Conscientes de las consecuencias que estos eventos pueden causar, desde hace ocho meses se busca sensibilizar sobre dos particularidades a las tesorerías. En promedio, durante los últimos cuatro años durante las elecciones presidenciales en México, la paridad cambiaria dólar-peso se depreció 12.59% durante el primer semestre del año electoral; además, el tipo de cambio máximo se había alcanzado en el mes de junio. Ambos datos fueron relevantes para que las empresas pudieran tomar acciones para mitigar el riesgo asociado a sus operaciones.
Los datos apuntan a que la volatilidad acumulada del primer semestre es mayor a la del segundo semestre en años electorales. En adición al contexto local, desde hace varios años no coincidían los procesos electorales en Estados Unidos y en México, por lo que en este contexto es imperativo cuestionarnos si es posible evitar que la incertidumbre y la volatilidad afecten nuestra planeación financiera.
A tan sólo unos meses de que las elecciones estadounidenses tengan su desenlace, es relevante tener en cuenta que este evento puede tener repercusiones en la volatilidad del tipo de cambio, considerando que, como en el año 2016, la posibilidad de que Donald Trump regrese al poder sugiere un panorama retador para la relación Estados Unidos-México en términos económicos y políticos.
Del mismo modo, hay variables económicas en ambos países que deben tomarse en cuenta. A diferencia del Banco Central Europeo, tanto la Reserva Federal como el Banco de México, han decidido mantener las tasas de interés en torno al 5.33 y 11%, respectivamente. Esto indica la posibilidad de que ambas monedas mantengan un atractivo por carry trade. Sin embargo, el gasto deficitario estadounidense ha incrementado, forzando al gobierno a emitir más deuda, lo que podría representar riesgos de balance e inflacionarios y, con ello, reducir el atractivo de su moneda en los próximos meses.
Vale la pena también tener en cuenta que, una vez concluida la jornada electoral, el tipo de cambio tiende a revertirse a sus niveles previos, aunque en una menor proporción, por lo cual persiste la recomendación de realizar maniobras preventivas y estrategias que promuevan la protección de los flujos operativos.
Esta combinación de factores presenta desafíos que requieren de estrategias para garantizar la estabilidad, así como mantener la competitividad y el crecimiento de las empresas. Y aunque algunas empresas y sus tesorerías tomaron precauciones con antelación, es una realidad que aún son las menos las que han implementado estrategias apropiadas de reducción de volatilidad ligada a esta incertidumbre.
Durante junio se registró un aumento del 316% en el uso de coberturas cambiarias, lo cual resalta la necesidad de proteger sus ingresos, estabilizando sus operaciones y mejorando su credibilidad financiera a través de estrategias bien implementadas.
La volatilidad del tipo de cambio en junio de este año, derivado de las elecciones, subrayó incertidumbre, denotando así la necesidad de incorporar herramientas para mitigar estos eventos, sobre todo porque todavía se esperan choques de volatilidad en los siguientes meses, específicamente en el último trimestre del 2024.