Viene a bien hablar de esta situación porque el “daño moral” que ha sufrido la UNAM en materia de imagen es un ejemplo de lo que a todas las empresas e instituciones les podría pasar y que debemos cuidar: la reputación corporativa.
Este concepto puede resultar algo impalpable, pero representa la esencia de lo que una corporación debe proyectar: esos valores intangibles que percibe la sociedad y que pueden ser desde la honestidad, la ética y la moral con la que se manejan los directivos o actúa la empresa, así como los servicios que brindan y hasta las relaciones laborales que establecen las compañías o instituciones con sus públicos objetivo.
La reputación corporativa para una empresa o institución son esas ventajas competitivas que marcan la diferencia entre una u otra compañía cuando los usuarios, consumidores o inversionistas tienen que decidir en cuál universidad estudiar o qué artículos elegir. Ahí radica la importancia de la misma y del hecho de que se debe cuidar como el bien más preciado de cada institución.
Existe el debate de si la reputación corporativa sólo es algo intangible o también influye en el valor económico de las compañías. Algunas personas han señalado que la reputación corporativa también tiene un valor económico porque de eso depende el tener un mayor número de clientes, que se busquen los productos de esa compañía o que los inversionistas decidan aumentar y participar en determinada empresa.
Debido a estos argumentos, el asunto de la UNAM es algo muy relevante, que debe servir de ejemplo para el actuar de cada organización. No voy a juzgar el caso de la ministra Yasmín Esquivel u opinar de la situación del futbolista Dani Alves que, aunque es el patronato quien administra y financia al club de futbol, al final es el nombre y la reputación de la Universidad el que está en entredicho, sea como sea.