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Ahí viene la tercera ola

Ya hemos vivido dos olas del coronavirus que se han llevado muchas vidas. Viene una tercera ola que podría multiplicar los daños, apunta Jonathán Torres.
mar 30 marzo 2021 12:02 AM

(Expansión) - La manera en la que se multiplica el contagio ya es de todos conocida, sin embargo, hay quienes están dispuestos a correr el riesgo. La tercera ola del COVID-19 tendrá lugar en las próximas semanas.

El plan de vacunación no la frenará y tampoco es posible vislumbrar su tamaño, al tiempo que las nuevas variantes del virus podrían llevarnos a una nueva temporada de incertidumbre. Es inevitable.

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Quienes están en la primera línea de batalla contra el COVID-19 no albergan la mínima duda: el periodo vacacional de la Semana Santa ya está aquí y, a pesar de los brutales impactos que la pandemia ha provocado en México, nos encaminamos a un nuevo pico de la enfermedad. La movilidad que ya se registra en aeropuertos, destinos turísticos y en zonas urbanas es el preludio de lo que tanto tememos.

Sin embargo, hay elementos que podrían hacer pensar que la tercera ola no será tan fuerte como la segunda, por ejemplo, cuando se registró el pico más alto de contagios (en el periodo del 5 al 20 de enero de 2021), después del periodo vacacional de fin de año.

En aquel entonces estábamos frente a una temporada donde imperaba el frío, las ventanas permanecían cerradas y la naturaleza del asueto provocaba abrazos y la convivencia social en las casas. Ahora, en cambio, son menos los días de descanso y las concentraciones tendrán lugar en espacios abiertos.

Así, ante un asueto que será más corto, se espera que la estela de contagios tampoco sea tan alta. “Sí habrá una tercera ola. Mi proyección es que empezará a manifestarse alrededor del 20 de abril, pero el tamaño de la ola dependerá del tamaño del asueto. No creo que sea tan grande porque la naturaleza del asueto es diferente”, afirma Ricardo Mansilla, doctor, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.

Como sea, el temor radica en las nuevas variantes del virus. Las autoridades sanitarias ya han identificado por lo menos dos y se ha establecido un grupo conformado por varias instituciones, entre ellas la UNAM, que estudia el viaje de las variantes en tiempo real, procesando cientos de muestras cada semana y tratando de detectarlas lo más pronto posible para saber por dónde se están metiendo y así meter controles adicionales.

“Identificar las variantes ayuda a saber si de repente cambia el patrón epidémico (por ejemplo, que resurjan los contagios en alguna comunidad o en el personal de salud que ya ha sido vacunado). Las variantes las vamos a poder agarrar antes de que provoquen numerosos contagios. Por eso es importante que se haga la vigilancia virológica y que vayan entrando las vacunas”, dice Mauricio Rodríguez, microbiólogo y vocero de la Comisión COVID-19 de la UNAM.

Hasta el momento no hay una medida clara que permita determinar cómo han impactado esas nuevas variantes en la población; tampoco es posible saber sus grados de contagio y peligrosidad. Pero es momento de mantener la administración de riesgos, las medidas elementales de cuidado.

¿Estamos a la altura de las circunstancias?

Rafael de Gasperin, filósofo clínico y profesor del ITESM, sostiene que vivimos una crisis psicoemocional y una agitación en los estados de conciencia de muchas personas, lo que provoca que haya quienes no albergan el mínimo cuidado y, mucho menos, el interés de proteger a los otros.

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El Caribe mexicano es un paraíso de las fiestas sin reglas sanitarias

Por su parte, Ricardo Mansilla asegura que lo que se está manifestando es lo que en psicología se conoce como “heurística de disponibilidad”, que consiste en que las personas realizan juicios sobre la probabilidad o la frecuencia de ciertos eventos basándose en lo fácil que les resulte recordar ejemplos de estos.

De otra forma: hay quienes no se suben a un avión por temor a morir, pero sí se suben a un auto, cuando hay más probabilidades de morir en éste. Lo que ocurre es que la gente evalúa que los desastres aéreos son dramáticos y terribles, y no le da importancia a los mortales accidentes vehiculares que todos los días ocurren en las grandes ciudades.

“Con el COVID-19, la heurística de disponibilidad se manifiesta así: si la gente no ha tenido a su alrededor episodios dramáticos acerca del virus, el contagio y la muerte, piensa que esto no es tan grande y que no le va a pasar nada; luego, ve que las autoridades no se ponen cubrebocas y emite mensajes confusos, lo que genera evaluaciones equivocadas acerca del virus”, explica el doctor Mansilla.

Ya hemos vivido dos olas del virus que se han llevado muchas vidas. Viene una tercera ola que podría multiplicar los daños y, también, alejarnos del semáforo verde que tanto deseamos.

Esta no es una película de terror barato; sabemos qué nos pasó el verano pasado, también lo que vivimos el invierno pasado, ahora está en nosotros si no queremos pasar una maldita primavera.

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El pasado fin de semana, el gobierno de México reconoció que calcula que la cifra de muertes por la pandemia puede ser, al menos, 60% más alta que la confirmada. De ser así, el número real de fallecidos ascendería a más de 320,000. La nueva cifra estaría a la altura de Brasil, que ahora es el segundo país con más fallecidos después de Estados Unidos.

Según el periódico El Universal, el nuevo reporte confirma lo letal que fue la segunda ola de contagios. “A finales de diciembre, las estimaciones de deceso de mortalidad eran de unas 220,000 muertes relacionadas con el COVID-19. Ese número creció en unas 75,000 personas en apenas mes y medio”.

Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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