Uno de los detonantes de los cambios que trajo esta ley fue un reporte que publicó en 2012 la OCDE, en el que analizaba el mercado y refería a una pérdida de bienestar en la economía de los mexicanos atribuible a la disfuncionalidad –hasta ese momento– de este sector, teniendo en cuenta el importante rol que juegan los servicios de telecomunicaciones “para la mejora de la productividad y el crecimiento económico”. Ese informe recomendaba un mayor acceso a servicios de comunicaciones eficientes, en particular, a la banda ancha de alta velocidad. La OCDE calculó que este sector operado por un cuasi monopolio y con precios excesivos versus otros países de la región generaba una pérdida equivalente al 1.8% del PIB anual del país.
Y en ese año descubrimos las palabras ‘agentes económicos preponderantes’, una etiqueta que se le colocó en 2014 a esos dos grandes monopolios privados: Televisa y al consorcio formado por Telmex, Telnor y Telcel (hoy rebautizado América Móvil). El término ‘preponderancia’, según la propia reforma, indica que una compañía detenta más del 50% del mercado en la prestación de un servicio. Este control da cabida a revisar los precios y elevar las barreras de entrada de cualquier otro operador.
En ese momento, Televisa tenía el 60% del mercado en el que operaba, mientras que la corporación de Carlos Slim sumaba una participación del 66.1% en el mercado de las telecomunicaciones (entre telefonía fija y móvil). El mayor negocio eran los servicios fijos y Telcel era una de sus operaciones menos poderosas.
Para que los preponderantes dejaran de serlo, la reforma creó el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). Y con él, se publicó una larga lista de acciones a tomar ante ambos grupos que permitieran a mediano plazo disminuir su participación de mercado en pos de una mayor competencia y transparencia.
A una década, algunas metas de la reforma se cumplieron. En el caso de la telefonía, los costos de los servicios móviles bajaron 44% entre junio de 2013 y mayo de 2022, en parte, por la eliminación de la larga distancia nacional y la disminución de las tarifas de interconexión e intrarred. La inversión también llegó. Sólo la compra de Nextel y Iusacell que realizó la estadounidense AT&T inyectó 5,600 millones de dólares al mercado.