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El mensaje de los empresarios que convencería a AMLO

En este momento defender la “supervivencia de las empresas” no es atractivo bajo la mirada del gobierno, opina Jonathán Torres.
lun 13 abril 2020 11:59 PM

(Expansión) – Los empresarios en México tienen la conciencia muy revuelta. La narrativa para que el presidente Andrés Manuel López Obrador se sensibilice con su plan de ataque frente al coronavirus, los tiene confundidos y divididos. El riesgo está en que el tiempo apremia y la economía mexicana se encamina hacia terapia intensiva.

La unidad empresarial hoy solo se manifiesta cuando hay reflectores, pero cuando las cámaras y los micrófonos se apagan surgen las diferencias. La rebeldía en contra de Carlos Salazar por parte de la representación del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en Jalisco, por ejemplo, es cosa de niños frente a las molestias que hay en todos los niveles del empresariado por no contar, ya, con una estrategia que permita contener los embates de la pandemia en la actividad económica, lo que podría derivar en la pérdida de miles de empleos, el inminente quiebre de empresas y hasta en la fuga de capitales.

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Empresarios consultados para la realización de esta historia reconocen que hay grietas en su estructura, originadas por diferentes circunstancias. La gestión, con claroscuros, de Carlos Salazar, con la que pretendía mantener la fiesta en paz con el gobierno de la llamada cuarta transformación. El lobbying que los grandes empresarios ejecutan directamente con el Presidente de la República. El abandono que han sentido las medianas y pequeñas empresas por parte de sus órganos de representación.

Sin embargo, en algo coinciden: el rechazo del presidente a sus recomendaciones para contrarrestar los impactos de la pandemia responde a su postura ideológica.

Urge que la comunidad empresarial, en todos sus niveles, cuente con un concepto de unidad. De no ser así, tendrá la batalla perdida. Así, el mensaje entrelíneas está en saber si los grandes empresarios guardan sus intereses en el cajón y construyen, de la mano de empresarios de menor tamaño, un concepto que resulte inatacable, poderoso, convincente y que empate con el modelo de pensamiento del gobierno de la llamada cuarta transformación.

No se necesita recurrir a la magia negra o al esoterismo. Si el sector privado busca el desarrollo estable, el storytelling que podría aglutinar a todos sus sectores en esta era de coronavirus está en defender la generación de empleo para el bienestar social del país.

Palabras más palabras menos sería algo así: la principal tarea que hoy tienen los empresarios -chicos, medianos y grandes- es defender al país a través de la estabilidad social que genera el empleo. Con una narrativa así dejan atrás aquella exigencia por apoyos fiscales, que no les ha servido de mucho por cierto, y colocan el factor que hoy une a todos los mexicanos: la preservación del empleo.

Es una cuestión de matiz, pero que puede resultar más conveniente. En este momento defender la “supervivencia de las empresas” no es atractivo bajo la mirada del gobierno. Lo que sí es relevante es defender a los trabajadores, a través de la “supervivencia de los empleos”. Ése debe ser el objetivo inmediato de las empresas.

Después de eso, no vendrá un “milagro” sino simplemente la lógica para la creación de empleos. Los empresarios deberán aportar dinero de sus ahorros y el gobierno estará obligado a apoyarlos con políticas de fomento al empleo, incluyendo fiscales.

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La tregua soñada tendría lugar

Si logran materializar esta fórmula, vendrá por sí solo el desarrollo económico, la estabilidad de la demanda agregada, la generación de inversión fija bruta. Y algo más: el gobierno recaudaría dinero y tendría para sostener sus programas sociales.

Pero, si un día el CCE lanza una declaratoria que exhibe una aparente ruptura con el gobierno y, casi simultáneamente, los grandes empresarios comparten el pan y la sal con el presidente, serán remotas las posibilidades de alcanzar un punto de equilibrio pues el Ejecutivo seguirá moviendo los hilos ante la carencia de un contrapeso.

Por lo pronto, dadas las actuales circunstancias, el flujo para el capital de trabajo se está agotando y, no solo eso, la instrucción para algunos directivos -sobre todo de empresas trasnacionales- es no invertir más de lo que ya está invertido en el país (pero esto último ya es materia de otra historia).

No hay tiempo qué esperar. Urge la vacuna para intentar tener un decoroso segundo semestre en la actividad económica, que ya hoy requiere de cuidados intensivos.

Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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