Recordemos qué es el ahorro, sencillamente consideremos que es el porcentaje de los ingresos que no se gastan, me dirán, es obvio, pero no lo es tanto, porque sino lo tenemos dentro del presupuesto será prácticamente imposible alcanzarlo. Ahora, no perdamos de vista una cosa, es fundamental que establezcamos como objetivo evitar gastar el 100 por ciento de nuestros ingresos, eso ya es una gran ventaja, para ello, regresemos al punto uno, establecer el bendito, mencionado y reiteradamente dicho por su servidor, presupuesto.
Hay muchas formas de comenzar, por ejemplo, la famosa regla del 50, 30, 20, donde el 50 corresponde a mis gastos fijos y variales, así como todo lo necesario para la operación cotidiana; el 30 a los gustillos y finalmente el 20 para el ahorro. Con esa distribución del ingreso podemos iniciar, pero siendo sinceros, te diría, ahorra lo que puedas, 1, 10 o 1,000 pesos.
Ya con este pequeño colchón puedes tener cierta holgura para tomar otras decisiones patrimoniales. Puedes considerar un pequeño fondo de emergencias y evitar algunos contratiempos.
Las instituciones financieras te pueden ayudar a lograrlo, por ejemplo, puedes tener una cuenta corriente, que le llamamos eje, para realizar tus transacciones, pero también puedes aprovechar las ventajas que tiene el abrir un instrumento de ahorro como una cuenta a la vista, en la que tienes disponibilidad 24/7. Si bien no te dará un gran rendimiento, te ofrecerá seguridad al tener tus saldos en otra cuenta que no es la denominada eje y estará trabajando el dinero para ti. También puedes ver opciones como un pagaré, Cetes u otros instrumentos de riesgo bajo.
Como en todo en la vida, necesitamos establecer metas, toma un momento para establecer qué quieres hacer con tus finanzas, ya sea ahorrar para adquirir un bien, el enganche de un auto o casa, en fin, serán tan distintas como tú lo desees. Lo más importante es respetarlas con disciplina, constancia, pero sobre todo con paciencia; recuerda que toma tiempo ver el resultado de lo que sembramos.
Un factor que debemos considerar es que el ahorro va cambiando conforme nuestra edad. ¿A qué me refiero con ello? No es lo mismo la necesidad de un pequeño niño que está recibiendo sus domingos a una persona en la edad madura que ya quiere vivir la libertad financiera fruto de una jubilación.
Para que lo tomemos todos en cuenta: la infancia es la época ideal para que los niños comiencen a ahorrar, por lo que el ejemplo de los adultos será fundamental para que adquieran buenos hábitos financieros.