Los consensos más recientes apuntan a que 2025 será un año prácticamente plano para la economía mexicana, con un crecimiento cercano a 0%. Para 2026, la expectativa central se ubica alrededor de 1%, de acuerdo con estimaciones oficiales y del sector privado. En apariencia, la diferencia es modesta. En términos reales, no lo es.
Cuando una economía crece 0%, no genera producción adicional neta frente al año previo, más aún, si se considera el crecimiento poblacional. Las empresas operan, pero no expanden capacidad, no acumulan órdenes nuevas de forma sostenida y tienden a postergar decisiones de inversión. En ese contexto, pasar de 0% a 1% no es marginal: implica salir del estancamiento.
El ciclo industrial: la clave para entender 2025
México es una economía profundamente orientada al comercio y a la manufactura. Más que el consumo interno o el sector primario, el motor estructural del ciclo económico es la industria, en particular la manufactura vinculada a exportaciones. Por eso, observar el ciclo industrial resulta más informativo que cualquier indicador agregado.
Los datos de actividad industrial muestran con claridad que México entró en una fase recesiva industrial desde la segunda mitad de 2024, y que esa debilidad se prolongó durante 2025. Las variaciones mensuales anualizadas de la producción industrial revelan una secuencia típica de recesión: caídas recurrentes, rebotes técnicos de corta duración y ausencia de una tendencia positiva sostenida.
Este comportamiento no responde a un choque de oferta ni a limitaciones productivas. Es, sobre todo, una señal de debilidad en la demanda y en las órdenes de producción. En una economía como la mexicana, donde la producción responde directamente a pedidos —internos y, sobre todo, externos—, la falta de órdenes se traduce rápidamente en menor actividad industrial.
Manufactura: más volatilidad, menos deterioro
En este contexto, la manufactura ofrece una lectura más fina del ciclo. Las series de producción manufacturera muestran mayor volatilidad que la industria total, con caídas abruptas pero también con rebotes más frecuentes y, en algunos momentos, más intensos.
Este patrón es relevante: aunque la manufactura no muestra una recuperación clara en 2025, sí exhibe señales de estabilización relativa frente al agregado industrial. Las caídas tienden a ser más puntuales, los rebotes aparecen con mayor frecuencia y el deterioro deja de profundizarse.
Desde el punto de vista cíclico, esto no implica crecimiento, pero sí un mensaje clave: la manufactura está dejando de empeorar. Históricamente, ese comportamiento suele anticipar el final de las fases más profundas del ciclo industrial.
Indicadores coincidente y adelantado lo confirman
Los indicadores cíclicos oficiales refuerzan esta lectura. El indicador coincidente, que refleja la situación actual de la economía, se mantiene por debajo de su tendencia durante 2025, confirmando que el estancamiento industrial ya es un hecho consumado. No hay ambigüedad: la recesión industrial ocurrió.
Por su parte, el indicador adelantado, que anticipa el ciclo entre tres y seis meses, deja de caer con fuerza en 2025 y comienza a moverse de forma lateral. No entra aún en zona expansiva, pero marca un piso. Este comportamiento es plenamente consistente con lo que muestran las series manufactureras: menos deterioro, pero todavía sin motor claro de crecimiento.
En conjunto, los indicadores no contradicen el diagnóstico, sino que lo confirman. 2025 es un año de recesión industrial y estancamiento, mientras que 2026 aparece como un año de transición, no de auge.
¿Por qué un crecimiento de 1% sí importa?
Aquí está el punto central. En una economía intensamente manufacturera y orientada a las exportaciones, el cambio de fase del ciclo importa más que la magnitud del crecimiento. Pasar de 0% a 1% implica que la industria deja de restar y comienza, aunque sea lentamente, a sumar.
Ese cambio tiene efectos que van más allá de la manufactura:
- Mejora las expectativas empresariales.
- Activa algunas decisiones de inversión postergadas.
- Reactiva el empleo formal.
- Genera derramas hacia servicios, transporte, logística y comercio.
Riesgos: reales, pero secundarios para la economía real
Existen riesgos latentes, como la revisión del T-MEC en 2026 o un entorno global todavía incierto. Sin embargo, estos factores sólo serán relevantes en la medida en que afecten los pedidos, la producción y la confianza empresarial. Si no se traducen en cambios concretos en órdenes de manufactura, su impacto sobre la economía real será limitado.