Esta afirmación refuerza la narrativa de apertura comercial de México, en un momento en el que el proteccionismo estadounidense gana terreno. Sin embargo, tener aranceles bajos es una condición necesaria, pero no suficiente.
Como ya lo hemos comentado, la competitividad en el país también depende de la infraestructura, el talento y la certidumbre.
Además, considero adecuado destacar la insistencia de la presidenta en que la relación con Estados Unidos se construye sobre “responsabilidad compartida, confianza mutua y cooperación sin subordinación” —desde mi perspectiva, este comentario va más allá de lo diplomático y refleja un cambio en la manera de plantear la relación bilateral.
La colaboración sin pérdida de soberanía es un mensaje oportuno en medio de un entorno donde los aranceles están siendo una herramienta política. Un matiz relevante, puesto que me parece que el desafío es mantener esa narrativa en la práctica, donde las negociaciones son más complejas que las palabras.
Otro matiz importante fue la diversificación, destacando los acuerdos recientes con Brasil, el fortalecimiento de vínculos con Canadá y Francia, así como la actualización del Acuerdo con la Unión Europea. Estos pasos apuntan en la dirección correcta, pero creo que el reto es lograr que la diversificación deje de ser un listado de convenios y se traduzca en un menor nivel de dependencia del mercado estadounidense, que aún concentra más del 83% de las exportaciones nacionales.
El Plan México se desarrolló como la apuesta institucional para dar estructura a la estrategia comercial: sustituir importaciones, diversificar mercados, atraer inversión, impulsar el desarrollo regional y garantizar bienestar.
Se trata de un mapa ambicioso que pretende convertir al país en un centro logístico global; que entre sus proyectos emblema destacan los Polos de Desarrollo Económico, el Corredor Interoceánico y el anuncio de 100 nuevos parques industriales.
Hemos tenido cifras y anuncios, pero el reto está siendo el cómo convertir el Plan México en resultados tangibles: ¿podrá concretarse a tiempo para capitalizar el momento del nearshoring? ¿estos planes se quedarán como promesas de infraestructura inconclusa?
Los resultados macroeconómicos ofrecidos en el informe muestran una narrativa de solidez que se respalda con un crecimiento de 1.2% y un récord de inversión extranjera de más de 36,000 millones de dólares en lo que va del año. Señales alentadoras en un contexto global desafiante, pero también frágiles si no se acompañan de reglas claras y políticas de largo plazo que den certidumbre a inversionistas y empresas.