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Abstención vs. intervención en la economía

Cuando se emplean subsidios o controles de precios, básicamente se está distorsionando el sistema de precios, apunta Alejandro Saldaña.
vie 17 junio 2022 12:00 AM
barriles de petroleo
El incremento en los precios del petróleo, asociado a la recuperación económica global y a las sanciones a Rusia, provocará que los oferentes existentes eleven su producción y/o nuevos jugadores se integren al mercado, señala Alejandro Saldaña.

(Expansión) - La inflación erosiona el poder adquisitivo y, por lo tanto, el bienestar de todos los hogares, especialmente a aquellos más pobres. En respuesta a ello, podría crecer la presión para que los gobernantes implementen medidas que, supuestamente, ayudarán a mitigar el problema del alza en los precios.

No obstante, en su reporte de Perspectivas Económicas de junio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomendó a los gobiernos “abstenerse” de emplear “políticas distorsionadoras”, que magnifiquen los incrementos en los precios de materias primas y en la inflación.

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La inflación es mala, especialmente para quienes menos tienen. Si el incremento en los precios de los bienes y servicios es superior al de los ingresos de los hogares, estos últimos se verán imposibilitados de seguir adquiriendo la misma cantidad, calidad y variedad de satisfactores que antes, lo que disminuye su bienestar.

El impacto es peor sobre aquellos de menores ingresos, puesto que podrían llegar al punto de ni siquiera poder satisfacer sus necesidades más elementales (alimentos, salud, educación).

El alza en precios es un fenómeno mundial. En abril pasado, el índice de precios al consumidor en nuestro país registró una variación interanual de 7.7%, la mayor en más de 20 años. Algo similar a lo que han enfrentado, desde países desarrollados, como Estados Unidos (8.3%) y Alemania (8.7%), hasta emergentes, como Brasil (12.1%) e India (6.3%).

Sin embargo, ¿por qué la OCDE sugiere una política de abstención y no una de intervención? En primer lugar, recordemos que fue la intervención del Estado en la economía lo que generó los desbalances entre oferta y demanda, que a la postre resultaron en un alza sostenida y generalizada en los precios alrededor del mundo.

Por un lado, los gobiernos ordenaron que se detuvieran las actividades no “esenciales”, medidas que, hasta cierto punto, todavía están vigentes en algunas regiones (China) y siguen obstruyendo la producción de bienes y servicios. Por otro lado, implementaron extraordinarios apoyos fiscales y una política monetaria ultra expansiva, más visible en países desarrollados, como Estados Unidos, lo que provocó una extraordinaria recuperación del gasto.

En segundo lugar, las “medidas distorsionadoras” a las que la OCDE hace referencia son los subsidios, los controles de precios y las restricciones al comercio, y para entender por qué estas políticas pueden amplificar el problema de la inflación, hay que tomar en cuenta que la economía de mercado se basa en la cooperación voluntaria y en la libre movilidad de precios y factores de la producción.

En este esquema, por ejemplo, el incremento en los precios del petróleo, asociado a la recuperación económica global y a las sanciones aplicadas a Rusia (un participante relevante en el mercado), provocará que, atraídos por la expectativa de mayores utilidades, los oferentes existentes eleven su producción y/o nuevos jugadores se integren al mercado, como lo podrían ser los productores en campos no convencionales, cuyos altos costos de operación serían cubiertos con los precios actuales.

Naturalmente, el mercado volverá a equilibrarse después de un tiempo, ya que no hay que olvidar que los ajustes en la oferta son más pausados en la demanda, pues toma tiempo obtener y organizar de forma eficaz todos los factores de la producción.

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Ahora, cuando se emplean subsidios o controles de precios, básicamente se está distorsionando el sistema de precios, a través del cual productores y consumidores se comunican, permitiendo que haya un equilibrio en los mercados. Al no poder gozar de mayores utilidades, no hay incentivos para que la oferta se expanda.

Además, si los consumidores perciben un menor precio al de equilibrio -si no hubiera habido una intervención-, se provocará un crecimiento adicional en la demanda.

Entonces, lejos de solucionar el problema, se estaría ante un desbalance aún mayor en el mercado, producto de la intromisión del gobierno en la economía. Ese creciente desequilibrio provocará que los precios suban más o, en su defecto, que los subsidios tengan que ser cada vez mayores, lo que, eventualmente, se traducirá en más impuestos para los gobernados el día de mañana.

Esto último es como el círculo vicioso de un alcohólico que trata de posponer la resaca del día anterior volviendo a beber, y que cada vez requerirá mayores cantidades de alcohol para seguir postergando su malestar. Simplemente, esto no es sostenible.

Por todo lo anterior, siempre es preferible la abstención… del gobierno en la economía.

Nota del editor: Alejandro J. Saldaña Brito, Economista en Jefe de Grupo Financiero B×+. “Soy un creyente de que el éxito y la dignidad, tanto en el ámbito personal como en el profesional se logran en el día a día. La disciplina es esencial para cumplir el punto anterior, pero eso no quiere decir que debamos de relegar a un segundo plano los placeres de esta vida (¡muy corta para los que somos ambiciosos!): la convivencia con la familia y los amigos, el deporte, los viajes, la comida, la música y el arte... y algún mezcal, siempre con medida”. Síguelo en Twitter como @ASaldanaEcon y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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