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La democracia se construye todos los días

El sistema democrático se construye cada día, de la mano de ciudadanas y ciudadanos comprometidos con su entorno.
vie 18 noviembre 2022 12:01 AM
La democracia se construye todos los días
Nosotros, las personas, con derechos inherentes a la dignidad humana, somos sujetos de libertades y prerrogativas, pero igual tenemos deberes y obligaciones, como integrantes de una comunidad, apunta Guillermo Fournier.

(Expansión) - Aunque nuestra generación contemporánea tiende a dar por sentado el sistema democrático, lo cierto es que hablamos de una forma de organización política relativamente reciente.

Si bien, desde hace más de 2,000 años, la civilización de la Antigua Grecia ya experimentaba con modelos de participación ciudadana en la toma de decisiones públicas, fue hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en el siglo pasado cuando el sistema democrático se expande notablemente alrededor de los cinco continentes, y se consolida como forma de organización política dominante a nivel global.

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Por supuesto, en gran medida los gobiernos democráticos que se fueron estableciendo en países en vías de desarrollo, tenían muchas carencias y mostraban algunas conductas de represión o autoritarismo, arraigadas en sus pasados coloniales o en vicios antidemocráticos.

La democracia tiene la virtud de ser el sistema que resulta más efectivo para evitar que el acceso al poder político se dé por medio de la violencia. Mediante mecanismos de legitimación y participación ciudadana, como la celebración de elecciones periódicas para designar a gobernantes y representantes, se brinda cierto rumbo de estabilidad a los países.

Por su puesto, el orden y el civismo son bases para el progreso y el desarrollo social en sentido amplio, razón por la cual decimos que la democracia, como modelo de organización política, es necesaria para lograr un estado de bienestar sostenible en el tiempo.

Sin embargo, aquí cabe destacar que la democracia en sí misma no es una panacea cuya llegada resuelve todos los males. Para ilustrar este punto, algunos analistas suelen afirmar con ironía que la democracia es el peor sistema de gobierno, con excepción de todos los demás.

A pesar de que, en la actualidad, la mayoría de las naciones contemplan en sus constituciones y leyes separación de poderes, instituciones democráticas y elecciones periódicas para elegir cargos públicos, hay en sus territorios asignaturas pendientes como la desigualdad económica, el desempleo, y la discriminación que persisten, generando descontento entre las poblaciones.

Con todo, debemos insistir en que la democracia no es sino el punto de partida para edificar sociedades con potencial de crecimiento, y brindar las condiciones necesarias para impulsar el talento de las personas, creando ambientes de cooperación y bonanza.

En cambio, donde el autoritarismo restringe las libertades, anula el reconocimiento de los derechos humanos, y se sirve de violencia para combatir opositores y disidentes, todo atisbo de progreso será un espejismo. Sin democracia no hay auténtico bienestar.

Habiendo dicho esto, hace falta revalorizar el concepto de democracia para trabajar en fortalecerla por medio de acciones concretas. Esperar que los gobiernos, en sus distintos órdenes, sean quienes hagan todo es iluso y conduce al fracaso.

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Todas y todos somos ciudadanos, por lo que debemos asumir la responsabilidad individual que nos corresponde. Política y ciudadanía son sinónimos: la palabra “política” viene etimológicamente del vocablo griego “polis”, que significa ciudad; y la palabra “ciudadanía” deriva del vocablo en latín “civitas”, que también significa ciudad.

Nosotros, las personas, con derechos inherentes a la dignidad humana, somos sujetos de libertades y prerrogativas, pero igual tenemos deberes y obligaciones, como integrantes de una comunidad.

Aquella frase del expresidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, es muy contundente a este respecto: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti; mejor pregúntate a ti mismo qué puedes hacer tú por tu país”.

El sistema democrático se construye cada día, de la mano de ciudadanas y ciudadanos comprometidos con su entorno. Solo sumando voluntades nos volveremos capaces de superar los problemas que lastiman a la sociedad en su conjunto.

La responsabilidad ciudadana pasa por comprender que quejarse de la obscuridad no tiene mayor sentido si no se enciende una vela para iluminar el camino. Esta conciencia de sentido ético y social es el mejor activo de cualquier democracia para robustecerse, y sembrar así la semilla de un futuro de esperanza.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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