Comencemos por considerar qué significa la “realidad”.
Desde un punto de vista psicológico, se trata de aquello que la mente considera un patrón consistente de acuerdo a su experiencia. Es decir, etiquetamos como “real” a los patrones de causa y efecto que observamos constantemente, podemos predecir y conseguimos convalidar con otros seres conscientes. Con esta definición, encontramos una “realidad” distinta (con algunas coincidencias) por cada mente.
Por otra parte, desde una óptica filosófico-epistemológica, la realidad o Verdad, por definición, debería ser una. Empero, esta aparentemente sencilla noción se sostiene sobre bases muy frágiles y relativas. En otras palabras, si es que existe una sola cualidad existencial veraz, ¿realmente podemos tener acceso a ella a pesar de nuestras limitantes de entendimiento como seres humanos? Esa respuesta, temo decirles, está muy lejos de ser resuelta. Simplemente por probabilidad, considerando que “allá afuera” seguramente hay mucho más de lo que conocemos y podemos conocer, no somos aptos para hablar de una “verdad absoluta” dada nuestra condición humana actual y únicamente con paradigmas racionales.
Aún así, no todo está perdido en el nihilismo y condenado al sinsentido. La hipótesis de que podemos acceder a pistas sobre una única verdad a través de la minuciosa observación, experimentación, análisis de falsación, convalidación y utilizando nuestras facultades racional, intuitiva y creativa, tiene fundamentos teóricos y prácticos muy sólidos. Por lo tanto, nuestra mejor apuesta al día de hoy, es el método científico.
Ahora, el inmenso problema es que el ser humano contemporáneo no construye sus sistemas de creencias principalmente por medio de procesos científicos rigurosos; es todo lo contrario. Por economía energética (tendencia biológica al mínimo esfuerzo), el hombre moderno estructura su “realidad” a través de mensajes intuitivos breves y repetitivos sobre lo que le rodea. Aquí es donde entra el maquiavelismo de los muchos políticos y empresarios que sistematizan mensajes, evidentemente falsos, con el objetivo de satisfacer sus impulsos egoístas, los cuales son aceptados como ciertos debido a la repetición incesante.
La heurística de disponibilidad (Tversky & Kahneman, 1973) es un fenómeno bien aceptado en las ciencias cognitivas. En síntesis, describe cómo las personas juzgan la probabilidad de los eventos basándose en cuán fácilmente pueden recordar ejemplos de esos eventos. Esto se traduce en que, neurobiológicamente, tendemos a creer aquello que está constantemente presente.
Por lo anterior, es más importante que nunca protegernos frente a un entorno de posverdad donde los pocos manipulan a la mente con fines contrarios la búsqueda de información inteligente que se acerque a la verdad.