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Aranceles a los vehículos, ¿última llamada o golpe mortal?

La industria automotriz opera bajo un modelo de producción globalizado, donde las cadenas de suministro se extienden por múltiples países. La imposición de aranceles interrumpe este equilibrio.
mié 02 abril 2025 06:04 AM
El nuevo requisito de EU para autos importados que añade complejidad a la industria
México se ha consolidado como uno de los principales exportadores mundiales de vehículos y uno de los mayores productores globales, apunta Bertha Martínez-Cisneros.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó finalmente la orden ejecutiva que impone un arancel del 25% a todos los vehículos y autopartes importados fuera su país. La medida se justifica por representar una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, y como una medida necesaria para proteger a los trabajadores estadounidenses y revitalizar la manufactura nacional.

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Esta acción representa un duro golpe para la industria automotriz global, y particularmente para México, por la fuerte integración productiva entre ambos países. La industria automotriz actual no está limitad por las fronteras, sino por el nivel de integración de sus cadenas de valor. Los componentes de un solo vehículo pueden cruzar la frontera entre Estados Unidos y México varias veces antes de llegar al consumidor final. Romper esa cadena no fortalece las economías: las fragmenta.

Una industria profundamente integrada

La integración productiva es profunda entre ambos países. Aproximadamente 38% del valor total de los vehículos mexicanos importados por Estados Unidos corresponde a partes de origen estadounidense. Además, México es el principal proveedor de autopartes del mercado vecino, con una participación de 42.8% en el total importado por Estados Unidos. Esta interdependencia es el resultado de décadas de cooperación manufacturera. El T-MEC establece ahora un Valor de Contenido Regional del 75% para acceder a los beneficios arancelarios, lo que refuerza esta lógica de integración.

México se ha consolidado como uno de los principales exportadores mundiales de vehículos y uno de los mayores productores globales. De acuerdo con las cifras del 2024 en nuestro país se fabricaron 3.8 millones de vehículos ligeros (Inegi), de los cuales se exportaron 2.9 millones a Estados Unidos, generando más de 78,500 millones de dólares (AMIA). Además, se exportaron un total de 182,000 millones de dólares entre motores y partes para automóviles. Esta industria representa el 3.5% del PIB nacional y casi el 20% del PIB manufacturero. Más de 900,000 empleos directos e indirectos dependen de ella. Más del 75% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, lo que la hace particularmente vulnerable a decisiones regulatorias del país vecino.

De acuerdo con la orden ejecutiva del presidente Trump, a partir del 3 de abril de 2025, los vehículos de pasajeros y camionetas ligeras importados a Estados Unidos estarán sujetos a un arancel ad valorem del 25%. En el caso de las autopartes, el arancel comenzará el 3 de mayo.

Para los vehículos producidos bajo las reglas del T-MEC, los importadores podrán demostrar qué porcentaje del valor corresponde a contenido originario de Estados Unidos. El arancel se aplicará únicamente al valor de los insumos no estadounidenses. Por ejemplo, si un automóvil fabricado en México tiene un 40% de contenido estadounidense, el 25% solo se aplicará al 60% restante de su valor. Si se sobrestima el contenido nacional, se aplicará el arancel al valor total de forma retroactiva.

Este mecanismo, aunque permite cierta ventaja a los automóviles, también implica un mayor grado de documentación y cumplimiento para los exportadores mexicanos. Las armadoras instaladas en México deberán reforzar sus controles sobre el origen de componentes y su trazabilidad para evitar sanciones.

La industria automotriz moderna opera bajo un modelo de producción globalizado, donde las cadenas de suministro se extienden a través de múltiples países. La imposición de aranceles interrumpe este delicado equilibrio, obligando a los fabricantes a replantear sus estrategias de producción y logística. La reubicación de plantas, la búsqueda de nuevos proveedores y la adaptación a un entorno comercial más proteccionista son desafíos que podrían incrementar los costos y reducir la eficiencia del sector.

Impactos directos para México

- Reducción de exportaciones: Los autos mexicanos se encarecerán en el mercado estadounidense, lo que podría afectar su competitividad.

- Afectación al empleo: Con menores ventas, las plantas ubicadas en estados clave podrían reducir su capacidad operativa.

- Cambios en decisiones de inversión: Las nuevas inversiones podrían redirigirse a otros destinos que no enfrenten estas barreras.

- Presión sobre las cadenas de suministro: Se requerirá una reorganización logística, posiblemente con mayor contenido regional para reducir el impacto del arancel.

Las cadenas binacionales de producción automotriz han sido un caso emblemático de integración económica. La medida adoptada por Estados Unidos responde a preocupaciones legítimas sobre resiliencia industrial y la seguridad económica. No obstante, su impacto puede ser significativo para socios comerciales como México, con los que mantiene acuerdos regionales que buscan precisamente facilitar el comercio y fortalecer cadenas productivas compartidas.

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¿Qué se puede hacer?

- Diversificar mercados: Buscar nuevos destinos en América Latina, Europa o Asia.

- Fortalecer su mercado interno: Estimular el consumo local de vehículos.

- Impulsar la electromovilidad: Convertir al país en un polo de fabricación de vehículos eléctricos.

- Diálogo diplomático y técnico: Activar los canales del T-MEC y buscar mecanismos de cooperación.

Adaptarse o…

Más que un golpe, esta medida debe entenderse como una advertencia sobre los riesgos de depender excesivamente de un solo mercado. México ha demostrado una enorme capacidad industrial en el sector automotriz; ahora debe demostrar su capacidad de adaptación estratégica.

La historia nos ha enseñado que el proteccionismo rara vez conduce a prosperidad sostenible. En un mundo interconectado, la colaboración y el libre comercio han demostrado ser motores más efectivos para el crecimiento y el desarrollo. Sin embargo, el mundo parece destinado a volver a poner este hecho a prueba.

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Nota del editor: Bertha Martínez-Cisneros es profesora-investigadora en Cadenas de Suministros Sostenibles, Logística Inversa, Comercio Transfronterizo y Economía Circular de CETYS Universidad. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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