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Año uno

El gobierno debe tener en cuenta que no puede solo y necesita de un sector social y empresarial legítimos, creíbles y orientados a desterrar la corrupción, opina Luis Wertman.
jue 22 agosto 2019 11:00 AM

(Expansión) – En mar picado, los buenos capitanes navegan con prudencia, pero nunca se detienen. No sé si la analogía aplica para las decisiones que se han tomado en materia económica durante los últimos días, eso lo sabremos en las siguientes semanas; sin embargo, vale la pena que gobierno y empresariado se enfoquen en metas claras y objetivos alcanzables en este primer año de cambio de época.

Este es un país de paradojas y hasta de ironías: tenemos un Norte que se ha desarrollado casi sin recursos naturales y un Sur atrasado en medio de las mayores reservas de agua, flora y fauna que existen en el país. Incluso el Bajío, nuestro motor económico más reciente, ha crecido con estabilidad, al mismo tiempo que ya tiene problemas de abasto de líquido vital, movilidad, seguridad y contaminación ambiental.

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Emparejar estas diferencias va a llevar tiempo y mucha voluntad y más compromiso. El crecimiento desordenado no es crecimiento, es solo desorden. México es un ejemplo histórico de que las decisiones de corto plazo, dirigidas hacia unos cuantos, provocan problemas que se vuelven parte del entorno y se enquistan tanto en lo social como en lo financiero.

Recuerdo que en la época de mis padres había un chiste de mal gusto acerca de todas las bendiciones que se le habían entregado a México para encabezar el mundo y cómo, de último minuto, se decidió llenarlo con nosotros para que eso no ocurriera. Nunca lo he creído.

Somos una sociedad trabajadora, ingeniosa, solidaria y emprendedora, que ha sufrido lo que muchas otras naciones en desarrollo: concentración de intereses, politiquería, capitalismo de cuates y abierta represión.

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Ahora, parece que existen condiciones nuevas y oportunidades en donde antes solo hubo conflictos. No va a ser sencillo llegar al desarrollo asiático o al nórdico en su sexenio, aunque lo mismo pudieron decir Singapur y Finlandia en su momento. Antes de desear llegar a esa meta, es bueno ubicarnos en dónde estamos parados y dejar claros los pasos para lograrlo.

Primero, el gobierno debe tener en cuenta que no puede solo y necesita de un sector social y empresarial legítimos, creíbles y orientados a desterrar la corrupción, la impunidad y los privilegios, que tanto daño nos han hecho.

No se puede soslayar que en el pasado el mismo sistema construía contrapesos falsos para generar una imagen, aunque la realidad fuera distinta; pero si estamos en un momento de cambio, también ayudará mucho que se recupere aquello que funcionó y se mantenga el diálogo con muchas y muchos mexicanos que hemos luchado desde todas las trincheras por una mejor nación.

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OPINIÓN: Innovación, palanca fundamental para el crecimiento económico

Porque es posible que las decisiones económicas y políticas externas provoquen una tormenta que no será pasajera y que tampoco estará bajo el control de ninguno de los tomadores de decisión del país.

Lo único que nos permitirá sortearla es remar -todos- hacia una misma dirección y supervisar a quien tiene el timón, porque la mayoría, de acuerdo o no, estamos en el mismo barco. Ninguna sociedad próspera lo ha podido hacer de otra manera.

Nota del editor: Líder de la sociedad civil y empresario. Durante ocho años encabezó el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, y presidió la Red Nacional de Consejos Ciudadanos A.C. Es miembro numerario de la Legión de Honor Nacional de México. Cuenta con cuatro doctorados Honoris Causa por su trayectoria como líder de la sociedad civil en México. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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