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Perspectivas económicas para 2026: cuando la economía real empieza a girar

2025 es un año de recesión industrial y estancamiento, mientras que 2026 aparece como un año de transición, no de auge.
lun 05 enero 2026 06:02 AM
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Para las empresas, el reto en 2026 no será anticipar un crecimiento espectacular, sino identificar a tiempo cuándo el piso quedó atrás y cuándo el ciclo vuelve, lentamente, a jugar a favor, considera Iván Franco. (Foto: Galo Cañas/Cuartoscuro)

Hablar de perspectivas económicas suele derivar en discusiones macro que, para muchas empresas, tienen poco valor operativo. Crecimiento potencial, brechas del producto o riesgos geopolíticos importan en la medida en que se traduzcan en producción, nuevos pedidos, empleo y decisiones de inversión. Por eso, para entender 2026, conviene partir de una comparación clara con 2025 y mirar de frente la economía real.

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Los consensos más recientes apuntan a que 2025 será un año prácticamente plano para la economía mexicana, con un crecimiento cercano a 0%. Para 2026, la expectativa central se ubica alrededor de 1%, de acuerdo con estimaciones oficiales y del sector privado. En apariencia, la diferencia es modesta. En términos reales, no lo es.

Cuando una economía crece 0%, no genera producción adicional neta frente al año previo, más aún, si se considera el crecimiento poblacional. Las empresas operan, pero no expanden capacidad, no acumulan órdenes nuevas de forma sostenida y tienden a postergar decisiones de inversión. En ese contexto, pasar de 0% a 1% no es marginal: implica salir del estancamiento.

El ciclo industrial: la clave para entender 2025

México es una economía profundamente orientada al comercio y a la manufactura. Más que el consumo interno o el sector primario, el motor estructural del ciclo económico es la industria, en particular la manufactura vinculada a exportaciones. Por eso, observar el ciclo industrial resulta más informativo que cualquier indicador agregado.

Los datos de actividad industrial muestran con claridad que México entró en una fase recesiva industrial desde la segunda mitad de 2024, y que esa debilidad se prolongó durante 2025. Las variaciones mensuales anualizadas de la producción industrial revelan una secuencia típica de recesión: caídas recurrentes, rebotes técnicos de corta duración y ausencia de una tendencia positiva sostenida.

Este comportamiento no responde a un choque de oferta ni a limitaciones productivas. Es, sobre todo, una señal de debilidad en la demanda y en las órdenes de producción. En una economía como la mexicana, donde la producción responde directamente a pedidos —internos y, sobre todo, externos—, la falta de órdenes se traduce rápidamente en menor actividad industrial.

Manufactura: más volatilidad, menos deterioro

En este contexto, la manufactura ofrece una lectura más fina del ciclo. Las series de producción manufacturera muestran mayor volatilidad que la industria total, con caídas abruptas pero también con rebotes más frecuentes y, en algunos momentos, más intensos.

Este patrón es relevante: aunque la manufactura no muestra una recuperación clara en 2025, sí exhibe señales de estabilización relativa frente al agregado industrial. Las caídas tienden a ser más puntuales, los rebotes aparecen con mayor frecuencia y el deterioro deja de profundizarse.

Desde el punto de vista cíclico, esto no implica crecimiento, pero sí un mensaje clave: la manufactura está dejando de empeorar. Históricamente, ese comportamiento suele anticipar el final de las fases más profundas del ciclo industrial.

Indicadores coincidente y adelantado lo confirman

Los indicadores cíclicos oficiales refuerzan esta lectura. El indicador coincidente, que refleja la situación actual de la economía, se mantiene por debajo de su tendencia durante 2025, confirmando que el estancamiento industrial ya es un hecho consumado. No hay ambigüedad: la recesión industrial ocurrió.

Por su parte, el indicador adelantado, que anticipa el ciclo entre tres y seis meses, deja de caer con fuerza en 2025 y comienza a moverse de forma lateral. No entra aún en zona expansiva, pero marca un piso. Este comportamiento es plenamente consistente con lo que muestran las series manufactureras: menos deterioro, pero todavía sin motor claro de crecimiento.

En conjunto, los indicadores no contradicen el diagnóstico, sino que lo confirman. 2025 es un año de recesión industrial y estancamiento, mientras que 2026 aparece como un año de transición, no de auge.

¿Por qué un crecimiento de 1% sí importa?

Aquí está el punto central. En una economía intensamente manufacturera y orientada a las exportaciones, el cambio de fase del ciclo importa más que la magnitud del crecimiento. Pasar de 0% a 1% implica que la industria deja de restar y comienza, aunque sea lentamente, a sumar.

Ese cambio tiene efectos que van más allá de la manufactura:

- Mejora las expectativas empresariales.
- Activa algunas decisiones de inversión postergadas.
- Reactiva el empleo formal.
- Genera derramas hacia servicios, transporte, logística y comercio.

Riesgos: reales, pero secundarios para la economía real

Existen riesgos latentes, como la revisión del T-MEC en 2026 o un entorno global todavía incierto. Sin embargo, estos factores sólo serán relevantes en la medida en que afecten los pedidos, la producción y la confianza empresarial. Si no se traducen en cambios concretos en órdenes de manufactura, su impacto sobre la economía real será limitado.

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Necesario leer bien el ciclo

El verdadero debate para 2026 no es si México crecerá mucho o poco, sino si la economía deja atrás la fase recesiva del ciclo industrial. Las cifras de 2025 muestran una industria sin tracción y una manufactura volátil, pero ya menos deteriorada. Esa diferencia no es menor: históricamente, la manufactura es el primer sector en estabilizarse cuando el ciclo comienza a girar.

En una economía basada en pedidos y cadenas productivas, pasar de crecimiento cero a crecimiento positivo redefine expectativas, planeación y decisiones empresariales. No se trata de optimismo macro, sino de leer correctamente el pulso de la economía real.

Para las empresas, el reto en 2026 no será anticipar un crecimiento espectacular, sino identificar a tiempo cuándo el piso quedó atrás y cuándo el ciclo vuelve, lentamente, a jugar a favor.

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Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en X como @IvanFranco555 y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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