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Nuestras Historias

La guerra comercial de Trump llegó para quedarse

La disputa arancelaria del gobierno de EU con países como México y China ha provocado que las firmas estadounidenses deban buscar proveedores a largo plazo en otros países, comenta Dan K. Eberhart.
vie 14 junio 2019 09:00 AM

CNN- La escalada de la guerra comercial del gobierno de Donald Trump con China ha dejado a las compañías estadounidenses con pocas opciones. Deben reducir su dependencia hacia los fabricantes chinos o acostumbrarse a costos más altos y a márgenes de ganancia más estrechos.

Sin un final a la vista en la guerra comercial de ‘ojo por ojo’, las compañías deben recurrir a las naciones de menor costo en Asia y en Latinoamérica para encontrar proveedores alternativos. El problema es que se está volviendo cada vez más difícil encontrar una nación que no sea también un objetivo del azote arancelario del presidente Trump.

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Con el reciente incremento de los aranceles sobre productos chinos al 25%, y amenazas de aranceles por 300,000 millones de dólares (mdd) adicionales sobre productos chinos, compañías como la mía, Canary LLC, están buscando nuevos proveedores para eludir los gravámenes y preservar las ganancias.

Canary está considerando a México como un proveedor viable de equipos cruciales para nuestros negocios de servicios en campos petroleros.

La decisión del gobierno de Trump de amenazar a México con una escalada de aranceles, a menos que frene los cruces fronterizos ilegales hacia Estados Unidos, hizo que volviéramos a batallar. Un acuerdo de último minuto entre Trump y México ha terminado —al menos temporalmente— esa lucha comercial, pero no la incertidumbre.

No estamos solos en la búsqueda de cadenas de suministro alternativas. Otras industrias están explorando formas para evitar los aranceles y para resistirse a trasladar el mayor costo de los productos a los consumidores, y al igual que Canary, encuentran sus opciones limitadas.

Trump ha amenazado con imponer aranceles a los automóviles y autopartes importadas, lo que perjudicaría a los fabricantes de automóviles europeos y japoneses, y deja a las compañías estadounidenses que dependen de las cadenas de suministro globales preguntándose si algún lugar es seguro.

Para ser justos con el presidente Trump, un ajuste de cuentas con China sobre sus prácticas comerciales, incluido el presunto robo de secretos comerciales y la entrega forzada de tecnología, ha tardado mucho en llegar y, si no fuera por Trump, habría llegado a un punto crítico en un gobierno futuro.

Reducir la dependencia excesiva de Estados Unidos hacia las importaciones chinas será saludable a largo plazo.

Reducir el déficit comercial con China le dará a Washington mayor influencia en futuras negociaciones sobre asuntos económicos y geopolíticos estratégicos. Pero será doloroso para las empresas y los consumidores estadounidenses en el corto plazo

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La diversificación ya está ocurriendo, según un nuevo informe de los economistas de la Reserva Federal de Nueva York. Una tasa de crecimiento del 8% a tasa anual en las importaciones chinas en octubre pasó a un descenso de 18% en marzo, antes de que Trump elevara la tasa arancelaria a 25% sobre 200,000 mdd en productos chinos a principios de mayo. Las órdenes de exportación desde China disminuyeron en mayo en comparación con el mes anterior, según la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Los vecinos del sudeste asiático de China en gran medida están cubriendo la brecha y cosechando los beneficios. De acuerdo con los datos recientes de la Oficina del Censo, las importaciones de Estados Unidos desde Taiwán aumentaron a 22% en los primeros cuatro meses de 2019, mientras que las importaciones desde Vietnam crecieron 38%; las importaciones desde Corea del Sur en el primer trimestre lo hicieron a un ritmo de 17%.

En Canary planeamos operar como si los aranceles sobre los productos chinos estuvieran aquí para quedarse. El gobierno de China publicó recientemente un reporte sobre la disputa comercial que deja en claro que Beijing no cederá a las demandas de Estados Unidos en el corto plazo.

Hemos trasladado gran parte de nuestra fabricación a Vietnam, India, Malasia y Corea del Sur. Todavía dependemos de China para obtener una parte significativa de los brocales de los pozos mineros y otros productos de acero utilizados en los campos petroleros, pero eso está en declive. Nuestro objetivo es que las fuentes no chinas representen el 25% de nuestras compras internacionales en el plazo de un año, por encima de nuestro objetivo anterior del 10%.

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Al igual que otras compañías estadounidenses, reconocemos que hacer negocios con estos proveedores rivales puede ser más costoso que con nuestros socios chinos tradicionales. Pero, con el tiempo, con los mercados preparados para una prolongada guerra comercial entre Estados Unidos y China, tal vez no sea así a medida que los fabricantes de países que no están en la mira de Trump amplían sus capacidades. Por ahora, lo inteligente es construir relaciones comerciales sólidas en países con los que Washington tenga muchos menos problemas que con Beijing.

Nota del editor: Dan K. Eberhart es CEO de Canary, una compañía independiente de servicios de yacimientos petrolíferos en Estados Unidos. Se ha desempeñado como asesor de la industria energética en América del Norte, Asia y África. Las opiniones expresadas en este comentario son solo suyas.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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