Es complicado hablar del tema. Tristemente, muchas personas crecieron con una figura paterna ausente, lo que los orilló a buscar un nuevo modelo a seguir. En la mayoría de las veces fue de gran ayuda. Pero lo que quiero decir es que quienes hemos tenido la fortuna de avanzar en la vida con nuestros padres, encontramos una guía que nos ayudó a crecer, a dar lo mejor y a seguir siempre adelante en las situaciones más adversas.
La paternidad se convierte en una forma muy elevada de liderazgo porque no está sustentada en segundos intereses, sino en el amor y en la búsqueda del verdadero bienestar. También es la encargada de la formación más intensa de los valores, del gran sentido del trabajo y la responsabilidad.
El sentido del trabajo se asocia con la lealtad e integridad, atención a los detalles y sentido de pertenencia, llamado coloquialmente en las organizaciones como: “ponerse la camiseta”, “remar juntos” para alcanzar los objetivos más altos y llegar a grandes cimas.
La responsabilidad es algo que solamente se puede adquirir por el ejemplo, pueden hablarnos de ella, pero si no tuvimos esa imagen de lo que realmente significa es difícil vivirla a cabalidad. Uso la palabra cabalidad, porque vale la pena recordar que va de la mano con la caballerosidad. En el primer caso es hacer respetar la palabra empeñada para cumplir con nuestros acuerdos; la segunda es algo que se ha perdido con el tiempo, pero involucra el respeto a las personas, a quien es diferente a mí y quiero aprender de él.
Sin duda hemos tocado grandes conceptos. Sé que muchas personas, junto conmigo, podrán decir que lo aprendieron del mejor, de su papá. El liderazgo que han ejercido representa una gran escuela de vida, a su vez de los testimonios de las generaciones que los antecedieron como los abuelos. El reto, como en el caso del maestro, es que el alumno lo supere, pero no olvidemos que la medida es muy alta.