Hoy más que nunca, resulta oportuno recordar que los hechos se aprovechan o se desaprovechan, pero no están a discusión. Más aún, si es claro que los eventos escapan a nuestras decisiones, críticas u objeciones, y hasta son indiferentes a ellas. Hace meses indique que era necesario estar muy pendientes de lo que ocurriera en el mundo monetario, dado que lo que ahí suceda marcará ritmo al desenlace.
El corte de caja
Hundidos en el más lacerante tercermundismo, en nuestras primeras planas, foros de análisis y debate, y hasta en las mesas de café, se discuten temas que resultan más que lamentables, porque, por una parte, involucran una violencia no vista en el país hace más de 100 años, y por otra, dado que es claro que estaremos, por un buen tiempo, atrapados en la inoperancia de este gobierno. La economía nacional diariamente es impactada por un entorno mundial convulso, y por un ambiente interno en el que las muy escasas buenas noticias son apabulladas por graves acontecimientos que vulneran drásticamente el desarrollo nacional.
Quién hubiera imaginado que sería desde Canadá donde la batalla monetaria sería oficialmente declarada. Carney mostró ser un buen banquero central, bastándole un solo día para armar un plan que derivó en un completamente nuevo circuito internacional de pagos, compensaciones y liquidaciones, que, sin duda, dará comienzo a un bloque transcontinental de intereses comerciales.
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En los medios nacionales, empezando por los canales en redes que siguen los mexicanos, poco se valora el enorme peso de lo ocurrido entre nuestros principales socios comerciales. Fueron otros países, incluso asiáticos, los que tuvieron destacados funcionarios en sus bancos centrales que entendieron con claridad lo que está pasando en Norteamérica. Se aprestaron a tomar decisiones en beneficio de sus economías. Aquí, siguen pensando en cómo esconderse tras una artificial institucionalidad, preocupados por las pensiones y remuneraciones que perciben por mal prestar un servicio público.
Las contramedidas monetarias canadienses tendrán enormes repercusiones, y motivarán una posición drástica por Washington. Mientras tanto, quienes aquí alguna vez tuvieron a su cargo la toma de decisiones que fijaban nuestra política monetaria, discuten y debaten temas de una enorme generalidad y superficialidad, sí, de una intrascendencia tal, que ha quedado claro que la credibilidad del Banco de México fue producto del servicio de carrera, y de una sólida estructura que se formó a lo largo de los años, y no coyunturales gurús cercanos al Secretario de Hacienda.
No era la junta de gobierno, sino valiosos funcionarios ajenos a la política nacional, que subordinados a ellos producían valiosos reportes. Eran ellos, quienes analizaban profesionalmente lo que ocurría en los mercados, tanto en México, como fuera, los que forjaron el nombre y dieron prestigio al Banxico. Poco a poco, se fueron yendo, y al parecer, los que aún están ahí, han perdido el espíritu institucional, al ver como los principales puestos son traficados por el movimiento que ha derruido al sector público. Las condiciones generales de trabajo del instituto central fueron concebidas buscando que el personal tuviera dignamente atendida la cotidianeidad, para poder dedicarse de tiempo completo a desempeñar brillantemente cada puesto. El Banco se hunde, y al llegar la tempestad naufragarán las ocurrencias del tabasqueño.
El menor de los problemas es si ganan más o menos que la titular del Ejecutivo, se han quedado sin el equipo que brinde credibilidad, solidez y tamaños al sistema financiero. El sistema monetario mexicano sigue dando de tumbos, asido al espejismo del superpeso. Cada día son menos los que realmente piensan que exista, y más, lo que han percibido como gradualmente nos dejó claro que la dependencia de las remesas, y en plata, del dinero del crimen organizado, resulta definitoria.
Cayó el Mecho, y sin importar si está o no en el programa de testigos protegidos, es claro que el eje de la economía informal, que es más grande que la formal, ha recibido un duro golpe, así como que aun no podemos medir las consecuencias. Probablemente la maquinaria del mal siga funcionando sin él, pero también es posible que la fractura acabe por sentirse en el principal ingreso del país, las remesas. El proceso de lavado de los últimos 10 años ocasionó que el nada fiscalizado sistema bancario mexicano legalizara enormes fortunas, convirtiéndolas en poderosos consorcios ajenos al tráfico de sustancias, los cuales, posiblemente sean indiferentes a la caída de ese capo, o no. Veremos si el formalizado capital de los carteles es sensible a eventos como el ocurrido.
Hasta ahora, los bancos se siguen quedando a la brava con el dinero no reclamado, depositado por quienes son recluidos o abatidos. La verdad es que ni la FGR, y mucho menos, la CNBV saben lo que pasa con enormes caudales formados por actividades ilícitas al desaparecer los complicados cuentahabientes.
Pero volviendo al bloque transcontinental, llegó el momento en el que los bonos canadienses, respaldados por comodities, cuya existencia, valor y demanda en la economía internacional no están en duda, muestren cual será el derrotero de los signos monetarios, siendo la más clara contraparte de las ilusas criptomonedas. El uso soberano de los recursos naturales que ha hecho el país de la hoja de maple, es dura lección para la residente de palacio, quien no ha hecho más que echar bravatas que sólo se amontonan en el anecdotario nacional.
En el mundial que si impacta la vida de todos, el del sistema monetario, México no clasificó, y es bien sabido que no tenemos el equipo que nos permita asistir a las conferencias, cumbres y demás foros que enterrarán el sistema de Bretton Woods. Mientras se ahorran centavos en la nómina, precarizando la calidad de la burocracia, perderemos pesos al estar a la deriva de lo que pasa en el mundo.
La necia, innecesaria, inoportuna y abusiva reforma electoral es la medida; tamaño, y alcance de los impresentables políticos mexicanos, todos, incluidos los de oposición, que siguen terqueando, estarán discutiendo las reglas para hacerse de puestos públicos o de dirigencia de partido, así como de las consabidas prebendas dinerarias que éstos dilapidan, mientras el mundo da un inesperado giro que establecerá una nueva dinámica productiva y financiera. Seguir haciéndoles caso, será nuestro pecado, en el que llevaremos la penitencia.
El viejo nuevo orden se hará presente, y encontrará a los mexicanos debatiendo estupideces. Las carteras vencidas siguen creciendo; el crédito bancario es malo, caro e insuficiente, los “dividendos bancarios” hace rato volaron, junto con las necesarias inversiones. Esta crisis no es de oferta monetaria, sino de oferta productiva. El agua ya nos llega a la cintura, pero la 4T, en su soberana ignorancia, esperará a que nos llegue al cuello.
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Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Fue prosecretario de la Junta de Gobierno de Banxico y de la Comisión de Cambios, y miembro de las juntas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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