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Nuestras Historias

Al diablo la economía y la salud. La política manda

En EU siguieron muy de cerca la telenovela de la semana pasada, cuando vinieron correcciones en el DOF para definir los tiempos de arranque de las actividades esenciales, apunta Jonathán Torres.
lun 18 mayo 2020 11:59 PM

(Expansión) – La fabricación de aviones de combate de la Defensa de Estados Unidos está en riesgo y el epicentro de su vulnerabilidad tiene lugar en el norte de México, en el Complejo Industrial Las Américas. Ahí opera una compañía que produce el cableado de los F16. Después de varios días sin actividad, se espera que muy pronto re encienda las máquinas para cumplir con sus entregas.

Sus procesos y protocolos de seguridad son prácticamente infalibles, pero tampoco escapa a un riesgo externo: el contagio del COVID-19 que se registra en Chihuahua, que al corte de este artículo reportaba casi 900 contagios y 183 muertes.

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Esta empresa es una de tantas que están a punto de reactivar operaciones en el país, después de que el gobierno federal sumara a las industrias de la fabricación de equipo de transporte (automotriz y aeroespacial), de la construcción y la minería en la lista de actividades esenciales.

Con esta decisión, la economía retoma bríos, algo que podría ser una bocanada de aire fresco frente a la crisis provocada por la pandemia, pero también genera sinsabores por las pifias cometidas por el presidente Andrés Manuel López Obrador y su equipo para definir con claridad la estrategia a seguir y, sobre todo, por los riesgos que provocaría en las personas ante el pico de contagios que aún se manifiesta.

Las cadenas de suministro volverán a conectarse. Muy bien. Pero lo que también trae consigo es un pleito al interior del gabinete, la presión de Donald Trump, la desconfianza de inversionistas, la oportunidad que el país está perdiendo para aprovechar la guerra entre Estados Unidos y China y, lo peor, el riesgo de provocar más muertes.

¿Bendita reactivación económica?

El reporte de lo que ha ocurrido con las animosidades del presidente y su equipo: cuando la pandemia aún no provocaba terror, López Obrador se resistía a cerrar la economía, hizo todo para evitarlo pero la multiplicación de contagios lo obligó. Después vino la lucha de vencidas entre Marcelo Ebrard y Graciela Márquez con Hugo López-Gatell.

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Los primeros pedían definir actividades esenciales, con sus tiempos y procesos. El subsecretario insistía en que eso no era posible debido a la inclemencia del virus. Hoy, entre colaboradores del presidente hay diferendos y permanece la sensación de que la estrategia para reactivar la economía no es la más conveniente.

Las decisiones tomadas en Mexico han desatado los demonios en Estados Unidos. El regreso de actividades de ciertos sectores responde a la presión del norte y la división que ha existido en el gobierno mexicano está alimentando un viejo sueño que Donald Trump ha manifestado a través de su equipo desde que se retomaron las negociaciones para dar vida al T-MEC: traer a casa (Estados Unidos) aquellas inversiones que están en otros países, para que el desempeño de su economía no dependa de los caprichos de terceros.

En Washington siguieron muy de cerca la telenovela de la semana pasada, cuando fueron y vinieron correcciones en el Diario Oficial de la Federación (DOF) para definir los tiempos de arranque de las actividades esenciales, pues eso demostró que los esquemas de interlocución gubernamentales en México son una mala broma. Para los inversionistas, esto ha generado una profunda desconfianza.

El plan de reactivación “es de aplicación voluntaria”: AMLO | #EnSegundos

Bajo los ojos de inversionistas, el COVID-19 trastocó la geopolítica y México, lejos de aprovechar la pugna entre Estados Unidos y China, está jugando mal sus cartas y no está ofreciendo las garantías para captar capitales. Con esta tragedia se espera que las cadenas de suministro sean más cortas y no estén tan dispersas. México tiene un peso barato, una mano de obra bien calificada y con menores sueldos, pero es un generador nato de desconfianza, acusan las fuentes consultadas.

Así será difícil que un inversionista estadounidense retire sus inversiones y se las lleve a casa, pero lo que es un hecho es que México no captará la cantidad de inversiones que pudiera recibir si su toma de decisiones fuera confiable. “Tenemos un problema de alineamiento porque a la hora de la reapertura económica hay mucha zozobra por parte de nuestros socios comerciales”, dice Eduardo Solís, ex presidente de la AMIA y miembro del Consejo Directivo de la Concamin.

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La reactivación de las cadenas de suministro en México será lenta y errática. Off the record, empresarios reconocen que sus costos se incrementarán por gastos de sanitización de equipo y confiesan que hay una frontera invisible entre sus procesos de producción y la posibilidad de contagio; podrán tener las medidas más eficaces para cuidar a su personal, pero cuando los empleados se vayan a casa seguirán expuestos a un entorno absolutamente susceptible al COVID-19. Por tanto, celebran su reapertura pero no descartan la posibilidad de cerrar de nueva cuenta, con los correspondientes impactos económicos.

Los tiempos para esta reapertura, además, provocan mucha incertidumbre y miedo, ya que resulta contradictorio abrir la economía cuando el pico de la pandemia está aquí y esto puede provocar, en el mejor de los casos, más tiempo de confinamiento y, en el peor, la multiplicación de muertes.

LEE: Tras horas de confusión, nuevos sectores esenciales reabrirán a partir del lunes

El corolario de esta historia es que la desconfianza y la incertidumbre generadas con esta reapertura pudieron evitarse si se hubieran realizado todas las pruebas posibles y si el modelo estadístico del avance de la pandemia fuera preciso y actualizado. No ha sido así y, por lo visto, en esta historia no importan la economía y la salud. Aquí se impone la política.

Apunte final al vuelo:

1. El pasado fin de semana AMLO dio a conocer un documento llamado “La nueva política económica en los tiempos del Coronavirus”, donde comparte varias perlas para el análisis, pero para fines de este artículo se destaca uno: sostiene que los recursos dispersados a través de los programas sociales han ayudado al éxito en la reducción de la movilidad y las medidas de confinamiento para mitigar los contagios del COVID-19; por otro lado, afirma que el T-MEC creará más inversiones, empleos, será posible capitalizar la pugna que libran Estados Unidos y China, y los mexicanos podrán disfrutar de bienestar, paz y felicidad.

Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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