El gobierno federal ha señalado su interés por impulsar el nearshoring como parte de un esfuerzo para fortalecer la integración económica regional y enfrentar el crecimiento comercial de China, sin embargo, medidas como este arancel plantea, al menos, serias interrogantes sobre su efectividad y sus consecuencias.
Una de las inquietudes más obvias e inmediatas radica en el posible encarecimiento de la fibra óptica en México. Como señala la Secretaría de Economía, el arancel se aplicará principalmente a las importaciones provenientes de China, uno de los más importantes proveedores de este material, lo que podría traducirse en un aumento significativo en los precios, lo que a su vez dificultaría el despliegue de redes de telecomunicaciones y obstaculizaría el acceso a una conectividad de alta velocidad.
El sector de telecomunicaciones logró un crecimiento del 5.6% en 2023 de acuerdo con datos de The Competitive Intelligence Unit, impulsado por la mayor demanda de conectividad, consumo de contenido digital y adopción de nuevas tecnologías.
Por lo que este sector, el cual es responsable de ofrecer soluciones integrales, sería el más afectado por esta medida, ya que podría afectar su capacidad de satisfacer la demanda de proyectos globales que están llegando a México.
Para no ir muy lejos, en el primer trimestre del año en Querétaro se ha anunciado tres megaproyectos de centros de datos, que exigen una altísima cantidad de fibra óptica. Entre ellos, el de Amazon Web Services, cuya inversión de acuerdo con la Secretaría de Economía, se calcula en 5,699 millones de dólares (mdd).
Si bien es comprensible el deseo de fomentar la producción local y reducir la dependencia de mercados extranjeros, es crucial encontrar un equilibrio que no comprometa la competitividad y el desarrollo del país. Un buen camino a seguir podría ser promover políticas que impulsen la innovación y la inversión en infraestructura nacional, con lo que se reduciría la necesidad de nuevos aranceles que puedan obstaculizar el acceso a tecnologías clave.