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Los imprevistos de Vladimir Putin

El grito legítimo de Rusia no le da legitimidad de iniciar la guerra. Ningún enfrentamiento bélico es legítimo cuando se viola el derecho internacional, apunta Rina Mussali.
vie 04 marzo 2022 12:01 AM

(Expansión) - La política de la no expansión de la OTAN ha quedado en saco roto. En vísperas de la guerra entre Rusia y Ucrania, países como Qatar, Bahréin y Kuwait, grandes productores de gas y petróleo del Golfo Pérsico fueron cortejados por Estados Unidos para sumarse al grupo de países considerados “aliados importantes-no OTAN”, precisamente aquellos que ayudarían a diversificar la cadena de suministro energético a Europa.

¿Por qué hacerlo cuando Rusia, una y otra vez, ha alzado su voz para frenar la política de puertas abiertas de la OTAN y obtener garantías a su propio cerco de seguridad? ¿Por qué envía el mundo occidental este poderoso mensaje cuando debía prevalecer la cautela ante horas de angustia y desesperación por la posible escalada bélica?

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Occidente se ha equivocado en su ambición militarista. Rusia es un jugador clave en la establidad europea y mundial. Figuras reconocidas así lo han manifestado. Henry Kissinger: Ucrania debería de funcionar como un país puente entre el Este y Oeste y no debería de pertenecer a la OTAN.

Goerge Kennan: el peor error que ha cometido Estados Unidos después de la Guerra Fría ha sido la ampliación de la OTAN “pues ello sería el comienzo de una nueva Guerra Fría. Un error trágico”. Bajo el mismo tenor de la expansión militar, John Mearsheimer ha señalado que “Occidente, especialmente Estados Unidos, es el principal responsable de este desastre”, rechazando que Ucrania se incline a la órbita occidental; y hasta el actual director de la CIA, William Burns, advirtió cuando fue embajador de Estados Unidos en Rusia: “la entrada de Ucrania a la OTAN es la más brillante de todas las líneas rojas para la élite rusa”, entendido como el error más prominente a cometer por parte de Washington.

Por supuesto que Ucrania no forma parte de la OTAN y hasta ahora no se ha extendido una petición oficial al respecto, más allá de que en la Cumbre de Bucarest del 2008, la OTAN emitió una declaración de promesa de adhesión. El mundo occidental la ha cortejeado una y otra vez para que se incline hacia la órbita del Oeste.

Globalizar el Ejército más potente del mundo y abirle las puertas a cualquier país europeo capaz de cumplir con los compromisos de la membresía ha sido un mensaje preponderante. Un argumento que no le convenció del todo a la canciller alemana Angela Merkel, quien siempre recalcó la necesidad de mantener las comunicaciones abiertas con Moscú y a quienes algunos apuntan como posible mediadora.

Después de todo se considera que el dominio de un Estado se extiende hasta donde llegan sus armas y que la seguridad de un país no se puede proteger a costa de la inseguridad de otro, un principio estipulado en la carta de la OSCE para la seguridad europea adoptada en Estambul en 1999.

Ahora bien, el grito legítimo de Rusia no le da legitimidad de iniciar la guerra. Ningún enfrentamiento bélico es legítimo cuando se viola el derecho internacional y se despiertan los horrores de la muerte, tragedia y catarsis humanitaria, entre otros crímenes que la acompañan.

El intento de Putin de reimperializar Rusia bajo la guía de la nostalgia, resentimiento y revanchismo se ha manifestado en el teatro de la política internacional con todo rigor cuando se rehúsa a perder geopolíticamente a Ucrania: la joya de la corona, a quien considera un Estado artificial.

Justamente el destino de Ucrania deberá de ser aquel que le mandata su geografia: un país puente y territorio conector que la obliga a mantenerse neutral y a jugar la díficil posición del equilibrista.

Putin subestimó la respuesta unitaria, coordinada y contundente que Occidente le propinó, bajo el arsenal de sanciones históricas sin precedente y de nueva generación. En esta ocasión, la apuesta del hombre fuerte por la fisura, fragmentación y dilación europea para tomar decisiones no fructificó, por el contrario, permeó un mensaje de cohesión no visto desde el 11 de septiembre del 2001.

Asimismo, resultó muy significativo que países fuera de la órbita europea como Japón, Canadá, Australia y Reino Unido (brexit) se hayan unido al amplio portafolio de sanciones.

Otro de los grandes asombros atestiguados en este periodo de guerra ha sido el comportamiento político de Hungría y Polonia, países cuya deriva autoritaria los han llevado a cuestionar las reglas democráticas de la Unión Europea, pero que ahora cooperan ante la amenaza rusa. La misma Suiza asombró por haber renunciado a su política de neutralidad, a propósito de sumarse a las sanciones propinadas por Europa.

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Sin embargo, un hecho que destaca por encima de los demás fue la decisión de Bruselas de proporcionar armamento para una guerra, la primera ocasión que la Unión Europea financia equipamiento bélico con un fondo público comunitario, aunado al envío de tropas de Estados Unidos a Alemania y la decisión de éste último de destinar el 2% de su PIB al gasto de defensa nacional.

Bajo esta respuesta clara y sin titubeos, Putin radicalizó su proyecto cuando pidió poner en alerta máxima a sus fuerzas nucleares, un arrebato que exhibe su vulnerabilidad.

En una guerra los vencedores deben de cuidar el desenlace. El estado de los vencidos deberá de ser una inversión de máxima capital. Por supuesto, que hay que castigar a quienes inicitaron la guerra y sentar un precedente para disuadir próximos conflictos.

Sin embargo, la humillación, indignación y la ofensa excesiva que son inherentes a la paz, incomoda tarde o temprano en la política internacional.

Occidente debe de recordar que la Segunda Guerra Mundial fue la continuidad de la Primera Gran Conflagración y que Alemania fue castigada excesivamente con el Tratado de Versalles.

Nota del editor: Rina Mussali es analista internacional y académica del ITAM. Síguela en Twitter , Facebook y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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