Durante años, la conversación sobre pagos digitales avanzó más rápido que la realidad. Se anunciaban herramientas “transformadoras”, pero en la práctica miles de negocios, desde una papelería hasta un consultorio, seguían cobrando en efectivo. No por resistencia al cambio, sino porque las soluciones disponibles eran costosas y estaban pensadas para operaciones de gran escala.
¿2026 será el año en que el efectivo pierda poder? Un recuento del mercado que revela hacia dónde vamos
En 2025, el panorama ya está cambiando. La tecnología deja de ser un privilegio y por fin atiende problemas reales: comisiones difíciles de absorber, terminales que fallan en horas pico, plataformas confusas o sistemas que tomaban días para conciliar pagos. Hoy, incluso un negocio pequeño puede aceptar transferencias porque su proveedor le explicó el proceso sin tecnicismos, activó su servicio en minutos y eliminó fricciones que antes lo llevaban a seguir cobrando en efectivo.
Tecnología al alcance de todos
En el pasado, se dio por hecho que cualquier negocio contaba con internet estable, entendía interfaces complejas y tenía tiempo para aprender nuevas plataformas. La realidad siempre fue otra. Millones de mexicanos siguieron usando efectivo no por falta de interés, sino porque las alternativas digitales implicaban caídas constantes, procesos poco intuitivos y trámites que consumían más energía de la que resolvían.
Ante este escenario, surgieron servicios que empezaron a adaptarse a la realidad cotidiana de los comercios: procesos más simples para dar de alta, asistencia humana para resolver dudas básicas, comisiones claras y menos cargos inesperados. No fue una concesión; se trató de una respuesta lógica a un ecosistema que necesitaba operar sin fricciones.
Esa decisión estratégica tiene consecuencias hoy. Las pymes ya no perciben los pagos digitales como un lujo reservado para grandes compañías; los consideran herramientas accesibles que mejoran el flujo de caja, reducen riesgos de robo y permiten competir en igualdad de condiciones con negocios de mayor tamaño.
Una promesa incompleta
El comercio electrónico mexicano ha crecido de manera constante; sin embargo, aún persisten altas tasas de abandono en el checkout. ¿Por qué? Los consumidores llegan al último paso y abandonan la compra porque el proceso de pago resulta confuso, lento o rechaza transacciones sin explicación.
Este problema es técnico y de prioridades. Muchas compañías invirtieron en diseño, marketing y logística, pero dejaron el pago como un elemento secundario. Hoy, las marcas entienden que la experiencia de compra termina cuando el pago se confirma, no cuando el cliente agrega productos al carrito.
Lee más
Los sectores que definirán 2026
Una cosa es cierta: la expansión de pagos digitales beneficiará especialmente a ciertos sectores. Moda y retail seguirán liderando por volumen, mientras salud, educación y transporte avanzarán con fuerza.
En el caso de la educación, en particular la que se imparte en línea, dependerá de la recurrencia. Los usuarios esperan que sus pagos mensuales se procesen sin interrupciones y que cualquier inconveniente se resuelva de inmediato y los modelos de suscripción requieren infraestructura sólida que muchas plataformas aún no tienen.
Por otro lado, el transporte, tanto en movilidad compartida como en logística, depende de pagos instantáneos y seguros. Cualquier fricción afecta la experiencia del usuario y la eficiencia operativa.
La interoperabilidad será otro factor determinante. Los consumidores ya no quieren elegir entre tarjeta, transferencia o billetera: quieren usar lo que tengan a la mano y que funcione siempre. Los negocios que integren pagos digitales interoperables ganarán eficiencia y tasas de aceptación más altas.
¿Cuál es la dirección?
México tiene algo que pocos países combinan: un mercado interno de enormes dimensiones y una ubicación privilegiada entre Estados Unidos y América Latina. Pero esa ventaja no se activa sola. Requiere responsabilidad de todos los actores que participan en la cadena de pagos.
A los proveedores les toca desarrollar soluciones accesibles, seguras y comprensibles. A los comercios, dejar de elegir únicamente por precio y exigir servicios que realmente funcionen. A los consumidores, recibir procesos simples que respeten su tiempo y protejan sus datos.
El reto ya no es solo ofrecer métodos de pago, sino garantizar experiencias completas: infraestructura estable, prevención de fraude más inteligente, conciliaciones automáticas y soporte humano cuando algo sale mal. La siguiente etapa del mercado no se definirá por quién ofrece más opciones, sino por quién hace qué pagar y cobrar sea realmente simple.
El próximo año traerá crecimiento, pero también presión. Las empresas que inviertan en infraestructura confiable podrán escalar sin sobresaltos; las que sigan operando con sistemas frágiles comprobarán que ningún mensaje publicitario compensa un servicio que falla en lo esencial.
2026 no será el año en que desaparezca el efectivo, pero sí puede ser el año en que deje de ser la primera opción. Y ese cambio, cuando ocurre, ya no tiene vuelta atrás.
_____
Nota del editor: Javier Huerta es Country Manager de Flow en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión