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Los empresarios pueden frenar nuestro ambiente de corrupción tolerada

Las personas pueden tomar decisiones incorrectas pensando que están bajo el amparo de justicia o de razones correctas para hacerlo, opina Fernanda Zenizo L.
Fernanda Zenizo L.
sáb 29 junio 2019 07:19 AM

(Expansión) - Es curioso cómo los seres humanos somos capaces de convencernos de hacer muchas cosas, buenas o malas y cómo somos capaces de justificar nuestros comportamientos de acuerdo a nuestra conveniencia, especialmente cuando no queremos afrontar algún problema o queremos resolver una necesidad, y esa deshonestidad se da también en las empresas.

De acuerdo al último Reporte a las Naciones (Estudio Global sobre fraude ocupacional y abuso) publicado por la Asociación de Investigadores de Fraude Certificados, los fraudes investigados en todo el mundo suman pérdidas de 7 billones de dólares con un promedio de pérdida de 130,000 dólares por ilícito.

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El caso de KPMG de junio 2019 nos deja el conocimiento de que las autoridades, al menos la SEC, sí sanciona ya las trampas tanto en los exámenes exigidos por las regulaciones en temas de anticorrupción y prevención de lavado de dinero, como en las auditorías realizadas. Es de tomar en cuenta de manera seria una multa por 50 millones de dólares.

Pero…¿Toda la gente es deshonesta? ¿Los mexicanos traemos la corrupción en el ADN? La respuesta es no. De acuerdo a Accutest, el 38% de la población presenta riesgos de integridad en las empresas y de ese porcentaje, solo el 10% presenta riesgo de ilícito.

Sin embargo, los números de fraudes en las empresas van en aumento.

El problema en México no sólo es la pérdida del valor de la honestidad, sino la tendencia cada vez mayor a que el fin justifique los medios.


Las cifras del sistema de inteligencia laboral Accutest indican que el 56% de la población económicamente activa tiende a confundir lo correcto de lo incorrecto, o para simplificar, a que el fin justifique los medios. Las personas pueden tener una ética correcta, los valores adecuados y no está en su comportamiento normal el robar; no obstante, ante percepciones de injusticia (social, laboral o personal), necesidad (económica), frustración o insatisfacción, las personas pueden tomar decisiones incorrectas pensando que están bajo el amparo de justicia o de razones correctas para hacerlo (como proteger o proveer a su familia).

Opinión: El peso de la corrupción

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El hecho de que algunas personas confundan lo correcto de lo incorrecto o que el fin justifique los medios, abre las puertas a toda clase de “justificaciones” y es cuando comenzamos a encontrarle la lógica a dichos tan populares como: “El que no transa no avanza”. Si lo pensamos, ese dicho es en realidad una justificación a un acto incorrecto, que evidencia un logro o bien mal habido. O argumentos como “todo el mundo lo hace” para justificar un acto de corrupción.

Actualmente vivimos en un ambiente de corrupción tolerada y esto no va a cambiar hasta que cada uno -y en este caso utilizando la influencia que sí tienen los empresarios o directivos de las empresas sobre sus empleados-ponga el ejemplo y énfasis en lo correcto, en el actuar ético y en dejar de tolerar conductas deshonestas. Entonces comenzaremos a ver un cambio palpable.

En la actualidad, es muy importante que las empresas comiencen a desarrollar su sentido de responsabilidad social mucho más allá de ayudar a plantar árboles o de acciones sociales en su comunidad. Es de vital importancia que comiencen a trabajar en el valor de hacer lo correcto de manera más activa y continua.

Es fundamental que los directivos pongan el ejemplo de un actuar ético, de hacer lo correcto en las decisiones de negocio, y de reforzar lo correcto entre sus empleados para que ello vaya permeando hacia sus comunidades

Las leyes y regulaciones cada vez más se encaminan a solicitar o exigir el monitoreo de la ética de sus empleados, es decir, que vayan más allá de solo filtrar en integridad a sus nuevos reclutados. A pesar de todos los controles que se van implementando en las empresas, éstos son insuficientes y no sirven si no se conocen los valores de las personas.

Dependiendo de su motivación, la gente siempre encontrará el modo y la justificación para actuar de manera deshonesta. La relevancia de monitorear a los empleados para poder detectar los riesgos que pueden representar para la organización, llevará a que se pueda gestionar a tiempo y a emprender acciones de mitigación para así prevenir el quebranto hacia la empresa.

Recomendamos: Ranking 2018: 500 empresas frente a la corrupción

Si algo nos enseña el caso KPMG es que la deshonestidad por muy “simple” o “trivial” que parezca, sí cuesta, y cuesta muy caro, y eso sin hablar de corrupción que es aún más honerosa. Una multa de 50 millones de dólares o la cantidad que ha pagado Walmart al Departamento de Justicia de Estados Unidos por sus actos de corrupción , son claras evidencias de que la corrupción puede costar mucho más cara que el decidir actuar de manera correcta y ética. A largo plazo la honestidad siempre será mejor negocio.

Nota del editor: Fernanda Zenizo L. es Directora de Accupeople Inteligencia Laboral e Intelab. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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