ChatGPT -al igual que otras aplicaciones de IA- puede ser una herramienta muy útil para realizar trabajos preliminares de investigación, síntesis y redacción, ahorrando tiempo que puede ser utilizado en trabajo de mayor valor agregado que requiere juicio, creatividad, criterio y contexto que, al día de hoy, esta herramienta no sustituye. Esta ventaja representa, al mismo tiempo, un reto para los abogados más jóvenes, quienes hasta ahora desarrollaban su criterio y pericia, en gran medida, a partir del trabajo de ‘talacha’ que ahora puede realizarse con instrumentos como ChatGPT.
De tal suerte, la evolución tecnológica requerirá desarrollar, con carácter urgente, nuevas capacidades para que estos abogados y sus colegas con mayor experiencia utilicen la tecnología a su favor y no sean desplazados por ella.
De igual manera, puede representar una herramienta de gran utilidad para aquellas personas con acceso limitado a la justicia. A través de ChatGPT, cualquier persona con acceso a internet puede plantear preguntas sobre temas legales básicos y recibir respuestas rápidas, en lenguaje ‘natural’ y comprensible. Esto le permite tener mayor conocimiento de sus derechos y obligaciones en cuestiones cotidianas, por ejemplo, los requisitos para comprar una casa, iniciar un divorcio, denunciar por violencia familiar, otorgar un testamento, cobrar a un deudor, impugnar un cargo indebido en su cuenta bancaria, etc.
Como toda tecnología emergente, ChatGPT tiene limitaciones y riesgos que debemos tener muy presentes. Por ejemplo, puede construir respuestas incompletas o incorrectas con apariencia de verdad que solo pueden ser identificadas por un experto; puede producir contenido con sesgos, debido a la calidad u origen de los datos con los que se ‘alimenta’, que no son revelados al usuario y pueden ser cuestionables.
Al mismo tiempo, compartir información a través de la plataforma puede tener implicaciones de confidencialidad y de privacidad para abogados y clientes. Además, ciertos contenidos generados por la plataforma podrían considerarse obras derivadas de materiales protegidos por derechos de autor.
Por lo tanto, concluyo que los abogados conservamos un papel importante para aportar valor a los clientes que requieren asesoría legal especializada o de mayor complejidad.
Estamos en la etapa embrionaria de la inteligencia artificial ligada a la profesión legal y es imposible anticipar todas las aplicaciones y beneficios, así como las implicaciones y riesgos relacionados con su uso. Sin embargo, esta incertidumbre no debe paralizarnos. De hecho, la inactividad parece ser la peor de las respuestas.