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COP26, el cambio climático es responsabilidad de todos

Hoy es nuestro deber comenzar a generar el cambio que le permita a las futuras generaciones habitar un planeta saludable y vivir un futuro más sostenible, apunta Diego Reyeros.
lun 06 diciembre 2021 11:59 PM
Cambio climático
Se necesitan financiar medidas de adaptación para las personas más vulnerables ante los ya inevitables efectos del cambio climático, considera Diego Reyeros.

(Expansión) - ¿Quién iba a imaginar que el uso de computadoras y dispositivos móviles, la fabricación de ropa y el consumo de lácteos podría tener un efecto negativo en el planeta y nuestro ecosistema? Seguramente ni nuestros padres ni nuestras abuelas lo habrían pensado, pero hoy es una realidad.

Nuestra huella ambiental se está extendiendo a través de bienes y hábitos de consumo cotidianos como el uso de aparatos eléctricos, la industria de la moda y el consumo de productos lácteos (para tener sólo una idea: el queso, por ejemplo, es el tercer mayor productor de emisiones de carbono en la industria de la carne y los lácteos, tan sólo detrás de la carne de res y de cordero).

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Estamos en un punto de no retorno: la crisis climática no es una preocupación del futuro sino una realidad que ya estamos padeciendo, y es agenda no sólo de gobiernos sino de las personas de a pie que habitamos el planeta. Esa es una de las resoluciones a las que se llegó en la última edición de la Conferencia de las Partes #26, o COP26, celebrada en Glasgow, Escocia, hace unas semanas.

Esta edición en particular tuvo una importancia vital para el futuro de la lucha frente al cambio climático porque han pasado seis años desde que se firmó el Acuerdo de París, en el que los países del mundo se comprometieron a frenar el cambio climático, y parece que las ambiciones para hacerlo aún no son suficientes.

En la COP26 de este año, que además se aplazó el año pasado por la pandemia, los países participantes debían presentar planes y proyectos más ambiciosos para disminuir el uso de combustibles fósiles, transitar sus economías a un futuro de neutralidad de carbono, encontrar financiamiento para ayudar a las comunidades más vulnerables a adaptarse a los efectos del cambio climático, y en general colaborar por una meta común.

Y si bien en el marco de la cumbre se propiciaron importantes encuentros diplomáticos, y hemos visto a grandes líderes y lideresas mundiales compartir emocionantes discursos, aún no se alcanzan metas claras y la sociedad civil está demandando mayor compromiso por parte de los gobernantes.

Este año, los casi 200 países participantes se involucraron en negociaciones internacionales y asumieron la responsabilidad de rendir cuentas a los ciudadanos, además de comprometerse a cumplir la meta principal de la cumbre: “Mantener el 1.5º vivo”, haciendo referencia a limitar el aumento de la temperatura del planeta a 1.5º desde los niveles pre-industriales, con el fin de evitar un futuro sumamente incierto por los efectos del cambio climático.

El reto para lograr esa meta es grande y es para todos: el mundo necesita migrar a economías y sociedades que no dependan de los combustibles fósiles, reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a casi la mitad para el 2030, y una neutralidad de emisiones hacia 2050. Se necesitan financiar medidas de adaptación para las personas más vulnerables ante los ya inevitables efectos del cambio climático, es necesario proteger los bosques y océanos, y, sobre todo, se debe lograr una colaboración internacional que no responda solamente a intereses individuales.

Lo cierto es que los ciudadanos a nivel global son más activos en sus participaciones y buscan que los gobiernos respondan con mayor compromiso y ambición frente a la crisis, y tomen acciones inmediatas que no se queden sólo en discursos.

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En medio de esa sociedad activa, conferencias como la COP26 todavía tienen sus detractores, entre ellos la sueca Greta Thunberg; Laura Aguilar, de Colombia; Luis Neubaur, de Alemania; y la mexicana Xiye Bautista, quien en su momento declaró que “la crisis del clima es el resultado de quienes perpetúan y mantienen vivos los sistemas dañinos del colonialismo, la opresión, el capitalismo y el ‘greenwashing’”. Las voces de estos jóvenes activistas fueron apoyadas por las más de 8,000 personas que participaron en las movilizaciones ciudadanas de Glasgow, Escocia, durante la cumbre.

Sin duda estas movilizaciones, promovidas generalmente por activistas y defensores de la Tierra que están viviendo el cambio climático desde la primera línea, son reflejo de la frustración que sienten muchos sectores de la población por la falta de ambición de los gobiernos del mundo en revertir el calentamiento global.

Estos grupos, erróneamente considerados “simples minorías”, son la generación que estará votando y decidiendo el rumbo de la democracia en los países de todo el mundo: se están convirtiendo en la voz de jóvenes que no están dispuestos a vivir las consecuencias de las malas decisiones que han tomado los adultos a cargo del mundo.

La magnitud de los cambios que necesitamos ver debe ser impulsada por nuestros gobiernos, pero también debemos recordar el poder que tenemos como ciudadanos para exigir esos cambios y verlos reflejarlos en nuestro día a día.

Además de los principales resultados de esta edición, como la enmienda de última hora introducida por China sobre la "reducción progresiva" del uso del carbón; el compromiso sobre el metano, liderado por Estados Unidos y la Unión Europea, por el que más de 100 países acordaron reducir las emisiones de este gas de efecto invernadero para 2030, y el acuerdo con respecto al freno a la deforestación; si hay algo para quedarse de la COP26 es que nada de lo que se hable y se acuerde allí dentro tendrá impacto e importancia si no estamos nosotros, como ciudadanía, para respaldarlo, impulsarlo y exigir que se cumpla de principio a fin.

Mientras que el trabajo de los gobiernos es, en gran parte, establecer acuerdos y financiar estrategias efectivas que ayuden a revertir la crisis ambiental, a los ciudadanos nos corresponde exigir que esos acuerdos y estrategias se realicen, usar nuestras voces y votos para elegir representantes y proyectos que estén alineados con las ambiciones climáticas, e involucrarnos más con el trabajo que hacen nuestros gobernantes.

Probablemente nuestros padres y nuestras abuelas nunca imaginaron que en nuestros tiempos el cambio climático sería un tema de conversación; sin embargo, hoy es nuestro deber comenzar a generar el cambio que le permita a las futuras generaciones habitar un planeta saludable y vivir un futuro más sostenible.

Nota del editor: Diego Reyeros es Director de Desarrollo makesense Américas. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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