En este contexto, el concepto de hacer "Up-Skilling" y "Re-skilling" en los colaboradores, si bien es más necesario que nunca, ya no es suficiente. La adaptación a estas nuevas condiciones requiere un cambio de mentalidad y métodos. No solo se trata de aprender nuevas habilidades, sino también de desaprender aquellas que ya no son relevantes. Esto implica dejar de lado las viejas formas de hacer las cosas y adoptar nuevas estrategias como "Deskilling" y "Outskilling", que nos permiten aprender fuera de los entornos laborales tradicionales o acostumbrados.
Además, es vital desarrollar un portafolio de aprendizajes, trabajos y actividades que nos brinden equilibrio en la vida laboral y personal. Esta nueva realidad requiere una transformación profunda en las competencias laborales. Algunas habilidades que alguna vez fueron esenciales, como la precisión manual y la administración de recursos materiales y financieros, ahora están perdiendo relevancia. Además, la tecnología va tomando cada vez un lugar más protagónico en la ejecución de actividades repetitivas y simples, de acciones predecibles y automatizadas.
Por otro lado, habilidades como el pensamiento analítico, la creatividad y la resolución de problemas complejos están en aumento y se requiere que dichas habilidades sean desarrolladas velozmente por los nuevos líderes dentro de las organizaciones.
Este cambio se debe, en parte, a la incorporación de la Generación Z al mercado laboral. A medida que los trabajadores más jóvenes se unen a las filas, los gerentes y directivos deben adaptarse rápidamente a una nueva serie de habilidades.
Este conjunto de competencias, conocido como "Power Skills", incluye tanto habilidades duras como blandas, así como meta-competencias. Estas habilidades son fundamentales para gestionar equipos de trabajo en entornos cambiantes y evolucionados donde la rapidez no debe perder humanidad en el trabajo diario.
Los líderes que han desarrollado “Power Skills” deberían mostrar un conjunto de resultados específicos. Esto incluye asertividad, empatía, capacidad para la toma de decisiones, liderazgo integral y desarrollo de organizaciones que aprenden, entre otras habilidades. Además, deben ser capaces de manejar la incertidumbre, que se ha convertido en la nueva constante empresarial. Esto implica tener una visión de conjunto, ser capaces de transformarse personalmente y tener un enfoque ético y un propósito trascendental.