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¿La salud es prioridad para el Gobierno federal?

Una vez que se apruebe el presupuesto es fundamental que se ejerza. Los ahorros no pueden ser subejercicios, sino usos más eficientes de los recursos, apunta Fátima Masse.
mar 15 septiembre 2020 01:00 AM

(Expansión) – La semana pasada se presentó en el Congreso el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para el 2021. El presidente Andrés Manuel López Obrador envió una carta para defender la propuesta, en donde dijo que el gasto se enfocará en fortalecer las políticas públicas en materia de salud, seguridad y los megaproyectos de inversión. ¿Esta afirmación es cierta?

La respuesta es no, a juzgar por la repartición del gasto entre funciones. Basándome en el análisis funcional económico del gasto, salud es la cuarta más importante después de protección social (donde se concentra la mayoría de los programas de transferencias y pensiones), energía y educación. Salud se lleva el 14% del gasto programable total, mientras que energía el 21%. Seguridad aparecería en el sexto lugar con el 4%, si sumamos seguridad nacional e interior.

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La función salud concentra el gasto destinado a este fin repartido en diferentes instituciones (Secretaría de Salud -donde está el INSABI-, el IMSS, el ISSSTE, Pemex, la Secretaría de la Defensa y la Secretaría de Marina), así como el Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud y las Aportaciones a Seguridad Social. De estos rubros, solo la Secretaría de Salud (Ramo 12) se consideraría como uno de los ganadores con el tercer mayor gasto dentro de los ramos administrativos y un crecimiento real del 9.1% respecto a 2020.

De acuerdo con la Exposición de Motivos , el incremento que se le dio a la Secretaría de Salud tiene el objetivo de ofrecer servicios a quienes carecen de seguridad social, además de fortalecer los recursos físicos y humanos para seguir luchando contra la pandemia y subsanar rezagos de años anteriores. Esto incluye la regularización de trabajadores contratados como eventuales y la creación de casi 9 mil plazas dirigidas a zonas pobres más otras 10 mil para especialistas en formación.

Se debe reconocer que desde el año pasado el gasto en esta función se empieza a recuperar de una caída que inició en 2014 y tocó fondo en 2019. Si los diputados no lo modifican a la baja, para 2021 se espera que el presupuesto de la función salud sea casi 3% mayor, en términos reales, que el presupuesto aprobado para el 2020, pasando de 646 mil millones de pesos (mmdp) a 664 mmdp. Esto es una buena noticia.

Lo que no es tan buena noticia es que el gasto público en salud como porcentaje del PIB ascendería solo al 3.4%, en comparación con el 2.8% que reportó México para 2019. Esto nos mantiene como el país con menor gasto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), empatado con Turquía. Y hay que considerar que una parte del incremento en esta proporción se debe a que el PIB se está contrayendo por la crisis económica.

Por otro lado, es preocupante que parte del incremento que registró la función salud proviene del Fondo de Salud para el Bienestar. En específico se retirarán 33 mil millones de este fondo, que antes de la reforma a la Ley General de Salud, era el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos. Preocupa porque eran recursos acumulados desde hace varios años para el tratamiento de padecimientos costosos, como cáncer o VIH-sida, y no hay evidencia de que el fin de estos recursos se mantenga. ¿Acaso esto no pone en riesgo el bienestar de esos pacientes en el largo plazo?

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Si se cumple el deseo del presidente de ofrecer servicios de salud gratuitos para todos los mexicanos, entonces el sistema público atendería a más de 128 millones de mexicanos, o sea la población total para 2021. Si dividimos el gasto total de la función salud entre la población, el gasto per cápita sería equivalente a 5,153 pesos. ¿Alcanza este monto para luchar contra la peor amenaza sanitaria de la época moderna y atender todos los demás padecimientos al mismo tiempo? Con este presupuesto, tendríamos el menor gasto per cápita desde que hay datos disponibles para la función salud.

En conclusión, es cierto que salud recibirá recursos adicionales a pesar del entorno tan complejo que enfrentan las finanzas públicas. Sin embargo, el presupuesto no refleja que este sector sea prioritario y existen importantes retos en materia sanitaria. Por ello, es importante hacer un llamado a los diputados para que modifiquen este rubro a la alza para cumplir con la ambiciosa agenda de esta administración.

Una vez que se apruebe el presupuesto, es fundamental que se ejerza. Los ahorros no pueden ser subejercicios, sino usos más eficientes de los recursos. En salud, eso se reflejaría en más vidas salvadas, más pacientes con enfermedades crónicas mejor controladas o menores niveles de contagio. Para ello es necesario construir indicadores de impacto, pero tendré que ahondar en eso en otra ocasión.

Nota del editor: Fátima Masse es coordinadora de proyectos del IMCO. Síguela en Twitter como @Fatima_Masse . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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