Desde temprano aprendimos que hablar fuerte era sinónimo de poder. Bajo este pensamiento, hemos construido culturas donde el que levanta la voz manda y el que calla obedece. El resultado son organizaciones construidas desde la intimidación que frenan el crecimiento laboral y anulan la capacidad de tomar decisiones asertivas.
Una cosa es cierta, no todo el que levanta la voz es un tirano o un bully. Desde mi perspectiva, hay momentos donde hacerlo es necesario. Pero, hay una distancia abismal entre defender un argumento con firmeza y usar el volumen como medio para intimidar.
El bully necesita anular al otro y sembrar temor para mandar. Un líder, en cambio, se sostiene en su inteligencia. La diferencia aparece en las consecuencias: uno bloquea y desgasta; el otro construye dirección y merece ser seguido.
Una lección para la vida
En los negocios, muchas veces, es mal visto decir que no. Estamos listos para complacer, para no perder oportunidades y para adaptarnos. Se vuelve normal aceptar condiciones abusivas porque tememos perder un contrato, nuestro trabajo o incluso, relaciones.
Hace algunos años, un cliente — el señor Wong— acumuló una deuda importante con mi empresa. Cada semana, una excusa nueva. Pasaron varios meses hasta que entendí que mientras yo estuviera dispuesto a esperar, él nunca pagaría. Decidí poner un alto y romper nuestra relación comercial. Al final, el señor Wong no pagó, pero gané una lección valiosa: negociar también implica saber cuándo irse.
Y, en mi opinión, la negociación funciona como un antídoto contra el abuso y, por extensión, contra los bullies. Los negociadores más efectivos —ya provengan de la empresa más grande del mundo o del FBI— comparten tres principios:
1. No entres a negociar si pararte de la mesa no está en tus planes: Cuando tienes un punto de reserva claro —esa línea que no estás dispuesto a cruzar— acabas con el poder de un tirano.
2. El mejor negociador hace preguntas, no habla más fuerte: El abusador prospera en el caos emocional. Las preguntas obligan a estructurar ideas, exhiben contradicciones y reducen el espacio para la manipulación.
3. Conoce tus emociones y aprende a gestionarlas: La mayor debilidad de un bully es que depende de su ira para controlar. Cuando mantienes la calma, él pierde su única ventaja.