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México ante la COP26: vergüenza y bla, bla, bla

Debe avergonzarnos que nuestro país se presente a la COP26 con las manos vacías, y aun como presunto transgresor del Acuerdo de París, señala Rodrigo Villar.
vie 05 noviembre 2021 11:59 AM

(Expansión) - Previo a la COP26, Greta Thunberg dijo algo que no por repetirlo mil veces deja de ser una verdad de asimilación urgente ante el cambio climático: la esperanza no está en el bla, bla, bla de los políticos, sino en la conciencia y la exigencia de la ciudadanía.

También para eso son importantes estas conferencias, máxime una que resulta crítica por las tendencias y la insuficiente respuesta: exhibir, con todos los reflectores, la retórica que trata de maquillar la negligencia, la irresponsabilidad y el greenwashing, sea sutil o burdo.

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Tristemente, ese saco le queda perfecto a los políticos de nuestro Gobierno, que quieren imponer una visión energética que no podría ser más retrógrada y contraria al reto climático, donde el incumplimiento de los compromisos de reducción de emisiones de efecto invernadero y de transición de combustibles fósiles a fuentes renovables limpias queda como costo colateral.

“Costo” desestimado con declaraciones paradójicas y ocurrencias como que resarciremos con generación hidroeléctrica, cuando 80% de nuestro territorio sufre sequías. Peor, con acusaciones de cuentas creativas en las metas y reportes de Contribuciones Determinadas Nacionales (NDC).

Lo mismo aplica a “verdes” y priistas que hace ocho años aprobaron una reforma que ubicó a México a la vanguardia en legislación climática y de transición energética, pero ahora parecen dispuestos a transigir con la vuelta en U, sea por cálculo, temor o súbita iluminación.

Hay que denunciar ese bla, bla, bla de políticos y, primero, el del país de cada quien. A menos que pretendamos que, como con nuestra tragedia de violencia y pretextos de los responsables de atajarla, se normalice el desastre ambiental y la correspondiente fuga discursiva.

Sobre las consecuencias de aceptar el rollo sin acciones concretas, vale la pena checar el video que la propia Greta hizo con el New York Times ante la COP. Con base en datos del IPCC, hace cuentas urgentes: para evitar superar el aumento de 1.5o Celsius respecto a los niveles preindustriales, y librar la catástrofe, el límite de emisiones adicionales de dióxido de carbono equivalente son 280 gigatones (1 Gt=109 toneladas).

Llevamos 1.2o y con la tendencia actual –42 Gt anuales– rebasaremos el umbral en siete años. Como comenta, menos tiempo del que ha pasado desde que estuvo de moda “Gangnam Style”.

Si en ese lapso no elevamos la ambición en los objetivos y aseguramos su cumplimiento con mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y financiamiento, cruzaremos pronto el punto de inflexión de 2oC, con todo lo que implica: según los científicos, con 1.5o, que se da por descontado antes de 2030, 14% de la población mundial estará expuesta a olas de calor severas cada cinco años; con 2o sería 37%, 1,500 millones de personas más. Con 1.5o quizá logremos salvar 30% de los bancos de coral; con 2o, 1%.

El problema es que, con los registros de emisiones vigentes, vamos a 3o antes del 2100: adiós selvas lluviosas y capas de hielo ártico, una cuarta parte de la humanidad expuesta a la sequía extrema y si con 2o el nivel del mar se elevaría hasta 90 centímetros, con uno más, muchas zonas costeras podrían ver niveles cuatro veces mayores.

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Por eso debe avergonzarnos que nuestro país se presente a la COP26 con las manos vacías, y aun como presunto transgresor del Acuerdo de París. Si los esfuerzos globales quedan cortos, los de México son literalmente regresivos. Lo muestran análisis como los del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda).

En la actualización de nuestros NDC en 2020, los objetivos fueron menos ambiciosos que en 2015, contra el principio de progresividad del Acuerdo y sospechas de manipulación de la base de comparación, en medio de la opacidad. Por eso fueron suspendidos judicialmente el 1º de octubre, impugnados por organizaciones ambientalistas como Greenpeace.

Lo peor estaría por venir de aprobarse la contrarreforma eléctrica. De cierto liderazgo y ser el primer país en desarrollo en presentar sus NDC, estaríamos en la vanguardia de los renegados climáticos y adictos a los combustibles fósiles, siendo la onceava economía con más emisiones.

¿Es posible acabar con las subastas de largo plazo y los contratos e inversiones de energías solar y eólica (sin indemnización según el Director de la CFE), quemar más combustóleo en termoeléctricas que operan con costos al quíntuple, destruir el mercado de Certificados de Energía Limpia, y aun así reducir emisiones y acercarnos a la meta del 35% de abasto energético limpio en 2024? Nuestro Gobierno igual podría declarar que 3-2=5. ¿Puede tomársele en serio cuando, con todo, exige a los países ricos elevar el financiamiento climático a países en desarrollo?

¿O al autoelogio “como pionero en innovación de política financiera sostenible”? Excelente que emitan bonos verdes; sólo que, a la par, este año han sostenido con transferencias del erario pérdidas de Pemex por 100,000 millones de pesos y en 2020, por 480,000 millones, habiéndose gastado el fideicomiso que teníamos para desastres naturales y el Fondo para el Cambio Climático, que captaba recursos de cooperación internacional.

Sobre México, en Glasgow será más destacable el trabajo de nuestra compatriota Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Contrario al dicho presidencial de que el ecologismo o “los nuevos derechos” son inventos neoliberales de saqueo, afortunadamente hay organizaciones autónomas, nacionales e internacionales, para verificar lo que digan presidentes, empresarios y quienes damos opiniones, con la oportunidad de corregir sobre diagnóstico. Cualquiera puede googlear Climate Action Tracker y constatar el estatus de México: “altamente insuficiente”; si el mundo fuera como nosotros, iría hacia los 4o, una hecatombe, con la refinería de Dos Bocas hasta tres metros bajo el agua. La pregunta es si también en esta prueba existencial de la civilización nos conformamos con bla, bla, bla.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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