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El capital de riesgo en el arranque de las iniciativas innovadoras

Al observar el mundo de las nuevas empresas tecnológicas, ha habido una clara tendencia hacia financiaciones cada vez más grandes, apunta Juan Alberto González Piñón.
mié 14 julio 2021 12:04 AM

(Expansión) - Incrementar artificialmente la valuación de una startup, a través de la excesiva captación de fondos para fomentar su tracción comercial, puede significarle un paso a la muerte. Al observar el mundo de las nuevas empresas tecnológicas, ha habido una clara tendencia hacia financiaciones cada vez más grandes.

Si bien es cierto que las empresas emergentes necesitaban atraer clientes con rapidez para establecer una posición dominante en el mercado, también es cierto que inundar con efectivo a esas compañías, e incluso trasladar ese flujo de capital hacia los usuarios a través de precios artificialmente bajos e incentivos generosos, no siempre logra eliminar a la competencia, ni justificar sus valuaciones estratosféricas.

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Recaudar más capital en rondas cada vez más grandes no debe ser una parte esencial de la fórmula del éxito.

Me parece que esta forma de hacer empresa no es lo que necesita el mercado y mucho menos si hablamos de mercados como el mexicano.

Lo naturalmente deseable sería fomentar el surgimiento de empresas que hayan lanzado un producto al mercado y puedan demostrar que ese producto es precisamente lo que quiere el mercado y que, por lo tanto, necesitan dinero para escalar; esa es la clave al momento de buscar capital.

En una época donde los nuevos productos y servicios se construyen rápidamente combinando piezas de hardware y software, cada vez más aparentes innovadores han conseguido recibir valuaciones de miles de millones de dólares en un tiempo record.

Esas valuaciones “unicornio” no parecen basarse en ningún fundamento de inversión, sino en el mero fervor de los primeros usuarios y en la promesa de los futuros ingresos.

Debemos estar seguros de que el éxito lo dictamina el mercado; es difícil saber cuándo, pero no te lo van a dictar tus mentores, no te lo va a decir un inversionista, no te lo va a decir un experto en la industria, no te lo van a decir las tendencias, te lo va a decir el mercado.

Hoy en día, casi todas las empresas compiten hasta cierto punto en la búsqueda de la diferenciación sobre la base de la innovación continua. Y muchos recurren a los clientes en busca de información para guiar esa innovación. El problema es que la capacidad de los clientes para guiar el desarrollo de nuevos productos y servicios está limitada por su experiencia y por su capacidad para imaginar y describir posibles innovaciones.

Generalmente las empresas estructuran la información obtenida de los consumidores, de forma tal que les muestre correlaciones, con la finalidad de encontrar patrones de comportamiento en el consumo de las personas. Si bien es cierto que la correlación examina la relación entre dos variables, también es verdadero que observar que dos variables se mueven conjuntamente no significa necesariamente que una variable sea la causa de la otra.

En este sentido, lo que realmente se necesita para desarrollar un producto o servicio exitoso es centrarse en el progreso que el cliente trata de conseguir en determinadas circunstancias, es decir, lo que el cliente espera lograr con la adquisición de productos y servicios.

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Sin embargo, también vale la pena señalar que, en países como México, el monto de inversiones requerido para el desarrollo de un nuevo producto o servicio que prometa impulsar la progresión tecnológica y social, a menudo es inadecuado si se habla de producir invenciones monumentales que cambian el juego.

Pensar en la patente del teléfono de Bell, la cual se convirtió en la patente más valiosa de la historia. Imaginar que Edison, Bell o Tesla no hubiesen obtenido capital inicial para sus desarrollos, sería equivalente a vivir en ecosistemas que regularmente sofocan la innovación.

Las inversiones de capital de riesgo en etapas tempranas son de gran valor pues aceleran la puesta en marcha de conceptos novedosos e impulsa a las startups a validar su modelo de negocios, asegurando que la invención tenga más probabilidades de estar por delante de su competencia, contribuyendo a la dominación potencial del mercado; de lo contrario una startup subcapitalizada (bootstrap) tarda más en lanzarse y obtener ingresos, lo que aumenta el riesgo de una carrera cara a cara con la competencia.

Al observar el mundo de las nuevas empresas tecnológicas, ha habido una clara tendencia hacia financiaciones cada vez más grandes. Esto es lo que en algunos círculos de inversionistas de riesgo ha dado por llamarse “foie gras'ing”, tan solo en 2016 y 2018, la cantidad de rondas de 100 millones de dólares o más casi se triplicó.

No debemos de ver a las mega rondas de más de 100 millones de dólares como algo rutinario, pues correremos el riego de distorsionar el mercado de los nuevos emprendimientos.

Incrementar artificialmente las valuaciones de las startups, en países que requieren mayor fomento a la innovación, es inhibir el papel del capital de riesgo en el arranque de las iniciativas basadas precisamente en la innovación.

Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es director de Spark UP y académico de la Facultad de Empresariales de la Universidad Panamericana. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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