Este tema siempre me deja con un sabor agridulce porque, por un lado, veo iniciativas no gubernamentales o incluso del sector privado, en alianza con instituciones públicas, que se enfocan en mejorar la calidad de la educación en México y fomentar el interés en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).
Pero, por otro lado, veo el desinterés público, haciendo promesas de aumentos de sueldos imposibles de cumplir y estrategias que caen en el afán de querer sanar un síntoma, sin considerar la enfermedad completa: los diversos y profundos factores que mantienen a México en los últimos lugares de la prueba PISA, realizada por la OCDE.
Si bien es esperanzador ver organizaciones enseñando a niñas a programar y a empresas capacitando a maestros de educación pública en la enseñanza de la IA, es desalentador ver que también se hacen promesas vacías sin objetivos claros y que los “líderes” políticos, cuando se les pregunta, no tienen ni idea de cuál es la estrategia para lograr que la educación sea verdaderamente de calidad.
Bajo este panorama, me es imposible comparar a un niño de secundaria con una baja comprensión lectora con una IA que te entiende y escribe bien todo lo que le pidas, recordando todo lo que le has pedido y clasificando sus conversaciones contigo. Ahora sí encuentro por qué, bajo el contexto mexicano, existe el miedo de ser reemplazados por la tecnología.
Que sea más dulce que amargo
Todo esto no lo digo para entrar en pánico, al contrario, pretendo señalar este eslabón que por décadas ha estado perdido entre las promesas políticas para puntualizar la necesidad de un cambio radical positivo. Y viene el momento perfecto: las elecciones, que si bien no han empezado oficialmente, las ‘corcholatas’ nos vienen a recordar que es importante prepararse para ellas.
No importa cuál sea tu prioridad como ciudadano: el medio ambiente, la seguridad, la salud o la economía; la educación siempre va a ser la base de que todas esas áreas se desarrollen bien, porque todo siempre lleva detrás un sinnúmero de profesionistas que debieron tener la preparación correcta.
Si a esta ecuación le sumamos la IA y su impacto en el empleo, no podemos dejar de fuera la capacitación tecnológica de todos esos profesionistas que saldrán de la estrategia educativa por la que votemos.
Y es que hoy nuestra vida se define por tecnología, no podemos concebir la mayoría de nuestras actividades sin ella, y detrás de ella se generan, procesan y analizan un montón de datos. De esos datos se alimenta la inteligencia artificial y es esa misma información la que mueve empresas privadas y públicas en las que trabajan esos profesionistas preparados, para bien o para mal, en nuestro sistema educativo. ¿Ahora entiendes por qué este tema es prioridad?