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Reinventa tus asociaciones para que los hábitos cambien con facilidad

Cuando tus asociaciones cambian, los hábitos cambian, y lo que hay que procurar es que nuestro cerebro asocie los buenos hábitos con buenos resultados de inmediato.
sáb 19 noviembre 2022 07:00 AM
Reinventa tus asociaciones para que los hábitos cambien con facilidad
Cambiar de hábitos no es un tema de pura fuerza de voluntad, es un ejercicio constante por cambiar el sistema, por transformar lo que sentimos acerca de algo, no quedarnos en la razón, sino llevarlo a las asociaciones automáticas, apunta Jorge Cuevas.

(Expansión) - Vamos a suponer que el lector es un individuo que quiere morirse lo más pronto posible. Ante ese reto decide comenzar a fumar 10 cigarros al día, consumir cinco cucharadas de azúcar, refrescos y alimentos procesados todos los días.

Yo lamentaré decepcionar al lector, puesto que si quiere morirse pronto deberá ser constante, esforzarse por fumar y comer azúcar de forma disciplinada, algunos meses o quizá años, ya que los primeros efectos de tan singulares hábitos serán beneficiosos. El cigarro le dará momentos de paz y el azúcar picos de felicidad.

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Si la intención del lector fuera morir rápido, existen mejores métodos, pero si su búsqueda es descomponer gradualmente sus vías respiratorias, su corazón y su vitalidad, está en el camino correcto, ¿Por qué?, porque los hábitos malos no tienen sus consecuencias de forma inmediata, según nos explica el gurú de la transformación de hábitos, James Clear, en su #LibroChido Hábitos Atómicos.

Justo esa es la trampa. Los malos hábitos generan pequeñas satisfacciones en el corto plazo, pero consecuencias terribles a largo plazo. Por lo mismo es difícil dejarlos, porque la asociación que el cerebro hará de forma inmediata es muy satisfactoria, los colores de los anuncios de comida chatarra, bastante adulterados por el photoshop, hacen que nuestro cerebro los relacione con alegría, buenos momentos y un gran sabor. Aunque hablemos de harina procesada con un queso amarillo tan brillante como falso.

Las consecuencias catastróficas de esos hábitos son, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares que, por cierto, son la primera causa de mortalidad en el mundo. Pero esas consecuencias de las que hablamos ahora, por lo regular no se hacen realidad a la semana ni al mes de tener esos hábitos. Los hábitos se convierten en un ataque lento y silencioso, porque racionalmente entiendes que debes de dejarlos, pero las emociones, que son las que nos mueven, asociarán el pastel en automático con la fiesta, no con la diabetes.

Exactamente al revés pasa con los buenos hábitos, el lector puede tratar de hacer ejercicio todos los días, tener 10 minutos de meditación, mejorar su alimentación, pero en una semana, 20 días o un mes, no verá el cambio, no verá los efectos exponenciales en su salud o vitalidad.

La asociación más directa es que esforzarse es agotador, comer sano aburrido y rechazado por el entorno social, entonces a las primeras de cambio, la cabra tenderá al monte, a regresar a sus antiguas conductas, ¿Para qué esforzarme tanto sino obtuve verdaderos resultados?

Pongo el ejemplo en salud, pero puedes llevarlo a cualquier terreno, al negocio por ejemplo; observa cómo las malas prácticas y pequeñas mentiras de un ejecutivo de ventas pueden traerle más ventas e ingresos en el corto plazo, lo que no ve o no asocia en automático, es que a largo plazo su reputación le cobrará factura, hasta llevarlo a una muerte profesional.

Un vendedor que escucha al cliente y que tiene un nivel de honestidad, por ejemplo, en el que detecta que no es conveniente para su cliente comprar un producto en ese momento y aparentemente en contra de sus intereses le recomienda no comprar, esa decisión le traerá la nefasta consecuencia inmediata de no ganarse una comisión, pero a largo plazo está ganando credibilidad, reputación y confianza, lo cual, paradójicamente le remunerará de mejor forma.

Uno de los principales problemas para cambiar malos hábitos son estas asociaciones de placer inmediato, porque en la mayoría de las veces, al tomar una decisión ganará lo inmediato, y ante eso ¿qué nos dice Clear en Hábitos Atómicos? Que debemos empezar a construir nuevas asociaciones de satisfacción o placer inmediato ante los hábitos que nos queremos fomentar, y nos presenta un ejemplo espectacular.

 

Resulta que un estudiante de Dublín llamado Ronan Byrne inventó un sistema en el que conectó su bici fija con su compu, y solo si alcanzaba cierto ritmo muy exigente en la bici, se activaba su serie de Netflix, si bajaba el ritmo la serie se apagaba. Lo que hizo no solo fue crear una recompensa inmediata a un hábito que quería instalarse, sino que además creó una nueva asociación, darle duro a la bici con divertirse.

Cuando tus asociaciones cambian, los hábitos cambian, y lo que hay que procurar es que nuestro cerebro asocie los buenos hábitos con buenos resultados de inmediato. Clear nos cuenta que una de las fans de Byrne declaró: “Combate la obesidad con un atracón de Netflix”, yo empecé a ir a un desayunador rural delicioso al terminar de entrenar en la montaña los fines de semana, al principio no pensaba en que me iba a levantar en domingo a las 4:00 de la mañana para correr, sino en el queso fresco y el café en el campo.

Me obligué a cumplir con ese acuerdo conmigo mismo y, con los meses, ya no tenía que pensar deliberadamente en el desayuno. Levantarme en domingo a esa hora me genera una sensación de alegría, de bienestar, de placer y prefiero hacerlo mil veces que quedarme en la casa a dormir.

Cambiar de hábitos no es un tema de pura fuerza de voluntad, es un ejercicio constante por cambiar el sistema, por transformar lo que sentimos acerca de algo, no quedarnos en la razón, sino llevarlo a las asociaciones automáticas. El crear este tipo de asociaciones de forma artificial, según nos explica el autor, solo es un tiempo, una vez que haz logrado la nueva asociación, el hábito está instalado y te será fácil hacerlo. Si te quieres forzar a hacer algo todos los días no es sostenible, terminarás cansándote, pero si cambias la asociación, sucederá solo.

Gestionar nuestras propias recompensas nos ayuda a ser dueños de nuestros hábitos, y los pequeños hábitos, como saltos quánticos en un átomo, pueden cambiar nuestra existencia.

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Nota del autor: Columna basada en el libro ‘Hábitos atómicos’, de James Clear, editorial Paidós.

Nota del editor: Jorge Cuevas es autor de los Best Seller Maratón y Kamasutra de la Innovación’, y de 10 libros más; su reciente obra es ‘Maratones del Infierno’. Es consultor creativo de empresas nacionales y trasnacionales, pionero de la gamificación empresarial en México, conferencista y apasionado maratonista y lector, que te desmenuza las lecturas que más le han impactado para que las apliques a tu vida personal y profesional. Síguelo en sus cuentas de Twitter , Facebook e Instagram . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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