Hundidos en el más lacerante tercermundismo, en nuestras primeras planas, foros de análisis y debate, y hasta en las mesas de café, se discuten temas que resultan más que lamentables, porque, por una parte, involucran una violencia no vista en el país hace más de 100 años, y por otra, dado que es claro que estaremos, por un buen tiempo, atrapados en la inoperancia de este gobierno. La economía nacional diariamente es impactada por un entorno mundial convulso, y por un ambiente interno en el que las muy escasas buenas noticias son apabulladas por graves acontecimientos que vulneran drásticamente el desarrollo nacional.
Quién hubiera imaginado que sería desde Canadá donde la batalla monetaria sería oficialmente declarada. Carney mostró ser un buen banquero central, bastándole un solo día para armar un plan que derivó en un completamente nuevo circuito internacional de pagos, compensaciones y liquidaciones, que, sin duda, dará comienzo a un bloque transcontinental de intereses comerciales.
En los medios nacionales, empezando por los canales en redes que siguen los mexicanos, poco se valora el enorme peso de lo ocurrido entre nuestros principales socios comerciales. Fueron otros países, incluso asiáticos, los que tuvieron destacados funcionarios en sus bancos centrales que entendieron con claridad lo que está pasando en Norteamérica. Se aprestaron a tomar decisiones en beneficio de sus economías. Aquí, siguen pensando en cómo esconderse tras una artificial institucionalidad, preocupados por las pensiones y remuneraciones que perciben por mal prestar un servicio público.
Las contramedidas monetarias canadienses tendrán enormes repercusiones, y motivarán una posición drástica por Washington. Mientras tanto, quienes aquí alguna vez tuvieron a su cargo la toma de decisiones que fijaban nuestra política monetaria, discuten y debaten temas de una enorme generalidad y superficialidad, sí, de una intrascendencia tal, que ha quedado claro que la credibilidad del Banco de México fue producto del servicio de carrera, y de una sólida estructura que se formó a lo largo de los años, y no coyunturales gurús cercanos al Secretario de Hacienda.
No era la junta de gobierno, sino valiosos funcionarios ajenos a la política nacional, que subordinados a ellos producían valiosos reportes. Eran ellos, quienes analizaban profesionalmente lo que ocurría en los mercados, tanto en México, como fuera, los que forjaron el nombre y dieron prestigio al Banxico. Poco a poco, se fueron yendo, y al parecer, los que aún están ahí, han perdido el espíritu institucional, al ver como los principales puestos son traficados por el movimiento que ha derruido al sector público. Las condiciones generales de trabajo del instituto central fueron concebidas buscando que el personal tuviera dignamente atendida la cotidianeidad, para poder dedicarse de tiempo completo a desempeñar brillantemente cada puesto. El Banco se hunde, y al llegar la tempestad naufragarán las ocurrencias del tabasqueño.