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Nuestras Historias

Geopolítica y derecho al asilo

Para el asilo a Evo Morales, el Servicio de Relaciones Exteriores usó un lenguaje diplomático destinado a justificar una decisión de calado y a contrarrestar preguntas incómodas, dice Alfredo Kramarz.
mié 20 noviembre 2019 10:30 AM

(Expansión) - El Servicio de Relaciones Exteriores de México fundamentó su posición sobre la crisis boliviana con una aproximación de carácter legalista-moralista. En la estructura de sus comunicados confluyeron referencias al marco jurídico internacional (Convención de Asilo de La Habana 1928 y Convención sobre Asilo Diplomático firmado en Caracas 1954), la legislación nacional sobre el refugio y pensamientos de naturaleza extrajurídica (una mirada parcial sobre el devenir de Latinoamérica). Lenguaje diplomático -enraizado en la tradición de la Doctrina Estrada- destinado a justificar una decisión de calado y a contrarrestar preguntas incómodas, entre ellas: ¿Cómo influye la correlación de fuerzas del continente en la acción exterior? ¿Habita un propósito político bajo la abstracción sentimental del exilio? ¿Subyace al otorgamiento de asilo a Evo Morales el interés nacional o es un deseo personal?

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Las autoridades intentaron un equilibrio reflexivo entre razones/costumbres y no hubo ninguna declaración que indujese a pensar en un beneficio mayor que honrar una tradición admirable (sin menospreciar la mención a los connacionales que residen en Bolivia). Citaron las biografías de ilustres exiliados como Giuseppe Garibaldi, José Martí o Víctor Haya de la Torre (por cierto, sorprendió la ausencia en el listado de Héctor Cámpora o Jacobo Árbenz que invitaban a trazar paralelismos más audaces) y esquivaron las “trampas” retóricas que arrastra consigo la evocación de Venezuela o el principio de no reelección.

Omitieron el desenfreno de las multitudes insistiendo en el vacío de poder y lograron traducir la sucesión presidencial “sugerida” por la alta jerarquía del Ejército en miedo a los espectros del golpismo. El tono de las comparecencias fue el propio de un alma afligida por dependencias, coloniajes o servidumbres (un repaso tangencial a la “Filosofía de la Historia Americana” concebida por Leopoldo Zea) que rehúye pronunciarse sobre los informes de fraude electoral o respecto a las derivas autoritarias del ejecutivo presidido por Evo Morales . Eligieron el marco dado por el indigenismo idealizado, por más que en la protesta social hubiese pluralidad de rostros y procedencias.

Quizá el aspecto más notable en términos de relato fue la intervención de Marcelo Ebrard describiendo la odisea de negociaciones que posibilitaron la llegada de Evo Morales a México.

Por razones humanitarias, México da asilo a Evo Morales: Ebrard | #EnSegundos ⏩

Ebrard hizo algo más que un cómputo de las dificultades del camino diplomático: Dibujó un trayecto con la serenidad de un estratega que a la puesta del sol conduce su expedición al éxito. Un momento Jenofonte de la política exterior ya que narró -con nobleza en el ánimo- los pasos de una retirada y en su particular Anábasis, la grandeza no recayó en la condición del hombre acorralado sino en la Fuerza Aérea Mexicana.

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Así fue la llegada de Evo Morales a México para recibir asilo

La contundencia del gobierno mexicano sólo fue equiparable a la postura del presidente electo argentino y a los argumentos empleados por la cancillería uruguaya (recordemos que el actual secretario de la OEA fue ministro de exteriores en la etapa de José Mujica y que el país afronta una segunda vuelta electoral). Una interpretación muy distante del discurso “mitológico” venezolano (Bolivia como tierra de resistencia heróica de Túpac Katari y fundada por el Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre) y de la tibieza reflejada por algunos socios progresistas iberoamericanos (pienso en el papel de España más preocupada por la visita de los Reyes a La Habana y por el anuncio de un gobierno pluripartidista con vocación de izquierdas).

Cabe traducir el significado geopolítico de la operación como una maniobra simbólica de asunción del liderazgo en el interior del Grupo de Puebla (contrapeso regional al Grupo de Lima) y como una reorientación de la agenda internacional hacia el sur. Queda por desvelar el mientras tanto de Evo Morales en México: Será un paréntesis que anuncie la voluntad de un inmediato regreso o tal vez una estancia prolongada acompañada por un equipo de asesores con funciones de gobierno en el exilio. Demasiadas incógnitas por despejar diluidas en un compromiso con los perseguidos que cumple más de dos siglos.

Nota del editor: Alfredo Kramarz es Doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid. Es experto en Política y Relaciones Internacionales.

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