que quedara el elegido. El dedazo a veces salía bueno, o malo o inútil. Y, en efecto, el elegido siempre quedaba debiéndole el cargo a alguien.

Después vino la reforma constitucional que puso al Senado como “filtro” de la calidad de los comisionados, pero también como barrera a su remoción. En una simulación de auscultación de conocimientos los candidatos comparecían ante los senadores, quienes fingían elegir al más apto. Sin embargo, antes de la comparecencia ya estaba “planchada” la designación. Así quedaron en la CRE y también en la Comisión Nacional de Hidrocarburos mejores y peores integrantes de estos reguladores. La verdad es que nada, nunca, ha garantizado ni la elección de los mejores ni el desechamiento de los peores.

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Empero, a pesar de sus carencias, la CRE ha cursado sus primeros 25 años, si no ejemplar, al menos honrosamente. Ha querido regular monopolios sin poder hacerlo cabalmente, no tanto por la incompetencia de los comisionados, sino por inercias políticas y de grupos de interés. Ha intentado crear mercados en circunstancias muy inhóspitas para la competencia.

Si la CRE no ha arrojado los resultados idóneos es porque la gran complejidad de la industria es una traba casi insuperable. Por esto es válido preguntar: si la CRE ha claudicado tanto así, ¿para qué mantenerla? Pues porque, conceptualmente hablando, es un buen modelo de gobernanza para una industria con una vocación competitiva en un entorno repleto de fallas de mercado.

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Lamentablemente, ahora que el mercado está en entredicho, la CRE está sentenciada a la extinción. Con comisionados ilustres la CRE, sin mercados que regular, tiene poco sentido. Con 4 comisionados recién designados directa y atípicamente por el presidente, no tiene razón alguna de ser. Es escalofriante imaginar las sesiones compuestas por los integrantes que sobrevivieron la transición entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y éste y aquellos que llegan sin la más peregrina idea de qué hacen ahí.

Si el presidente se alardea de la honestidad que distinguen a él y a su gobierno, lo congruente sería darle los Santos Óleos a la CRE y a los mercados que pretendió regular. En nombre de la austeridad republicana, mejor sería ahorrarnos lo que se gasta en ese regulador ahora bueno para nada.

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Es triste que los mexicanos se hayan percatado de la existencia de la CRE en su peor momento. Un círculo muy reducido sabía que ahí estaba y uno más pequeño aún sabía para qué servía. Lo que ahora se sabe de este regulador es que, por haber sido rechazados dos veces por el Senado, los comisionados que hoy ocupan el cargo fueron nombrados directamente por un presidente que extrañamente se refocila con su reprobación.

No es raro que un presidente, ni siquiera el Secretario del ramo, sepa qué es o para qué es un regulador. Esa ha sido la tendencia en este país por mucho tiempo. Lo que devasta es el desprecio al conocimiento.

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