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Nuestras Historias

Invertir en arte

La visión del consumidor sobre aquellas empresas que se vinculan con acciones sociales o culturales mejora invariablemente, apunta Pablo Ángel Lugo.
mié 25 noviembre 2020 05:00 AM

(Expansión) – La primera inversión que se hizo en arte fue realizada en 1997 por el Sindicato de Trabajadores de Transporte de Suiza; compraron un Picasso con dinero de las pensiones. Se vendió diez años más tarde y reportó beneficios de más del 1000% a la inversión inicial. Entendemos esta compra cuyo único deseo era ganar más dinero. Nunca hubo un deseo de conservar las piezas. Un poco como lo que pasó con la colección de arte de la Sociedad Cooperativa de Trabajadores de Pascual, con la diferencia de que ellos conservaron las piezas.

Otras empresas que han obtenido grandes beneficios en la creación de colecciones de arte han sido UBS Group, Deutsche Bank, Bank of America, la automotriz BMW, por mencionar algunas. Sabemos que UBS tiene una colección de más de 35,000 piezas de arte, tanto contemporáneo como moderno. Sin embargo, han hecho énfasis en que su colección es de artistas poco conocidos o en el inicio de sus carreras. Su filosofía justifica que siempre han buscado apoyar a los artistas vivos en los momentos en los que su carrera más lo necesitan y, por qué no decirlo, es una excelente inversión: compras barato y al tiempo venderás caro.

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Eso les ha permitido adquirir piezas de muchos artistas relevantes cuando aún sus obras eran relativamente económicas, dándoles la oportunidad de donar o prestar piezas de artistas relevantes a museos como el MoMA.

La colección que David Rockefeller inició en el año de 1959, dando inicio al coleccionismo corporativo y misma que ahora está en poder de JPMorgan Chase, transformó las ideas del arte en corporaciones más allá de un mero sistema decorativo.

La inversión de corporaciones en bienes artísticos y culturales ha dejado en otros países una excelente experiencia, sobre todo al momento de dejar de depender del Estado para hacerse de los beneficios que trae consigo el coleccionismo corporativo. Especialistas de estos temas y curadores han sido capaces de llevar colecciones de arte a los siguientes niveles. Es decir, transformar una serie de recursos que se destinan naturalmente en una empresa tales como la publicidad para darle una nueva vertiente con una vinculación social. Lo que normalmente se consideraría un gasto en publicidad se convierte en una inversión.

La visión del consumidor sobre aquellas empresas que se vinculan con acciones sociales o culturales mejora invariablemente y las posicionan dentro de una jerarquía superior con respecto a las que no lo hacen. Eso genera un sentimiento de lealtad del consumidor con aquellas corporaciones que tienden a la filantropía. Eso sin hablar de la posición que dichas acciones deja para los ejecutivos.

Una apertura de los empresarios forzaría las posibilidades fiscales para los beneficios. No olvidemos que la compra y donación de obra de arte puede hacerse deducible de impuestos y existen muchas formas de obtener beneficios para todos, no solo para la empresa sino también para el sector productivo artístico y sin duda alguna para el Estado que se ahorrará dinero y esfuerzo en un financiamiento de las artes alejado de los intereses públicos.

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Un muralista inmortaliza a víctimas anónimas del coronavirus

La cultura y el arte de una sociedad son responsabilidad de todos. No podemos pretender que los millones de turistas que visitan México vienen a apreciar la belleza del funcionamiento de las instituciones políticas y sociales. Vienen a apreciar las obras artísticas de un país, de una nación y de una cultura que lleva años invirtiendo en cultura.

Para dimensionarlo, los miles de turistas que visitan la Casa Azul de Coyoacán de Frida Kahlo y Diego Rivera cada mes, se agradece como una inversión a largo plazo del Estado mexicano que financió al muralista mexicano y este a Frida. Podemos ver que el financiamiento gubernamental y el apoyo de las artes durante aquella época ha generado una serie de frutos. No hablamos de la creatividad o de la calidad artística de los dos pintores comunistas; hablamos del impacto económico que ha generado la pintura de ambos y del apoyo que el Estado mexicano otorgó al muralismo mexicano.

Entendemos que esos beneficios pueden ser no únicamente a los dueños patrimoniales de Frida Kahlo. También es una derrama económica que va desde hoteles, Airbnb, transporte, aerolíneas, alimentos y que un turista que visita la Casa Azul no viene únicamente a visitar la Ciudad de México. Irá por supuesto a Los Cabos, a la Riviera Maya, a Oaxaca o algún otro destino turístico. Pero no duden por un segundo, que aquel turista que llega a México llegó por la mejor agencia de turismo que tiene una nación: la cultura.

Nota del editor: Pablo Ángel Lugo es Doctor y especialista en Mercados del Arte y Economía Naranja, director de Glocal Art Markets Consultants Ltd en Londres, Inglaterra; curador de colecciones privadas en México, el Reino Unido y Suiza. Ha colaborado como especialista en mercados del arte y economía naranja para el Parlamento Escocés y como curador para la Secretaría de Relaciones Exteriores. Síguelo en Twitter y en Facebook . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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