Varias teorías se han escuchado a lo largo de los últimos meses, incluso antes de la llegada de Trump, en relación con un nuevo orden mundial. Pero ¿qué significa un nuevo orden mundial? ¿Un nuevo orden económico, político, religioso o algo más? Y más aún ¿cómo impactaría en el día a día de las personas?
Aunque el significado de este “nuevo orden” sigue siendo incierto, los cambios ya están ocurriendo en el panorama global. A continuación, revisamos algunos de ellos.
Cambios económicos
De acuerdo con información del Banco Mundial, en los últimos 33 años, el mundo ha crecido un promedio anual del 4.8% (usando dólares corrientes base 2015) y un 3.4% en promedio durante los últimos 13 años. El mayor crecimiento porcentual se presenta en los países asiáticos y en la región de Medio Oriente y el norte de África, y se espera que esta tendencia continúe en los próximos años.
En 1990, la economía de Norteamérica y la de Estados Unidos, cuya proporción sobre la economía global ya mostraba una tendencia negativa, representaban aproximadamente el 30 y 27% del PIB global, respectivamente. Para 2023, estas mismas economías representaban aproximadamente el 26 y 24%.
De manera similar, la Unión Europea constituía aproximadamente el 25% de la economía global en 1990, pero en 2023 esta proporción se redujo al 17%. Este dato es relevante cuando se habla de un nuevo orden mundial.
En el caso de Asia y China, en 1990 representaban aproximadamente el 19% y el 3% de la economía global, respectivamente. Para 2023, estos porcentajes aumentaron al 32% y al 10%.
Cambios demográficos
Asimismo, según datos del Banco Mundial, el crecimiento poblacional a nivel mundial ha sido, en promedio, del 1.6% anual en los últimos 33 años (1.2% en los últimos 13 años). Las mismas regiones de Asia, Medio Oriente y el norte de África han mostrado los mayores incrementos.
En 1990, aproximadamente el 16% de la población mundial tenía más de 50 años. Para 2036, se espera que este porcentaje aumente al 29%.
El crecimiento exponencial de la economía en Asia, específicamente en China, parece estar respaldado en parte por su bono poblacional. Sin embargo, para 2036 se estima que el 45% de su población será mayor de 50 años y solo el 24.3% estará entre los 20 y 40 años. Esto se debe a que el crecimiento poblacional en China ha mostrado una tendencia descendente desde 1970, lo que podría afectar su crecimiento a largo plazo.
En la Unión Europea, por ejemplo, el crecimiento económico de los últimos 13 años ha sido del 1.5% promedio anual, mientras que el crecimiento poblacional ha sido del 0.1% promedio en el mismo periodo. Según el libro El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty, para 2050 la población en esta región habrá disminuido. Para 2036, según la página "Population Pyramid", se estima que aproximadamente el 45% de la población en Europa será mayor de 50 años, mientras que el 18.2% será menor de 20 años. En Alemania, el porcentaje de mayores de 50 años alcanzará el 48.2%.
En el caso de Estados Unidos, la tendencia es similar, aunque menos pronunciada, ya que se estima que su población seguirá creciendo ligeramente durante el próximo siglo. Sin embargo, para 2036 se proyecta que el 39% de su población será mayor de 50 años.
Desafios
Los países o regiones con las economías más grandes en 2024 enfrentan un reto importante en los próximos años: su población está envejeciendo. La edad de mayor producción y consumo, estimada entre los 20 y 40 años, se reducirá en estos países y aumentará en otras regiones como Asia, África y Medio Oriente. ¿Cómo seguirán creciendo las superpotencias actuales con una sociedad envejecida? Sin duda, el factor migratorio será clave. Aunque siempre ha sido relevante, hoy en día estamos presenciando medidas proteccionistas en países de Europa y, más recientemente, en Estados Unidos. ¿Cómo esperan crecer sin una población que consuma?
Es muy probable que las potencias actuales cambien sus políticas migratorias para incrementar la población en edad productiva y generar los recursos necesarios para sostener a la creciente cantidad de personas en edad no productiva. Esto, a menos que ocurra un cambio tecnológico o científico que permita mantener las políticas antinmigratorias recientes.
Todo lo anterior pudiera representar una problemática en el ámbito social ya que, según el índice de transparencia de 2023 de la OCDE, entre los 10 países mejor posicionados, solo Singapur y Nueva Zelanda no están en Europa. Hong Kong y Japón son los países asiáticos mejor clasificados, ocupando los lugares 15 y 16, respectivamente. La mayoría de los países africanos se encuentran en los últimos lugares del ranking.
Asimismo, y de acuerdo con el índice de democracia mundial de The Economist en 2022, solo existen 25 democracias plenas en el mundo, frente a 60 regímenes totalitarios. Entre las 15 mejores democracias, solo 4 no son países europeos (Nueva Zelanda, Taiwán, Uruguay y Australia). Por el contrario, las 15 peores democracias están compuestas por países africanos, del Medio Oriente y Corea del Norte.
En cuanto al nivel educativo, según la prueba PISA, los datos no varían mucho. Sin embargo, cabe destacar que países asiáticos ocupan los primeros lugares del ranking junto con los países más desarrollados, en su mayoría europeos. Latinoamérica y África figuran como regiones con mayores áreas de oportunidad en este aspecto.
En definitiva, el poder económico ha cambiado significativamente desde los inicios de la globalización. Pasamos de tener dos superpotencias (década de los 80) a solo una (tras la caída de la URSS). Derivado de esta globalización, diferentes países comenzaron a crecer y a cerrar la brecha con la superpotencia. Aunque la globalización ha sido cuestionada, permitió el crecimiento económico en muchas regiones del mundo, ya que los países desarrollados trasladaron en muchos casos el ciclo productivo de las industrias.
Si bien se ha criticado el aumento de la desigualdad, no cabe duda de que nunca en la historia había habido más recursos económicos y avances tecnológicos. La clase media también creció como nunca, impulsada por el incremento del comercio internacional y los tratados de libre comercio, promovidos por Estados Unidos, que tras la Segunda Guerra Mundial fijó el modelo económico y asumió el rol de "policía del mundo".