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Nuestras Historias

Un fantasma recorre el mundo: los radicales antiglobalización

Si bien hay cosas que hay que cambiar del pasado, se pueden hacer cambios desde la vía institucional, estableciendo un Estado de Derecho, apunta Jorge Sánchez Tello.
mié 28 octubre 2020 11:57 PM

(Expansión) – El concepto de globalización consiste en un proceso universal que afecta a todos los países del mundo, cuyo elemento principal es el mercado, aunque también se basa en los medios masivos de comunicación, fuerza de trabajo, información, conocimiento y tecnología.

La globalización permite que las empresas y mercados se relacionen de tal forma que trascienden sus fronteras nacionales y penetran otros mercados no solo a una escala regional, sino mundial o global.

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La globalización es una mezcla de procesos donde se involucran distintas nacionalidades que permite que la economía, política, cultura y la ideología de un país penetre en otros.

Es un proceso donde los avances tecnológicos hacen que la comunicación y la relación entre los distintos países del mundo se consoliden en un mercado, una sociedad y una cultura global por medio de una serie de transformaciones económicas, políticas y sociales haciéndolo extenso a todo el mundo. De tal forma que los métodos de producción y de flujos de capital se hacen a una escala mundial.

Una primera respuesta en la que podemos pensar: El movimiento de los radicales contra la globalización es de hecho muy heterogéneo. El movimiento conservador se define como anticapitalistas o antireformistas; entre los violentos y los pacíficos. En conclusión: el movimiento es tan multifacético como para poder articular un mensaje unívoco, desde Donald Trump hasta los que se escudan en el movimiento de Ayotzinapa tienen un común denominador, ir contra las reformas y la globalización.

El factor que une el movimiento anti-globalización es el malestar frente a un mundo dominante MacWorld, con las marcas empresariales de Nike, McDonalds o Coca Cola, en el que han sido eliminadas las diferencias y los contenidos, donde los supermercados, los cuartos de hotel, los grandes cruceros de automóviles, y así sucesivamente, que como en Katmand ̇, Colonia, y El Cairo, se ven cada vez más iguales.

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Particularidades, según la cultura o el país, se disuelven cada vez más en favor de los patrones de consumo, que se unifican mundialmente. De la misma manera en que los idiomas de este mundo se bajan al nivel del mal inglés de la New Economy, los ambientes de la vida en cada lugar se asemejan entre sí hasta llegar a parecerse a los interiores de los aeropuertos.

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El origen del movimiento de los globalifóbicos está motivado más que políticamente por lo cultural y lo subcultural. No dirige una guerra santa contra la cultura globalizada, no le contrapone a esta un principio básico unificado, sin un paquete de contramotivos, que parcialmente se orientan por culturas - desde los aborígenes hasta los zapatistas - cuyas existencias están amenazadas por el MacWorld.

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La globalización se caracteriza por la movilidad de capital, tecnologías, recursos económicos y humanos, pérdida del poder de los estados y de sus políticas y regulaciones, un gran desarrollo de las tecnologías de información, nuevas herramientas como el internet, redes de comunicación, celulares inteligentes, etc., creación de nuevos mercados, nuevas empresas se fusionan o se diluyen, unos bloques económicos se imponen sobre otros, se crean nuevos acuerdos comerciales de comercio.

La libertad económica y política enfrenta una de sus más duras batallas ante el anuncio de la creación de un frente radical que desea eliminar todas las reformas que se han hecho en México, movimiento encabezado por grupos antisistema y sindicatos radicales que no quieren perder sus prebendas; cuidado, la libertad está en peligro.

OPINIÓN: Si no actuamos nosotros, ¿quién lo va a hacer?

Si bien hay cosas que hay que cambiar del pasado, se pueden hacer cambios desde la vía institucional, estableciendo un Estado de Derecho, pero para nada nos va a ayudar a México y al mundo si se retoman ideas de los años 70s de las voces que están a favor de que el gobierno se vuelva el administrador; es una fórmula que ha fracasado y solo genera mayor desigualdad y pobreza.

Nota del editor: Jorge Sánchez Tello es director del Programa de Investigación Aplicada de la Fundación de Estudios Financieros (FUNDEF). Síguelo en LinkedIn y en Twitter. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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