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Ni el e-commerce, ni el apoyo institucional… este es el nuevo motor de las pymes

Crecer no depende solo de atraer más clientes, sino de no perder a los que ya estaban listos para comprar.
mié 18 marzo 2026 06:01 AM
Ni el e-commerce, ni el apoyo institucional… este es el nuevo motor de las pymes
Negocios con productos sólidos han perdido miles de ventas porque, aunque han perfeccionado su oferta y ya cuentan con una base de clientes cautiva, con frecuencia descuidan un punto crítico de la operación: la experiencia de compra al momento de cerrar la transacción, apunta Javier Huerta. (Foto: iStock)

Las pymes mexicanas están asignando presupuestos completos a publicidad, estrategia digital y campañas en redes sociales. Muchas, incluso, recurren a financiamiento para sostener ese gasto, bajo la presión de no quedarse fuera de la economía digital y del flujo de ventas que hoy se mueve en las plataformas sociales.

Y el impulso es comprensible: cada vez más consumidores compran por estos canales, desde productos virales en TikTok como masajeadores o cepillos faciales, hasta gadgets, cargadores, alisadores para el cabello, tenis y playeras. La digitalización abrió la puerta; el reto es que entrar no siempre garantiza beneficios.

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He visto negocios con productos sólidos perder miles de ventas porque, aunque han perfeccionado su oferta y ya cuentan con una base de clientes cautiva, con frecuencia descuidan un punto crítico de la operación: la experiencia de compra al momento de cerrar la transacción.

Más veces de las que debería, ese tramo final genera confusión, desconfianza o fricción. El cliente llega con intención de compra, prácticamente decidido, pero se enfrenta a un proceso complejo, lento o poco claro. ¿El resultado? una venta perdida y un cliente frustrado.

Pensemos en una pyme de electrónicos que recibe mil intentos de compra al mes. Tiene buen producto, precios competitivos y una comunidad que quiere comprarle. Aun así, 350 personas abandonan antes de terminar. El dueño suele atribuirlo a lo de siempre: “se arrepintieron”, “encontraron algo más barato”, “solo estaban comparando”. Pero, muchas veces, el problema está en la operación que rodea la venta.

Puede ser un proceso innecesariamente largo, una página que tarda en cargar, un formulario con campos repetidos, costos que aparecen hasta el final, inventario desactualizado o una confirmación que no llega. Para ese momento, el cliente se detiene y desconfía.

Es uno de los problemas menos visibles y más costosos para muchas pymes. Invierten en atraer clientes, mejorar su oferta y ganar presencia digital, pero pierden conversiones en la ejecución. Y no se trata solo del momento de pago. La misma fricción aparece en otras áreas: logística poco predecible, atención lenta al cliente, devoluciones confusas, falta de seguimiento postventa o canales de contacto que no responden a tiempo.

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En conjunto, estos puntos generan una experiencia fragmentada. Y cuando eso ocurre, la empresa no solo pierde una venta, también pierde margen, tiempo y probabilidad de recompra.

El reto, entonces, no es únicamente vender más, sino operar mejor. Revisar el recorrido del cliente, desde que descubre el producto hasta que lo recibe y confirma que todo salió bien. Muchas veces, hacer ajustes simples en cómo atiendes, respondes y operas da mejores resultados que gastar más en marketing.

Esto importa porque cada venta e intento fallido deja pistas sobre cómo está operando una empresa. Señala, por ejemplo, en qué horarios se satura la atención, desde qué canal se cae más el proceso, qué pasos generan abandono o cuánto tarda en confirmarse una operación.

El problema es que, aunque muchas pymes generan esa información no la convierten en decisiones. Operan con intuición y eso se traduce en costos: campañas en horarios que no convierten, equipos rebasados en picos de demanda y una experiencia de compra irregular.

El problema no es tener sino implementar

Hoy, muchas pymes pueden acceder a herramientas tecnológicas que antes eran exclusivas de grandes empresas. Eso ha reducido una barrera importante, pues, ya no es indispensable tener una estructura compleja para ofrecer una experiencia de compra ordenada y confiable. Sin embargo, el problema no siempre está en “tener” la solución, sino en cómo se implementa en el día a día y cómo se traduce esto en la experiencia de compra.

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Una pyme puede invertir en atraer clientes y tener un buen producto, pero, seguir perdiendo ventas por falta de claridad en los procesos, tiempos de respuesta largos, validaciones innecesarias o confirmaciones tardías. Y ese desgaste no solo afecta una transacción, puede provocar que el cliente pierda la confianza en la marca.

Por eso, antes de aumentar el presupuesto para atraer más tráfico o ventas, conviene revisar cómo está funcionando el proceso de conversión. ¿Cuántos pasos hay desde que el cliente decide comprar hasta que termina? ¿Dónde se detiene? ¿Cuánto tiempo tarda la confirmación? ¿Qué porcentaje abandona y en qué punto? Esas señales permiten detectar fallas operativas con impacto en ingresos.

Crecer no depende solo de atraer más clientes, sino de no perder a los que ya estaban listos para comprar. La publicidad puede abrir la puerta y el producto generar interés, pero la experiencia final es la que define si la venta se concreta y si el cliente regresa.

Y para muchas pymes mexicanas, mejorar esa ejecución puede hacer más por la rentabilidad que cualquier campaña.

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Nota del editor: Javier Huerta es Country Manager de Flow en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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