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El poder del 'bully' termina cuando aprendes a levantarte de la mesa

Se vuelve normal aceptar condiciones abusivas porque tememos perder un contrato, nuestro trabajo o incluso, relaciones.
jue 19 febrero 2026 06:01 AM
El poder del 'bully' termina cuando aprendes a levantarte de la mesa
El 'bully' necesita anular al otro y sembrar temor para mandar. Un líder, en cambio, se sostiene en su inteligencia. La diferencia aparece en las consecuencias: uno bloquea y desgasta; el otro construye dirección y merece ser seguido, apunta Jorge Sánchez García. (Foto: iStock)

“El valiente vive hasta que el cobarde quiere”... En la vida y en el trabajo, esta frase opera como una ley silenciosa. En consejos directivos, salas de juntas y negociaciones, el abuso existe porque alguien lo permite. Clientes prepotentes, jefes tiranos o socios que operan en zonas grises, comparten una característica: su poder se mantiene mientras alguien decida permanecer sentado en la mesa.

El estudio “Testing the Babble Hypothesis” revela una verdad incómoda del entorno empresarial: quienes hablan más tiempo y con mayor volumen, eventualmente, son percibidos como líderes, independientemente de la calidad de sus argumentos y su talento para gestionar a su equipo. No es una validación de talento, es una señal de alerta, el bully no dirige por inteligencia, sino porque el ruido termina imponiéndose al criterio.

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Desde temprano aprendimos que hablar fuerte era sinónimo de poder. Bajo este pensamiento, hemos construido culturas donde el que levanta la voz manda y el que calla obedece. El resultado son organizaciones construidas desde la intimidación que frenan el crecimiento laboral y anulan la capacidad de tomar decisiones asertivas.

Una cosa es cierta, no todo el que levanta la voz es un tirano o un bully. Desde mi perspectiva, hay momentos donde hacerlo es necesario. Pero, hay una distancia abismal entre defender un argumento con firmeza y usar el volumen como medio para intimidar.

El bully necesita anular al otro y sembrar temor para mandar. Un líder, en cambio, se sostiene en su inteligencia. La diferencia aparece en las consecuencias: uno bloquea y desgasta; el otro construye dirección y merece ser seguido.

Una lección para la vida

En los negocios, muchas veces, es mal visto decir que no. Estamos listos para complacer, para no perder oportunidades y para adaptarnos. Se vuelve normal aceptar condiciones abusivas porque tememos perder un contrato, nuestro trabajo o incluso, relaciones.

Hace algunos años, un cliente — el señor Wong— acumuló una deuda importante con mi empresa. Cada semana, una excusa nueva. Pasaron varios meses hasta que entendí que mientras yo estuviera dispuesto a esperar, él nunca pagaría. Decidí poner un alto y romper nuestra relación comercial. Al final, el señor Wong no pagó, pero gané una lección valiosa: negociar también implica saber cuándo irse.

Y, en mi opinión, la negociación funciona como un antídoto contra el abuso y, por extensión, contra los bullies. Los negociadores más efectivos —ya provengan de la empresa más grande del mundo o del FBI— comparten tres principios:

1. No entres a negociar si pararte de la mesa no está en tus planes: Cuando tienes un punto de reserva claro —esa línea que no estás dispuesto a cruzar— acabas con el poder de un tirano.

2. El mejor negociador hace preguntas, no habla más fuerte: El abusador prospera en el caos emocional. Las preguntas obligan a estructurar ideas, exhiben contradicciones y reducen el espacio para la manipulación.

3. Conoce tus emociones y aprende a gestionarlas: La mayor debilidad de un bully es que depende de su ira para controlar. Cuando mantienes la calma, él pierde su única ventaja.

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El antídoto contra el abuso

Establecer un límite antes de sentarte a negociar marca la diferencia entre aceptar condiciones justas o sobrevivir a contratos insostenibles. Porque cuando sabes hasta dónde estás dispuesto a llegar —y lo cumples— el poder del abusador desaparece.

Hay que ser honestos. Las personas en roles de liderazgo podemos convertirnos en tiranos accidentales. Imponemos ideas porque tenemos el poder; hablamos más fuerte porque nos han enseñado que así funcionan las cosas. Lo importante es identificar esta actitud y tener mecanismos de autocrítica para evitar caer en ese terreno.

Antes de buscar al bully en tu entorno, mírate al espejo. Pregúntate si tu equipo te respeta o te teme. Si tus proveedores aceptan tus condiciones porque son justas o por miedo a perderte. Porque si no hay un bully a tu alrededor, probablemente seas tú. En los negocios, el valiente vive hasta que el cobarde quiere. El ciclo se rompe el día en que dejamos de confundir poder con permanencia y aprendemos a levantarnos de la mesa.

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Nota del editor: Jorge Sánchez García es Socio Director de Apolo 25. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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