En este momento, la narrativa alrededor de Banamex y su OPI se apagará, pero que no queda duda que se encenderá en cuanto se vayan conociendo más detalles de la operación. Junto con ello, se espera que también tome fuerza una narrativa más amplia en torno de la banca en general y cuyos acentos girarán, principalmente, sobre las altas comisiones que cobran.
El mensaje entrelíneas tendrá la intención de impactar en la reputación del sistema financiero (algo que ha pasado en otros gobiernos de otros países con ribetes populistas), para sembrar la idea de que es necesario contar con un banco con una cierta participación del gobierno que ofrezca servicios con comisiones bajas, en una ‘muestra de apoyo al bolsillo del pueblo mexicano’. Esta idea, de hecho, ya empezó a captar seguidores.
En ese contexto, resulta pertinente contar con una mirada más amplia sobre la reputación de la banca, las prácticas para blindarla, los disparadores que juegan en su contra, así como las variables que como usuarios debemos tomar en cuenta en nuestra relación con los bancos. Para ello, y al margen de la coyuntura en torno de Banamex, Sebastián Cebrián, CEO y socio de Villafañe & Asociados Consultores; así como Juan Domínguez, abogado con estudios de Desarrollo Humano en Cornell University, de la Universidad de Notre Dame, contribuyen en el análisis.
I. La banca y su papel como la ‘mala de la película’
Un entorno de crisis económica detona la percepción de que el sistema financiero es parte de los culpables. Más aun cuando hay un impacto directo en las personas. Así, la banca es uno de los enemigos preferidos. “Por otro lado, el sector bancario tiene altas barreras de salida: el usuario siente que tiene poco poder de elección y, en general, no entiende bien las ‘reglas de juego’. Además, es un servicio en cierto modo obligatorio para operar dentro de la propia sociedad. Es un sector estratégico y, por ello, con relación con la política, existe un fuerte arraigo sobre la idea de que forma parte de las élites, los poderosos y no tanto del lado de los débiles. Dicho esto, hablamos de percepciones que no se corresponden necesariamente con las realidades”, afirma Sebastián Cebrián.
II. Bendita (o maldita) experiencia
Los ‘resortes’ para determinar la buena o mala reputación de la banca no están depositados en la rentabilidad que genera en el ahorro ni en el comportamiento de sus tasas, sino en la calidad de su servicio.
“El juicio del consumidor normalmente viene por vía de la experiencia. Tu te acuerdas de la experiencia y no del producto. En México, hay una masificación de la banca, por lo que mantener la calidad del servicio es muy complicado y eso provoca que la gente que tiene mucho espera mucho más y la que prácticamente tiene poco no recibe nada”, añade Juan Domínguez.
III. La disociación entre el producto y la experiencia
Hay otra cara de esta historia. En tiempos de crisis se espera que los bancos sean buenos con sus usuarios; los cuiden y sean confiables sobre todo porque los clientes, en su momento, depositaron su dinero en ellos.
“Pero, cuando los bancos empezaron a volverse bancos y a cobrar de una manera agresiva, se sembró la idea de que son salvajes e inhumanos. Por lo tanto, esa disociación entre el producto que venden y la percepción sobre la experiencia del servicio es inmensa”, explica Juan Domínguez.
IV. La confianza es el bien más preciado
Los usuarios están depositando su dinero, su futuro, su confianza en una entidad externa. Además, las fintech y otros players están incursionando en el sector bancario, de tal forma que la gestión de la reputación es, de alguna manera, una batalla por la confianza y elección de los usuarios.
“La visión multistakeholder gana importancia cada año y los inversores, el regulador, los clientes y empleados no aceptan cualquier conducta. Así, la importancia de desplegar una estrategia reputacional no se entiende sin la aparición y desarrollo de las nuevas tecnologías donde a diario te pueden poner en duda, las crisis se multiplican y es más necesario que nunca contar con pilares sólidos de reputación”, dice Sebastián Cebrián.