El pasado 18 de abril, el periódico Reforma publicó información tomando como base un cable de la Agencia Reuters que desvela una estrategia que está alterando la relación bilateral entre dos países pero, sobre todo, que transgrede el espíritu del libre comercio y las leyes mexicanas en la materia: las presiones de Estados Unidos a México para cerrarle la puerta a las inversiones chinas.
De acuerdo con la información publicada , funcionarios de la Secretaria de Economía y de Relaciones Exteriores han recibido de sus pares de los departamentos de Comercio, Estado y de la Oficina de la Representante Comercial de Estados Unidos, sus temores a que los fabricantes de automóviles chinos establezcan su producción de vehículos eléctricos en México. En una de las reuniones, precisa la nota, los funcionarios mexicanos dejaron en claro que no les darían estímulos a los inversionistas chinos y, por lo tanto, los dejarían fuera de la zona de libre comercio de Norteamérica.
Por otro lado, durante un acto de campaña en las oficinas generales del sindicato siderúrgico United Steelworkers en Pittsburgh, Pensilvania, el presidente Joe Biden prometió impulsar investigaciones de competencia contra países e importadores que faciliten el ingreso de acero chino y, sin rodeos, informó que su gobierno trabaja con México para garantizar que las empresas chinas no eludan los aranceles al enviar acero a nuestro país para exportarlo posteriormente a Estados Unidos.Ciertamente, el dardo envenenado que Joe Biden lanzó, si bien integra una alta carga electorera, es parte de una estrategia que el gobierno de Estados Unidos ha desplegado desde tiempo atrás, con el afán de presionar para frenar las inversiones chinas en sectores económicos clave de su principal socio comercial.
Con la colaboración de Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM, se dibuja el contexto, consecuencias, reacciones, derivados de este episodio que coloca a la relación bilateral entre México y Estados Unidos en terreno fangoso:
Desde 2022, los funcionarios estadounidenses Janet Yellen (Secretaria del Tesoro), Jake Sullivan (Consejero de Seguridad Nacional) y Katherine Tai (Representante Comercial) han reiterado que el factor China es uno de los riesgos más delicados en su estrategia de seguridad nacional, de tal forma que han desplegado toda una embestida para evitar que las inversiones chinas ingresen a su territorio y no se oculten bajo el cobijo de ninguno de sus socios comerciales. Con ello, el mensaje entrelíneas es contundente: ‘estás conmigo en mi estrategia contra China o, de lo contrario, sufrirás las consecuencias en comercio, inversión, etcétera, etcétera’.
Estados Unidos, ante estas circunstancias, no necesariamente está mirando el fenómeno del nearshoring como lo observa, y celebra, el resto del mundo. Para la administración de Joe Biden, las cadenas globales de suministro son estratégicas pero solo bajo ciertas condiciones; es decir, mientras no atenten contra su seguridad nacional. Dicho lo anterior, no es nearshoring, es security shoring.
Así, la potencia históricamente reconocida por su defensa al libre mercado está pretendiendo imponer sus legislaciones en la materia en contra de China a terceros países. En México, por ejemplo, la industria automotriz china está acumulando penetración de mercado y ésta es una de las que está en la mira del gobierno estadounidense. Por lo tanto, no hay que darle vueltas: estamos frente a un acto abiertamente ilegal. Bajo este criterio y por citar un caso, ¿cuál es la facultad que tendría Estados Unidos de pedirle a México que le cierra las puertas a una armadora de autos china? Si eso es ahora, ¿qué vendrá después?
Bajo estas circunstancias, se viene una bola de fuego cada vez más grande. Hoy, la ‘diplomacia’ estadounidense truena contra las automotrices y la industria del acero chinas. Mañana, operará contra la industria textil. Después, la manufactura, los componentes eléctricos y más.
No solo son negocios, también es política. El factor China trascenderá los cambios de gobierno en ambos países, pero las narrativas alrededor de éste se acentuarán durante estos meses al calor de las campañas presidenciales de Joe Biden y Donald Trump. Para nuestro infortunio, ambos coinciden en cerrarle espacios a China, de tal manera que en sus discursos proselitistas añadirán una posdata para su socio del sur: ‘cuidado con convertirte en la puerta trasera por donde puedan entrar los productos y servicios chinos’. México se convertirá en el scapegoat (chivo expiatorio) de los intereses de Estados Unidos.