Entonces, ¿qué tan necesario (o no) es el coaching empresarial? Desde mi punto de vista es una herramienta de la que toda empresa debería disponer, de manera interna o externa, por la simple razón de que se pone en juego el desarrollo de las competencias personales de los colaboradores, y me refiero al autoconocimiento, la autoconfianza, la comunicación, el liderazgo, la gestión del estrés, el equilibrio entre el trabajo y la vida personal; ¿no son acaso las características que propician la productividad y los buenos resultados? La ruta del éxito de cualquier empresa.
Desde mi experiencia, el coach tiene la gran responsabilidad de establecer y guiar un proceso de reflexión, aprendizaje y acción que le permite a los coachees identificar sus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas (el famoso FODA), y por consiguiente, definir y alcanzar sus objetivos profesionales y personales.
¿Y qué decir de las empresas? Sin duda el coaching es un apoyo (ojo, un apoyo, no una varita mágica) en el desarrollo de las competencias que llevan a una empresa al crecimiento y al éxito. Se trata de co-laborar con los líderes en la estrategia, la innovación, identificación y desarrollo de talento, gestión y manejo de cambio, crecimiento de equipos de trabajo, incrementar el compromiso y mejorar el clima laboral.
Por lo tanto, y desde mi perspectiva, es necesario que el coach organizacional se enfoque en trabajar en las necesidades únicas de cada empresa, ¡únicas!, todas las empresas son diferentes; aquí el copy-paste está prohibido. Además, la agenda del coach debe incluir un sesudo análisis de contexto, recursos, procesos y resultados, y si algo está ‘en la tablita’, guiar en el diseño e implementación de planes de mejora que generen valor para la organización.