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Nuestras Historias

¿Cómo dejamos de ser un adulto amargado?

Pongamos estándares de diversión más altos, hagamos cosas que nos sorprendan y nos llenen y lo más importante salgamos de nuestra zona de confort, opina Daniella Cano.
sáb 02 noviembre 2019 07:00 AM
adultos enojados - adultos amargados - amargados
Si nosotros queremos ser adultos felices nos tenemos que forzar a cambiar, a hacer cosas nuevas y diferentes porque solo así podemos expandir nuestra mente, considera Daniella Cano.

(Expansión) – Una de las preguntas que me hago constantemente es: ¿qué me ha pasado a lo largo del tiempo?... Antes yo era una niña extremadamente feliz, y en algún punto de la vida me encontré a mí misma siendo un adulto muy amargado.

Se podría decir que habían miles de razones de mi amargura, por ejemplo: responsabilidades, problemas, falta de tiempo, rupturas amorosas; pero en realidad, las verdaderas razones fueron mi mala perspectiva ante las cosas, mi resistencia al cambio, la falta de nutrirme como persona y la importancia que le daba a las cosas que no valían la pena.

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Me he dado cuenta a lo largo de mi carrera como entrenadora de Programación Neurolingüística que a la mayoría de los adultos nos pasa lo mismo, por lo que decidí hacer cambios en mi vida, los cuales ahora les trato de enseñar a mis alumnos a través de mi experiencia sobre cómo lograr cambiar esta situación y regresar a esa esencia de niño feliz que todos tuvimos en algún momento.

Les explicaré más a detalle cómo le di la vuelta para dejar de ser un adulto amargado. Primero, empecé por regresar a mis básicos… ¿Qué quiero decir con esto?, empecé a ver qué me encantaba y me hacía sentir plena cuando era niña; una de esas cosas era dibujar todo de arcoíris, de ahí surgió la idea del logo de mi empresa. Otra de las cosas que hacía era pasar todo el día jugando a ser maestra, y ahora que soy adulto me di cuenta de que esa era mi vocación: enseñarle a la gente cómo puede encontrar su mejor versión es mi misión de vida.

Después empecé a cambiar todas las expectativas que tenía como adulto, sobre cómo debía ser un trabajo, cómo se debería de comportar la gente a mi alrededor y en general empecé a cambiar todas las expectativas de mi vida entera por agradecimientos.

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Cambié mi perspectiva y me di cuenta de lo afortunada que era, aprendí a agradecer a pesar de que las cosas no salieran tal cual yo esperaba, me dejé de enojar cuando la gente no reaccionaba o se comportaba como yo quería y me volví mucho más feliz.

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tenía un mecanismo de resorte para que se mantuviera cerrada por el aire acondicionado, de repente un señor abre la puerta y se le regresa y le azota en la cara, la reacción del señor fue maldecir hasta que no pudo más, empujó la puerta y avanzó sin darse cuenta que su hijo venía atrás de él, la puerta al cerrarse aplastó al niño de aproximadamente 8 años… lo que me sorprendió fue la reacción del niño, se atacó de la risa y con todas sus fuerzas empujó la puerta para poder entrar.

En ese momento me di cuenta que todo está en la perspectiva que le damos a las cosas, el señor arruinó su día con ese suceso y el niño se rió, lo dejo pasar y brincó feliz al lado de su papá.

Otro de los principales cambios que hice para ser un adulto feliz fue dejarme de resistir ante el cambio. Cuando somos niños el cambio es una constante, desde el aspecto físico hasta la escuela donde año con año cambiamos de grado, de maestros, de compañeros de salón, de contenido académico, en fin…

De niños, el cambio es sumamente natural para nosotros, pero el problema llega cuando somos adultos y empezamos a tener el control sobre nuestras decisiones sobre el cambio, y les tengo una mala notica, nuestro cerebro está programado para evitar a toda costa el cambio, nos quiere mantener siempre dentro de nuestra zona de confort, entonces nuestro cerebro ama lo conocido pero en realidad aprende de lo diferente.

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Si nosotros queremos ser adultos felices nos tenemos que forzar a cambiar, a hacer cosas nuevas y diferentes porque solo así podemos expandir nuestra mente y llegar a alcanzar la felicidad y plenitud como adultos.

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En conclusión, ser adulto puede ser tan fácil o tan difícil como tú quieras que sea, en lo personal y también con mis alumnos he visto grandes resultados cuando tenemos esa reconciliación con nuestro niño interior.

Pongamos estándares de diversión más altos, hagamos cosas que nos sorprendan y nos llenen y lo más importante salgamos de nuestra zona de confort porque ese es el requerimiento necesario para tener una vida plena, con sentido y con propósito.

Nota del editor: Daniella Cano es CEO y Fundadora de Colormind. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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