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Nuestras Historias

Recesión, ¿el Chernóbil de la llamada cuarta transformación?

Sin crecimiento económico no se puede elevar la recaudación tributaria salvo a través de un aumento en los impuestos, opina José Luis de la Cruz Gallegos.
vie 04 octubre 2019 10:17 AM
economía en recesión
¿Cuál será la consecuencia de aumentar las restricciones fiscales en una economía que no está creciendo? Menor consumo e inversión, considera José Luis de la Cruz.

(Expansión) – En el año 2006, Mijail Gorbachov publicó su reflexión sobre la magnitud de las consecuencias que tuvo el evento ocurrido en la planta nuclear de Chernóbil.

En esencia, Gorbachov planteó que el costo económico de enfrentar las secuelas de la explosión fue una de las causas esenciales de la desaparición de la Unión Soviética (URSS) y que, 20 años después, Rusia, Ucrania y Bielorrusia seguían enfrentando restricciones financieras por dicho motivo.

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Se debe recordar que, al momento de la explosión, la URSS se encontraba en un profundo proceso de transformación que intentaba revertir los efectos negativos tanto de la baja capacidad productiva de su economía como de contar con un Estado que durante décadas había empleado mecanismos de estricto control político.

Las conocidas como Perestroika y Glásnost fueron las dos estrategias bajo las cuales Gorbachov intentó revitalizar la alicaída economía y sociedad soviética. El resultado es conocido.

Si bien el argumento de Gorbachov tiene un fundamento sólido, no se debe olvidar que desde 1984 Bruce Nussbaum (The World After Oil The Shifting Axis of Power and Wealth) había previsto que la URSS perdería su puesto como potencia global.

Sin tocar la parte política o militar, Nussbaum argumentó que la URSS se había equivocado al no desarrollar sus industrias de la microelectrónica, la computación, las telecomunicaciones, la robótica, la genética, la biotecnología, entre otras, como sí lo estaban haciendo Estados Unidos, Alemania y Japón.

Desde 1984, Nussbaum había resaltado los beneficios económicos y sociales que tendrían los desarrollos de lo que hoy forma parte de los pilares de la Cuarta Revolución Industrial y que, dicho sea de paso, China y Corea del Sur observaron a tiempo para desarrollarlos rápidamente. El socialismo de la URSS se encontraba fuera de esa lógica.

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En México, la herencia del modelo neoliberal (y de su “la mejor política industrial es la que no existe”) es una economía que tiene severas restricciones para crecer más de 2%. De hecho, en 2019 el PIB no aumentará.

La solución a ello, como lo era para la URSS en la década de los años 80, es implementar una ambiciosa política industrial integral guiada por los preceptos de la Cuarta Revolución Industrial y de los modelos de Estado Desarrollador aplicados en el Este de Asia.

Implementar estrategias que no tengan al crecimiento económico como objetivo y a la industrialización como mecanismo atentará contra la llamada cuarta transformación del presidente López Obrador.

La razón se encuentra no solo en la precariedad que se vive en la mayor parte del sistema productivo (informalidad, bajo valor agregado y escasa innovación tecnológica), la restricción también pende sobre las finanzas públicas.

Como es ampliamente conocido, el costo financiero y el pago de pensiones absorben el 28% del gasto público total. Para el 2020 se están presupuestando 733,000 millones de pesos para el primer rubro y 965,000 millones para el segundo.

Para los siguientes años, ambos componentes del gasto no harán otra cosa sino aumentar y ocupar cada vez más recursos financieros. Para el 2024 se va a requerir otro billón de pesos para cubrir esas necesidades y con ello representarán la tercera parte del gasto total.

Dicha situación limitará el presupuesto que se pueda destinar a rubros estratégicos para el desarrollo económico de México: inversión, educación, salud y seguridad.

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No obstante la relevancia de lo anterior, hay un aspecto que se debe resaltar: ante la falta de crecimiento económico que se observa en 2019 y los fuertes desafíos que existen en el 2020 la pregunta es, ¿de dónde saldrán los recursos para enfrentar los compromisos ineludibles que representan el pago de pensiones y el costo financiero?

Sin crecimiento económico no se puede elevar la recaudación tributaria salvo a través de un aumento en los impuestos. En este sentido ya se puede vislumbrar la ruta que seguirán las misceláneas fiscales del 2020 y 2021 pero, aún más importante la reforma fiscal que se busca realizar en la segunda parte del sexenio.

Ante la ausencia de una estrategia para reducir la informalidad; las modificaciones fiscales buscarán obtener más recursos del consumo de las familias, del empleo y de la actividad empresarial.

El problema es: ¿cuál será la consecuencia de aumentar las restricciones fiscales en una economía que no está creciendo? Menor consumo e inversión.

A lo anterior se debe agregar la creciente sombra de la recesión. En este aspecto la discusión sobre el estado actual de la economía ha sido amplia y el debate persiste.

A ello se debe agregar el temor que existe sobre el rumbo que está tomando la economía de Estados Unidos. El 2 de octubre los indicadores bursátiles mundiales vivieron un mal día por los resultados adversos de la economía estadounidense.

En este sentido, la llamada cuarta transformación debe considerar las lecciones de la historia: una recesión a nivel local o global trastocará la capacidad financiera, productiva y laboral de México para generar bienestar, particularmente por la debilidad que le precede.

El gobierno enfrentaría fuertes desafíos para mantener la salud de sus finanzas públicas y elevar la cobertura de sus programas sociales: tendría que quitar recursos de una parte de la sociedad para destinarlos a otra, una estrategia compleja cuando se enfrenta una contracción económica.

La Perestroika y la Glásnost buscaban reformar a la potencia que en ese momento era la URSS, pero fallaron porque la debilidad de su economía se exacerbó ante la crisis nuclear. Las recesiones que México ha vivido desde los años ‘80 del siglo 21 cancelaron su desarrollo, la magnitud de sus consecuencias sigue cobrando la factura.

Sin crecimiento económico no hay desarrollo, es un principio básico. La llamada cuarta transformación deberá considerarlo para dar viabilidad a los cambios socioeconómicos que desea implementar. Particularmente porque la sombra de una nueva recesión sigue avanzando, tanto a nivel doméstico como global.

Nota del editor: José Luis de la Cruz Gallegos es Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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