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Nuestras Historias

El debate sobre la recesión

Casi todos los economistas encumbrados de este país que han tocado el tema de la recesión están confundidos con el concepto, señala Iván Franco.
vie 26 julio 2019 01:04 PM

(Expansión) – “Es muy temprano aún para decir que estamos en una recesión”, es un argumento que se escucha recientemente. Un argumento, por cierto, lleno de ambigüedad y posiblemente con falta de conocimiento y de sensibilidad económica. Acaso, ¿estamos esperando a que arda Roma para declarar una recesión?

Casi todos los economistas encumbrados de este país que han tocado el tema de la recesión están confundidos con el concepto. Su principal desatino es mezclar y tratar, indistintamente, el ciclo económico con una caída temporal de la actividad económica. Son dos fenómenos distintos, que, sin embargo, se analizan como si fueran lo mismo.

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Primero, un ciclo económico es una oscilación de larga duración de la economía y de sus componentes, donde se aprecia, al menos una etapa de crecimiento, la etapa de decremento y los puntos máximos y mínimos. A esto se le llama la fase de expansión, de recesión y los puntos de inflexión, respectivamente.

El ciclo económico depende de diversos factores estructurales y hasta coyunturales. Como dijo el economista canadiense Michael Parkin en una conferencia, el ciclo económico coincide con la dotación de recursos y de tecnología de una economía, tales que se explotan en el tiempo hasta alcanzar su cúspide y luego su caída. Posteriormente, la economía renueva sus recursos y mejora su tecnología para explotarse en un nuevo ciclo.

El caso mexicano es distinto. Típicamente, el ciclo económico coincide con el ciclo sexenal presidencial. Es decir, en general, la economía crece en forma de U invertida a lo largo de cada sexenio. Donde, la parte recesiva del ciclo no es necesariamente decremento (tasas negativas), sino que es crecimiento más lento.

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Nuestro país entró a la parte recesiva del ciclo presidencial 2012-2018 en el año 2017, con una notoria caída de la inversión, de la cantidad de dinero en la economía (M1) y de otras variables. De hecho, la parte recesiva de este ciclo ya se prolongó en lo que va de 2019.

Dentro de un ciclo económico la economía puede crecer y decrecer, sin alterar la tendencia de mediano plazo que corresponde al ciclo sexenal. Si dentro de un ciclo económico (en la etapa que sea) la actividad económica decrece dos trimestres consecutivos, entonces, la economía entra en recesión.

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La definición del NBER

La definición de recesión que los economistas mexicanos están usando es la que provee, desde el año 2010, el Buró Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en ingles). Si uno lee su definición, es muy ambigua y abierta, y se refiere más a los ciclos económicos que a la coyuntura, prestándose a la interpretación del analista.

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En este sentido, es preocupante que, sobre todo aquellos que se encuentran en posiciones de alta responsabilidad, como en el banco central o las mismas casas pronosticadoras, no puedan manifestarse asertivamente sobre el estado de la economía mexicana de forma categórica. Estamos hablando de datos numéricos en escalas de medición conocidas.

De hecho, la vaguedad y flexibilidad de la definición del NBRE sobre la recesión explica la confusión de los economistas mexicanos.

La razón por la que el NBER acuñó esta definición es más política que técnica. Digamos que, después de la crisis financiera de 2009, el NBER suavizó el criterio para definir a una recesión. Hoy en día, el buró descarta la definición de recesión como la caída de dos trimestres consecutivos del PIB, lo cual considero un error.

La omisión de los novatos

Un analista que maneja datos temporales, como el PIB, el IGAE, la inflación, o cualquier otro, debe saber al menos, las reglas básicas del análisis de series de tiempo. De lo contrario, corre el riesgo de equivocarse.

Brevemente, tocaré un punto técnico sobre la lectura e interpretación de las series económicas. Me refiero a la comparación de periodos consecutivos, digamos, febrero vs. enero del mismo año contra periodos de tiempo no consecutivos, por ejemplo, febrero de 2019 vs. febrero de 2018.

Sin irnos a cuestiones demasiado técnicas, el economista que hable de datos temporales debe siempre de priorizar los movimientos de periodos interanuales, antes que los periodos consecutivos, ¿por qué?

Porque el principal error de los datos en periodos consecutivos es la correlación serial. La autocorrelación es como el aguafiestas del análisis, por esta razón se hace énfasis en comparar tasas de cambio en términos anuales o anualizados. Esta es una manera muy sencilla de ver la tendencia de la serie.

Interpretación para el público

Para una persona que vive al día, como millones de mexicanos, una recesión estaría representada por la caída de sus ventas o de sus ingresos (mercado laboral). Por ejemplo, si el vendedor de seguros o de autos no vende nada en un mes, eso es recesión. Si no vende nada en dos meses, también, y si no vende nada en un año, eso es crisis.

Sin embargo, un economista, desde la comodidad del escritorio, puede perder la sensibilidad de lo que sucede a nivel individual y solo agregar datos a nivel general o macro.

¿Estamos o estaremos en recesión?

El ciclo económico de México está metido de lleno en su fase recesiva o decreciente. No solo el PIB sino todas las variables importantes de la economía así lo apuntan. Cada vez crecen menos, pero esto es sabido desde el año 2017.

En términos coyunturales, en el primer trimestre de 2019 la economía mexicana creció 0.1% respecto al mismo trimestre de 2018. Para que la economía entre en recesión técnica (que es diferente a la fase recesiva del ciclo) tendría que experimentar dos trimestres consecutivos de decremento. Si el dato del PIB sale negativo en el segundo trimestre de 2019, a tasa anual, y nos ponemos exquisitos, diríamos que no estamos en recesión.

OPINIÓN: Recesión o no recesión

Sin embargo, desde mi punto de vista, la economía mexicana sí está en fase recesiva y hay que sacarla de ahí.

Concuerdo con que la medición del PIB y de sus componentes no miden el nivel de distribución de la riqueza entre las personas, y que el crecimiento económico no es necesariamente sinónimo de bienestar.

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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