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Liderazgo de alto rendimiento

Debemos creer que existe un liderazgo de alto rendimiento el cual privilegie a la persona, la verdadera razón del éxito de una organización.
vie 12 diciembre 2025 06:03 AM
Liderazgo de alto rendimiento
El liderazgo de alto rendimiento requiere darme cuenta que puedo asumir un liderazgo en un momento determinado, pero también, de formar parte de un equipo de resultados, integrado, dedicado, colaborativo en el que se privilegie la comunicación, apunta Adolfo Ruiz Guzmán. (iStock)

Me da mucho gusto cuando me hacen llegar comentarios los queridos lectores de este espacio dado amablemente por Expansión. En especial, recibí algunos sobre mi colaboración anterior donde hablaba del fenómeno que vivimos en nuestro tiempo donde nos hemos convertido en administradores de cuerpos.

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Un gran número fueron sobre el sentido de la gran verdad descrita, los menos me manifestaron su desacuerdo, postura muy válida, pero otros, me cuestionaban si no hay otro camino y por ello, quiero dedicar estas líneas para demostrar que sí.

En primer lugar me gustaría partir de la premisa establecida en el título de la colaboración, debemos creer que existe un liderazgo de alto rendimiento el cual privilegie a la persona, la verdadera razón del éxito de una organización.

Para ello, debemos trabajar mucho en cada uno de nosotros, quitarnos el famoso síndrome del impostor, darnos cuenta del potencial que podemos alcanzar si nos decidimos y asumimos el reto de convertirnos en líderes de sí mismo.

Es un gran trabajo, con ello redescubriremos nuestro valor como seres humanos para recuperar la dignidad como persona. Ello se traducirá en un respeto por el otro, el entender que la persona es un fin y no un medio. Generalmente liderazgos despóticos esconden una gran fragilidad y heridas sin sanar.

Ahí vamos para el siguiente nivel, descubrir aquello que debo curar. Es muy difícil el aceptar que estoy herido y requiero perdonar, es un proceso que requiere de la humildad de encontrarme con mi humanidad, la cual es imperfecta, necesitada y limitada, pero ahí está la grandeza del ser humano. San Pablo lo dirá de forma magistral, porque cuando fui más débil, es cuando soy más fuerte. Una gran paradoja, ahí radica el secreto de un gran líder, el desarrollar la misericordia y empatía, por un lado busco hacerme con el corazón del otro (misericordia) y como coloquialmente dicen, ponerme en los zapatos del otro (empatía), que si bien, no me calzarán a la perfección me ayudarán a dimensionar el interior de quienes me rodean.

Estamos despegando en esta gran aventura, entender que el liderazgo de alto rendimiento requiere darme cuenta que puedo asumir un liderazgo en un momento determinado, pero también, de formar parte de un equipo de resultados, integrado, dedicado, colaborativo en el que se privilegie la comunicación, este último como factor fundamental del éxito.

Aquí también radica otra clave del éxito; este tipo de liderazgo es capaz de integrar el talento de las personas, el saber cómo sacar lo mejor de cada uno para sumar todo a un fin mayor. Me gusta la imagen del director de una orquesta, si nos damos cuenta, no emite un solo sonido durante las interpretaciones, pero es capaz de que en los ensayos impulsará a los músicos a tocar mejor, a dar el orden, armonías, ritmos y ciertos acentos para una ejecución impecable y estorbar lo menos posible, es tiempo de que brille el equipo al que tanto preparó.

Es un arte, pero como todo, requiere preparación, dedicación y una pasión por impulsar a los demás, no basta con decirlo, hay que alegrarnos porque los demás también tienen éxito, compartir las alegrías, los avances porque al final un buen líder es lo que busca en sus equipos.

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Ello requiere una madurez muy grande, así como una inteligencia emocional muy desarrollada, para entusiasmarse por los logros de los demás. Mientras más avance un equipo, será en beneficio para todos.

Imaginemos una organización en la que se busque el crecimiento de todos, el tener la habilidad de explotar las capacidades de los integrantes de los equipos, sería una organización de alto rendimiento, ¿se atreven a intentarlo?

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Nota del editor: Adolfo Ruiz Guzmán es egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y del MBA por la Universidad Anáhuac México Campus Sur, cuenta con distintas certificaciones y especialidades, entre ellas, Asesor de Estrategias de Inversión por la AMIB, por el IORTV en España y Harvard Business School; además de ser piloto aviador por la Escuela AIRE. Actualmente se desempeña como Director de Asuntos Públicos de Grupo Financiero B×+, conferencista nacional e internacional. Tiene una trayectoría de 13 años en comunicación del sector financiero e impulsor de la creación de la cultura financiera en nuestro país. Síguelo en X como @Adolfo_Ruiz_Guz Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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